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Qué interesante es que Requena esté viviendo una nueva experiencia, y que los requenenses tengan conocimiento de ello. Requena ha colaborado humanamente en esta labor con su hospitalidad y cariño a esta nueva fase de la Educación: la integración de los niños deficientes con los demás niños. Durante todo este mes de julio han pasado por nuestro Centro de Vacaciones Escolares más de 400 niños, de ellos un 25 por ciento son niños deficientes. Estos niños, que yo llamo distintos, y que la simple razón (que ellos no son culpables) de tener menos capacidad intelectiva, la sociedad los tenía marginados, apartados de los demás niños. ¡Qué vergüenza! Cuando estos niños debían haber sido los preferidos de la sociedad y por lo menos prepararles una infancia feliz. Que eso sí que saben distinguirlo. La experiencia es muy positiva. Estos niños no dan problemas de convivencia distintos de los demás niños en el Centro. El objetivo de estas convivencias no es medirles la capacidad intelectual, sino medirles a los demás la capacidad humana. Que sepan aceptarlos como lo que son, niños que les gusta jugar, reír, vivir..., como a ellos. Los resultados han sido maravillosos. No se diferencian unos de otros. Conviven en todo: comer, dormir, jugar y a los profesores les dan los mismos problemas unos que otros. Aún a su favor diré que estos niños se integran mejor, se acuerdan menos de su casa, siempre están felices y contentos. En los juegos y deportes no los diferencian nada. Que aprendan los mayores, que son los que han inventado la marginación. Los niños son mejores, cuando ellos marginan a alguien es porque les han enseñado. Estos niños no son como decían antes, un castigo de Dios. Son un barómetro para todo el género humano y ver la capacidad de conciencia, justicia y cariño que posee. Requena sí ha demostrado todos los años y éste, con su acogida, su capacidad humana y su gran corazón. Todo cuanto hemos necesitado de sus autoridades lo hemos tenido, su colaboración ha sido constante. Sus gentes hablan con cariño a los niños y les ofrecen sus casas. Requena, donde no sólo la vendimia es fiesta, sino también su corazón está lleno de fiesta todo el año, para acoger a sus forasteros con cariño, y deseosos que de este pueblo se lleven un grato recuerdo. FILOMENA PÉREZ MUÑOZ
(Publicado en El Trullo de Agosto de 1985) |