Mucho se ha escrito de la Fiesta de la Vendimia. Se sabe por todos que nació para la Historia el día 18 de septiembre de 1948; que se celebraron los actos conmemorativos en el edificio en el que actualmente se halla ubicado el Mercado Municipal y el Mesón del Vino; que la reina de aquella primera Fiesta de la Vendimia fue Mercedes Soriano. Así había tomado carta de naturaleza la que hoy es la primera Fiesta de la Vendimia de las muchas que discurren por la piel de toro.

     También conocemos todos que su idea nació de aquél entusiasta «Grupo Arrabal», con el que tanto disfrutamos a través del teatro de aficionados. Esta idea no tenía otra finalidad que festejar al vino y a la vendimia, y como sus componentes eran personas originales, llenas de buen humor y sobre todo muy requenenses, pues no se les ocurrió otra cosa que inventar una fiesta que a nadie se le había ocurrido, por eso y a pesar de muchas controversias, la Fiesta de la Vendimia de Requena está reconocida por el Instituto.

     Bien. Esto ya es historia. Pero existe otra historia que pocos conocen y que no está de más sacar a la luz.

     No olvidemos que el principal factor para que la Fiesta en su devenir anual haya llegado a su número XXXVIII se debe, principalmente, a que se realiza por personas tan independientes y tan alejadas de ideas político-festivas, que todo su trabajo va encaminado a que los de aquí y los que nos visitan, pasen cuatro días inolvidables de jolgorio, alegría y vino, pero con tan justa medida que nadie molesta a nadie y todos, sin distinción de ideas, religión, sexo y pensamiento, nos sintamos unidos.    

 
 

     Claro está, que en algún momento, muy determinado por las circunstancias, y por una embriaguez de «cambio», se haya intentado obstaculizar y bombardear la Fiesta; pero como sus raíces están en el pueblo no ha pasado de un intento, de un fugaz resentimiento o del deseo, muy del momento, de «democratizar» la Fiesta.

     Lo anterior ni tenía razón, ni consistencia, ni posibilidades legales, digo bien, legales, ¿por qué?

     Porque lo que se desconoce y a veces se quiere desconocer de la Fiesta de la Vendimia es que es una ASOCIACIÓN FESTIVA CON PERSONALIDAD JURÍDICA, según resolución del Ministerio del Interior (así se denominaba) de fecha 30-4-66, como aprobación de los Estatutos por los que ha de regirse la misma y cuya finalidad, según su artículo 1.° es la de «festejar la llegada de cada una de las cosechas».

 
 

     Si esto es así, por qué ese interés, desde luego pasajero, en destruirla o lo que es lo mismo, y como está de moda, CAMBIARLA.

     Los que así opinan, muy pocos afortunadamente, desconocen o quieren desconocer que Requena y sus gentes son amantes de sus tradiciones y de sus «cosas», no les gusta la imposición, son conservadoras por excelencia y quieren su Fiesta como es, y si puede ser, mejor, pero nunca retroceder y hacer una fiesta (en minúsculas) «del torrate y de la bota de vino», porque para torrates y vino ya tenemos la «zurra», y donde nos lo pasamos muy requetebién.

     Cómo funciona o cómo debiera funcionar estatutariamente la Fiesta:

     Compuesta por su Comisión Central, en la que están integradas las Comisiones de Barrio (Arrabal, Peñas, Villa y Ausentes), su función es la de recaudar fondos que, VOLUNTARIAMENTE, los vecinos, comerciantes e industriales, donan para que junto con los beneficios de los espectáculos programados durante el ejercicio, se destinen a sufragar los enormes costos que importan los festejos de los cuatro días de cada celebración anual.

     Como órgano superior está la Comisión Permanente, compuesta por los presidentes de todas y cada una de las fiestas pasadas; tienen como misión crear un patrimonio que proporcione seguros ingresos para todas y cada una de las ediciones de la Fiesta.

