![]() |
|||
![]() |
CADA vez que el pulso de las fecundaciones nos trae el recuerdo de tantas viejas legitimidades; cuando los verdes incontenibles de la Primavera llenan de sazones y de tópicos sacrosantos las campiñas de nuestra bien cantada geografía vendimial, hay un arrebato de afanes que nos arrastran al culto, cada año renovado, del rito legítimo y peculiar de la FIESTA DE LA VENDIMIA. No es esta Fiesta la repetición de un programa de mitos de ordenador para diversión de desocupados. Es el culto a la gracia de la Creación, que eligió su lugar exacto para el nacimiento de una estirpe de viñadores y de un vino que es, al propio tiempo, riqueza y sacramento. Antes que en parte alguna, en Requena, se alzó la voz primicia, que fue careada más tarde por toda España en un clamor de albricias unánimes. y nació, culta y letrada, la FIESTA DE LA VENDIMIA. El primer eco de esta idea sonó en Jerez -el fabuloso Jerez-, que aportó componentes próceres con sus calidades para hacerla total. Después fueron otras calificadas comarcas, otras regiones. Y la FIESTA DE LA VENDIMIA quedó sacralizada con la erección en Requena -y para todos- del Monumento Nacional a la Vendimia. Son treinta y ocho años transcurridos desde aquél en que los poetas "que van por la vida de incógnito", proclamaron que Requena no es un pueblo "degenerado por la paz": que Requena tiene su propia guerra, sin capuletos ni montescos, contra el olvido o la inacción. Y cada nueva juventud, que entiende el pasado a través de unos valores de ahora, reajusta sus cánones y reemprende la batalla frente a la renuncia y la rutina. La FIESTA DE LA VENDIMIA, intemporal y mágica, ya no cuenta con los dedos. Tiene su filosofía y su matemática. Y tiene su escenografía en este inmenso océano de vides bíblicas. Y vive su tiempo sin olvidar que arranca de unos ancestros que medían por padrenuestros o por credos el tiempo de cocción de sus parvos platos culinarios. La FIESTA DE LA VENDIMIA, en su versión más lúdica y popular, ecuménica y pagana, tiene toda la fuerza de un complejo de representaciones cuyas líneas convergen en el culto del vino, que es la más augusta creación patriarcal del hombre desde el fondo de la leyenda. Y Requena, la Requena vendimiadora y de sesgo moderno, sobre su montante de viejas piedras venerables y de vigilantes blasones, sabe -ya ello se atiene y en ello se goza- que si no hubiese creado la FIESTA DE LA VENDIMIA, la Historia, precisa y exigente, la hubiera anatematizado por el irredimible error histórico de no crearla. JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ RODA
(Publicado en El Trullo de Junio de 1985) |
||