Desde siempre, desde mi ya lejana juventud, he sentido una gran admiración, respeto y cariño hacia esa noble ciudad de Requena.

     Esos sentimientos se han visto acrecentados por diversos motivos y circunstancias con el paso de los años (así vienen a mi memoria en venerado torbellino, infinidad de recuerdos en donde aparece el nombre de Requena).

     Evoco con nostalgia aquellos años en que mis dos hijos cursaron sus estudios de Bachillerato en el Instituto requenense.

     Y ya en los tiempos actuales mi vínculo personal con Requena es aún mayor, si cabe, por cuanto que uno de ellos reside en esa ciudad con su familia, donde se han integrado totalmente en su simpático ambiente, hasta el extremo de que mi nieta figuró en la Comisión Infantil del Barrio Arrabal, de la XXXVI Fiesta de la Vendimia, fiesta ésta inigualable y pionera en su clase, que ya ha alcanzado no solamente prestigio nacional, sino también internacional, como lo prueba el hecho de que ha tenido el honor de ser publicada y reflejada en las guías turísticas que ha publicado este año la revista «Time», una de las más prestigiosas, si no la que más, de los Estados Unidos de América.

     En mis investigaciones y estudios buscando las fuentes históricas de mi pueblo, para la publicación de su historia, me fue grato comprobar el paralelismo de Requena e Iniesta, de estas dos, por largo tiempo, poblaciones hermanas conquenses, en sus brillantes y milenarios pasados históricos. Esto lo he podido también confirmar a través de la lectura del maravilloso libro «Historia de Requena», de mi admirado amigo don Rafael Bernabeu.

     Sabemos, por tanto, que en el año 1307 hubo acuerdo para situar los límites entre los Concejos de Iniesta y Requena, los cuales fueron representados por don Juan Martínez de Jaraba y don Lucas García de Abengomar. Posteriormente, en el año 1369, los Concejos de Requena e Iniesta suscribieron un acuerdo de hermandad.

     Por la relación topográfica que dio Iniesta por mandato del rey Felipe II, que lleva fecha del 2 de enero de 1576, y cuyos manuscritos se conservan en el archivo de la biblioteca de El Escorial, y en contestación a la pregunta número 20, los redactores y escribanos públicos de Iniesta dan noticia de las lindes que entonces tenía Iniesta y escriben: «Hay un río grande y caudaloso que se llama Cabriel, de riberas altas, pedrosas y montuosas de pinos, romeros y cañas; y parte este río los términos de esta villa con Requena». Y en respuesta a la pregunta número 22 escriben: ..." Hay una muy principal puente, a la parte de Vadocañas, camino de Requena y Valencia, es de piedra labrada, de un solo ojo de ciento veinte pies en hueco, de mucha largura, dicen que es la mayor y mejor puente y de grandes y mayores piedras del reino, y pasan bestias y todo lo demás de Toledo y otras partes a Valencia y Requena donde está la aduana.» En contestación a la pregunta número 46 escriben: «Hay privilegios de no pagar diezmos de sus mercancías ni en Almansa ni en Requena, que son puertos secos.» El nombre de Requena, por tanto, siempre presente.

     Muchos más recuerdos de esa histórica ciudad vienen a mi memoria, pero solamente quiero dejar constancia de que Requena fue cuna de grandes maestros artesanos, entre los que merece destacarse el nombre de Juan Sánchez Monsalve, maestro cerrajero y vecino de Requena (entonces de la diócesis y provincia de Cuenca) a quien puede decirse se debe prácticamente toda la obra de cerrajería de la sacristía mayor de la catedral de Cuenca. Por el extraordinario libro «La catedral de Cuenca», cuyo autor es el canónigo don Jesús Bermejo Díaz, sabemos que en el año 1752 el cabildo de la catedral tomó el acuerdo de construir tres canceles «para evitar el intenso frío que por las puertas principales pasaba a la catedral». Pero esta obra se acordó ser ejecutada después de que se hubiese realizado la obra de cajonería que se estaba efectuando en la sacristía mayor, la cual se retrasó mucho más de lo que esperaba, ya que fue terminada en marzo de 1757. En esta obra de la sacristía mayor trabajó Juan Sánchez Monsalve, construyendo «diferentes cerrajes y llaves, que todo se ha colocado en ella», según sus propias manifestaciones. El precio en que se ajustó la obra ascendió a la cantidad de 3.255 reales de vellón, que el artista cobró el día 26 de septiembre de 1757.

     Una vez terminada la cajonería se dio comienzo a la construcción de los canceles de la catedral, los cuales se terminaron el año 1762 y en donde participó el maestro de Requena. El autor del libro «La catedral de Cuenca» nos dice que «en cuanto a la perfección técnica y artística de la obra de Juan Sánchez Monsalve, lo mejor es ponerse ante ella y contemplarla, porque hasta en sus más mínimos detalles es curiosa e interesante y tanto en fallebas, pasadores y picaportes nos muestra la fina sensibilidad del maestro que los hizo». Por esta artística obra el artífice de Requena cobró la cantidad de 6.600 reales de vellón.

     También Requena ha sido, y es, patria chica de grandes personalidades culturales y políticas de proverbial señorío, cuyos nombres están en la memoria y mentes de todos, y que juntamente con el esfuerzo, trabajo y laboriosidad de todos los requenenses, han contribuido al engrandecimiento y riqueza de su tierra natal.

     Requena, noble y señorial: yo te saludo como si fuera un ciudadano más de esa ilustre población, en esos festejos ya tradicionales de tu hermosa Fiesta de la Vendimia.

 

HERMINIO PEÑARRUBIA ARMERO

Autor del libro «Historia de la villa de Iniesta»

 

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1985)