La vida requenense del año 1885 estuvo marcada por dos hechos singulares, de características totalmente distintas: la invasión del cólera morbo, de catastrófica memoria, y la inauguración del ferrocarril Valencia-Utiel, de grato y feliz recuerdo. Ambas efemérides requieren unas consideraciones especiales, que trataremos de resumir.

 
 

     Ante la invasión de la provincia por el cólera, se trató de cortar su incursión en Requena, mas ningún remedio fue capaz de sustraer a esta población a sus terribles efectos. Este fue el famoso «año del cólera», del que nuestros abuelos hablaban en términos tales, como del que «sólo se libraba el que no le daba»; su incidencia en Requena fue de tal magnitud, que amedentró a la población, y hasta hombres que habían probado su gran valía en otras ocasiones, prefirieron huir, alegando vejez, enfermedad o indefensión para atajar el mal. Con decir que, de diez médicos, sólo se quedaron «frente al peligro» cuatro de ellos, los que dieron muestras de valor y abnegación hasta extremos difíciles de comprender: aquellos médicos fueron: D. Ramón Verdú, D. Heliodoro Montes, D. Benito Vergara y D. Julián Ferrer, y el cirujano D. Gregario Navarro. Los que se ausentaron, por una u otra razón, fueron D. José García Sisternas, D. Felipe Mislata, D. Juan Zanón, D. Francisco Salvá, D. Estanislao Masiá, D. Pascual Ripollés, e igualmente se ausentaron los farmacéuticos D. Canuto Gil y D. Luis Gómez. Quedó al frente de su farmacia D. Ramón Saiz de Carlos, a quien después se agradeció su labor durante la epidemia colérica. Es posible que, realmente, la mayoría de facultativos que se marcharon lo hicieron por ser ya muy viejos y no ejercer ni realizar visitas anteriormente, como así hubo de reconocer el propio Ayuntamiento después; sin embargo, alguno como don José García Sisternas fue destituido.

 
 

     El ataque de la enfermedad motivó la venida a Requena con auxilios del gobernador civil, D. José Botella, del diputado provincial, D. Albino Andreu, y el envío desde Valencia de tres hermanas de la Caridad, dos enfermeros y dos criadas, para atender a los enfermos del Hospital, así como socorros en medicamentos, y una cantidad de 3.000 pesetas, que engrosaron los fondos de donativos recogidos para paliar los efectos de la enfermedad, y que administraba con singular esfuerzo y honradez el comerciante D. Lucio Jordá.

     La enfermedad duró desde junio hasta septiembre, y en ella murieron cientos de personas, entre ellas el propio alguacil pregonero, José Monferrer, y el teniente de alcalde, D. Silvestre Laguna.

     Los actos de valor, abnegación y hasta heroísmo se sucedieron por parte de los más esforzados, contándose, además de los médicos citados, a los que les fue concedido un voto de gracias, el alcalde, D. José Coba Ortiz, los secretarios del Ayuntamiento y Juzgado, D. Antonio Zanón y D. Víctor Almerich, respectivamente; el arcipreste, D. José García Martínez, y el vecino Narciso Cantero, hombre abnegado en llevar socorros y asistir a los numerosos enfermos.

 
 

     Los estragos que causó la enfermedad en Requena y sus aldeas fueron enormes: aparte de centenares de víctimas humanas, los débitos a la Diputación se incrementaron, llegando a adeudarse por contingentes provinciales y otros conceptos cerca de doscientas mil pesetas, y que motivó la amenaza de embargo al Ayuntamiento por parte de aquel organismo, extremo que no se llevó a efecto ante los alegatos de calamidad pública sufrida por el cólera.

     La feria, que tradicionalmente se celebraba en agosto y septiembre, fue suspendida, acordándose celebrarla del 23 al 27 de octubre, como así se hizo tras la desaparición de la terrible enfermedad.

 

     El hecho del ferrocarril merece capítulo aparte. Tenemos noticias de que, al cumplirse este año el 1º Centenario de su inauguración, se celebrará la efemérides con actos, concursos y exposiciones sobre este importantísimo tema.

