PODEROSOS motivos de salud han frustrado un tanto las ilusiones y esperanzas que los requenenses pusieron en Tomás Berlanga García, cuando los nuevos tiempos de la política nos permitieron elegir a quien una mayoría consideró como el más apto y preparado para la administración de nuestra exigua hacienda municipal, y encauzar por senderos de armonía y buena vecindad la convivencia de todos los requenenses. ¡Empresa ardua y difícil en verdad!

     Con nuestras palabras no queremos en modo alguno -Dios nos libre de ello- establecer juicios ni comparaciones con quienes le precedieron en el tiempo y el cargo, y los que necesariamente le sucederán. El pasado es historia y el futuro lo será, y su juicio estará por encima de nuestras apreciaciones que procuramos sean objetivas y sinceras.

     Pero nobleza obliga a rendir a Tomás un justo tributo de reconocimiento y afecto de todos sus conciudadanos desde estas páginas de EL TRULLO, Y aunque pueda parecer vana presunción por nuestra parte creernos portavoces e intérpretes del sentir general, tenemos fundadas razones y testimonios de toda la comarca, ya que a toda ella alcanzó el esfuerzo y buen hacer de este alcalde que siempre estuvo al servicio, desde su juventud, de toda manifestación artística, cultural o deportiva, para culminar en la rectoría de una gestión municipal que, si en alguna ocasión tuvo algún error -toda obra humana los tiene que tener necesariamente-, en el balance final, su haber de aciertos los supera sobradamente y los oculta hasta el olvido.

     Ahí quedan a la vista y al alcance de todos, los resultados de su gestión honorable, recta y honrada, sin más fines ni apetencias que la resolución más conveniente y más justa de la multitud de problemas de toda índole que conlleva necesariamente la gestión municipal a su más alto nivel, para la que, un acierto más, supo unir y mantener la cooperación de un eficaz y competente equipo de colaboradores.

     Si Requena, y sólo Requena, ha sido tu meta y el fin de tus desvelos, en su nombre y con nuestras pobres palabras, te decimos:

     Tomás, ¡muchas gracias!

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1984)