Nos consta la existencia de media docena de entidades de población que llevan el mismo nombre que nuestra ciudad.

     Aquí vamos a referirnos a la Requena del Perú, extenso territorio en la vecindad de la cordillera de los Andes; llanura selvática con un clima extremadamente cálido y lluvioso que favorece una vegetación exuberante que todo lo invade, por donde discurre el río Ukayalí, tributario del Marañón, en las fuentes del Amazonas.

     El río Ukayalí tiene en el verano unos 800 metros de anchura; ésta se duplica en el invierno, cuando su nivel aumenta de diez a quince metros. También existen numerosas "cochas" (lagos).

 
 

     Aquello dicen que es una inmensa llanura que se pierde en la lejanía, sin una pequeña loma; de aquí que oscurezca casi de golpe.

     El machete acompaña al requenense amazónico a todas partes. Con él se abre camino en la selva, que está inexplorada en buena parte.

     La selvática Requena, con sus 45.000 kilómetros cuadrados y unos 12.000 habitantes, figura desde 1943 como capital de provincia (departamento de Laredo, región de Mainas). También es sede episcopal.

     Cerca de Requena se formó hace algunos años un caserío dependiente de aquel concejo: "San Antonio de Requena".

     Hace algunos años que estoy en contacto con la misión franciscana de la amazónica Requena.

     El poblado lo fundó el P. Agustín López Pardo, reuniendo a varias familias que vivían miserablemente junto al río.

     El nombre de Requena fue como un homenaje al teniente coronel de Ingenieros don Francisco de Requena y Herrera, nacido en Orán en 1747, donde existían algunas familias oriundas de nuestra ciudad, como recuerda don Rafael Bernabeu en su magnífica "Historia de Requena". Dicho militar figuró en la comisión amazónica sobre límites, gobernó la región de Mainas y, ya en España, siendo general, fue ministro del Consejo de Indias en tiempos de Carlos IV.

     La peruana Requena se desarrolló bajo la sombra tutelar de la misión franciscana; sin embargo, buena parte de sus viviendas son de madera y paja sobre pilastras ("emponadas").

     Puede afirmarse que aquellas gentes viven casi exclusivamente del río que, algunas veces, convierte el poblado en una especie de Venecia. Todos poseen una rara habilidad para navegar en canoas.

     Rasgos fisionómicos de aquellas gentes son los de la raza blanca y viven a la europea. Sólo un corto número de indios "cocamas" viven en la selva. Todos hablan castellano, lo que constituye un timbre de gloria para los misioneros franciscanos.

     Aunque disponen de un pequeño campo de aviación, carecen de carreteras y ferrocarriles, de televisión y teléfono. Su comunicación es fluvial.

     Su vida está en el río (donde abunda un sabroso pez llamado "paiche") y en los frutos de su exuberante vegetación.

     En cambio, es un importante centro de estudio, por lo que se la denomina "la Atenas del Ukayalí".

     Me consta que los requenenses peruanos se interesan por los requenense valencianos; habiéndome llegado la noticia insólita de que por altavoces se hicieron unos comentarios elogiosos sobre nuestra Fiesta de la Vendimia,.. La noticia era propicia para soñar, abrigando la remota esperanza de ver aquí algún día a una reina y una comisión de la Requena trasatlántica con sus trajes típicos y su folklore, junto a nuestras reinas y comisionados.

     Pero aún quiero decir que sería muy interesante nuestro "hermanamiento" con poblaciones homónimas a la nuestra. Y en la correspondencia que mantengo desde hace algunos años con aquellas lejanas latitudes, puedo afirmar que se hallan latentes aquellos sentimientos entre los miembros de la misión (en la que figuran algunos valencianos) y no pocos requenenses de allende los mares.

     Por último, espero en un futuro poderles referir otros aspectos de la vida cotidiana, costumbres y hasta fotografías de "la Atenas del Ukayalí".

LUIS GARCIA GRAU

 

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1984)