     No obstante, queremos adelantar que gracias a la gestión de los notables requenenses D. José de la Cárcel, el marqués de Caro, el alcalde D. Anselmo Fernández (que lo fue hasta 1º de julio, en que se hizo cargo D. José Cobo Ortiz), D. Juan Omlín, D. Marcelino Herrero, D. Aureliano Martínez, D. Joaquín Ferrer y D. Juan Pereira, entre los hacendados residentes fuera de Requena; y la Junta Gestora que llevaba el asunto dentro de la ciudad: D. Norberto Piñango, D. José Mendoza, D. Felipe Mislata y D. Carlos OmIín (aparte los alcaldes citados, señores Fernández y Cobo), se consiguió la estación en el lugar que ocupa.

     En el mes de octubre ya estaba terminado el ferrocarril, y ya había sido puesto en circulación; sin embargo, la inauguración oficial se realizó el 15 de noviembre, con asistencia del ministro de Fomento, D. Alejandro Pidal; el gobernador civil, D. José Botella, y otras autoridades; hecho que revistió gran solemnidad y alegría, levantándose arcos triunfales, llenando de colgaduras las casas de las calles del tránsito, algunos discursos, músicas y jolgorio, significando la natural complacencia y expectación, toda vez que aquello venia a aumentar el nivel económico comarcano y a facilitar la comunicación y el transporte con Valencia. Este grato acontecimiento motivó la concesión del título de hijo adoptivo de Requena a favor de D. José Jaumandreu, principal promotor y realizador, como director o gerente de la sociedad constructora del que entonces se llamó Ferrocarril de Cuenca a Valencia y Teruel, y que llegó a la terminal de Utiel en aquellas fechas.

 

     Y, como otras noticias importantes de la Requena de hace cien años, aparte las ya consignadas, hemos sacado del libro de actas y acuerdos municipales, las siguientes:

     - Ayuda a la sociedad musical para instalar asientos en los locales para celebrar los bailes de máscaras en el Carnaval.

     - Comisionar a D. Enrique Herrero y Moral para reclamar documentos históricos importantes sobre Requena, que se encontraban en los archivos de Murcia y Simancas.

     - Autorizar el estudio de canalización de algunas calles y plazas para la instalación del alumbrado por gas de "idrocarburos", ya que el alumbrado público era a base de faroles de petróleo.

     - La instalación del Juzgado de Instrucción y 1ª Instancia en los locales anejos del Ayuntamiento, que anteriormente había ocupado el Instituto de 2ª Enseñanza y a la sazón extinguido. Esto motivó el traslado de la escuela que regentaba el maestro D. Enrique Reyna a los locales de la planta baja donde estuvo la primera Escuela de Artesanos (hoy parte del Museo Municipal).

     - La compra de terrenos a D. José Cobo para hacer la carretera que había de unir la estación del ferrocarril con la carretera general Madrid-Valencia.

     - El adoquinado de la calle del Peso, obra que se acometió pagando los vecinos los dos tercios del gasto, quedando el resto a cargo del Ayuntamiento.

     - La solicitud a la Diputación de la construcción de la carretera de Chera a Requena, a instancias de ambos Ayuntamientos.

 
 

     - El cese del farmacéutico D. Ramón Saiz de Carlos, por pasar a ejercer la enseñanza en la Facultad de Medicina y Cirugía.

      - El 25 de noviembre murió Alfonso XII. Requena le tributó su póstumo homenaje celebrando honras fúnebres al llorado Rey.

     Y otros asuntos de menor importancia. Aunque entre ellos cabe destacar el intento de cambiar la denominación de algunas calles y plazas, a propuesta del teniente de alcalde, D. Nicolás Bolós, cosa que no prosperó, a excepción del cambio en la plaza de la Villa, que desde entonces se llamó Plaza de Albornoz, en recuerdo del comandante de armas que defendió la plaza contra el ataque carlista de 1836.

 

Feliciano A. Yeves Descalzo

 

 
 

(Publicado en El Trullo de Junio de 1985)