     También debe aprobar los presupuestos de cada año y que si resulta con superávit, lo destinará a crear cualquier tipo de patrimonio; pero si resultaran pérdidas debe asumirlas. Lo que ha ocurrido hasta el momento, y es hora de decirlo, es que ha sido muy rara la Fiesta en que haya habido superávit, y como quiera que nunca han habido reservas monetarias, los miembros de la Permanente han corrido con el riesgo de aceptar efectos bancarios en su calidad de personas individuales, hasta que llegado el momento han podido resarcirse.

     La prensa que ha tenido la Comisión Permanente no ha sido nada buena ni objetiva, y cierto es que hubo tiempos en que se encontraba sin nada que administrar, y desmoralizada por las incomprensiones y por el poco apoyo encontrado, se hallaba impotente y desilusionada. Sin embargo, nunca dejó de soñar con un edificio social y propio.

     Hoy, gracias al apoyo de un puñado de generosos requenenses, han visto realizado el sueño de tantos años: UN EDIFICIO SOCIAL PROPIO. Ha costado 20.000.000 de pesetas y además se han invertido otros 15.000.000 en la instalación de un restaurante-cafetería que proporciona los necesarios beneficios para amortizar la inversión.

     ¿Que cómo se ha financiado esta operación? pues aunque hay personas «bien intencionadas» que no ocultan manifestar que lo «del edificio» es para beneficio de unos pocos, lo cierto es que mediante el préstamo de 100.000 pesetas por parte de los amantes de la Fiesta y corriendo a su cargo los intereses, la Fiesta se compromete a reintegrarlos en el plazo de diez años.

     La adquisición del edificio se halla materializada mediante la correspondiente escritura pública, otorgada ante el Notario de Requena, de fecha 19-4-83, y número 517 de su protocolo.

     Pero las realidades son más. A través de otro préstamo de 15.000.000 de pesetas, y con la firma de garantía o aval de unos cuantos miembros de la Comisión Permanente y de otros requenenses, se ha inaugurado una pista de patinaje de hielo sintético, pub, mesas de billar, futbolines y cuantas otras distracciones sean posibles, para poder, albergar a toda esa juventud que necesita de actividades sanas y alejarla de la tentación de la droga y del alcohol, y donde, independientemente de que se persiguen unos beneficios, prestará gratuitamente, los días que se marquen, a las escuelas de cualquier tipo de enseñanza, la pista de patinaje.

     Todas estas realidades podrían haberse llevado a cabo si se hubiera cumplido el artículo 6º del Estatuto de la Fiesta de la Vendimia, que dice: «Para crear el fondo de reserva... a) De un porcentaje calculado sobre los ingresos de cada ejercicio económico de las respectivas Fiestas y que no será inferior al 5 % ni superior al 10 %. Esto nunca se ha llevado a cabo, por cuanto que las circunstancias han aconsejado no ponerlo en práctica, si bien es cierto que habría de haber reciprocidad de obligaciones, ya que si la Comisión Permanente después de aprobar el presupuesto de ingresos y gastos de cada año y comprometerse a asumir el déficit que pueda resultar, la Fiesta en ese ejercicio habría de depositar, como mínimo, el 5 % de su recaudación, lo contrario es jugar con ventaja.»

     Otro capítulo muy importante a considerar es el que de la propaganda que de forma gratuita ha proporcionado la Fiesta de la Vendimia a los vinos de Requena, a través de la trascendencia que a nivel nacional suponen nuestros cuatro días de celebraciones y la importancia que ha adquirido, sin embargo, la Fiesta nada ha recibido a cambio; se da la paradoja que el vino que la Fiesta ofrece durante su celebración y de forma gratuita tiene que comprarlo (?).

     Como se dice en el título, esta es «Otra historia de la Fiesta de la Vendimia», sin embargo, su actuación está en no dejar perder aquella feliz idea de los Molina, Sánchez, Ortiz y otros muchos que dieron todo su entusiasmo en hacer felices de mil formas distintas a los requenenses y a los que nos visitan, y mejorar todo cuanto sea posible a la primera Fiesta de la Vendimia de España.

M. C.

 

(Publicado en El Trullo de Junio de 1985)