PERDIDA la medida del tiempo, solamente calculado a través del número de gozos vividos, está alboreando el gozo número XXXVIII de la infinita escala que sirve de índice a una capacidad de creación, año tras año demostrada, para que el rito vendimial -que allá en el año 1948 surgió por imperativo de su propio valor- fuera ya, para siempre, una liturgia anual con que oficiar loores a la llegada del vino joven en la Requena legendaria.

     Tuvo otros nombres Requena. Tuvo otros pobladores, que se relevaron en forma de sumandos, pero que siempre fueron requenenses. Y la vendimia siempre fue la misma. Evolucionaron cultivos, labores, afanes, paisajes, pero un solo destino los identificó: la vendimia.

     Y Requena fue posible...

     Y sus hombres fueron los artífices del augusto menester que los ubicó en una parcela del mundo destinada, desde la Creación, a ser génesis del bíblico vino en las tierras secanas de esta Iberia de la predestinación.

     Y Requena creció. Y sus vides se multiplicaron con un esfuerzo de fe y de siglos.

     Y un día Requena se sintió obligada a una solemne y colosal acción de gracias, porque la predestinación había sido servida.

     Y así nació la Fiesta de la Vendimia, en ese año que no tiene nombre, que tiene solamente un número uno.

     Los poetas fueron llamados y vinieron con sus ofrendas de versos.

     Las campanas santificaron la fiesta. Y el ingenio acudió al amor de los humanos propósitos.

     Y fue la fiesta...

     El renuevo de verdes en la Naturaleza y las sazones del viñedo anuncian ya la inminencia de la homérica vendimia y todos los ánimos se ponen en marcha.

     Hay una vocación compartida para disputar a la propia Naturaleza el derecho a ser hermosa.

     El latido de los corazones aún no ha adquirido el ritmo tranquilo de su función. Siempre hay temores íntimos que sentimos y callamos. Pero los corazones se abren de par en par para derramar y recibir el torrente de afecto para y de quienes, desde cualquier latitud, vienen a compartir la alegría de poder vendimiar, en gracia de Dios, el segundo racimo. El primero es el de nuestra mejor bienvenida.

     La XXXVIII Fiesta de la Vendimia, con su carga de gozos, está llamando a la puerta. No pidan permiso. La puerta está abierta y la llave puesta.

 

JOSE MARIA SANCHEZ RODA

 

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1985)