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¡Cuánta luz, cuánto esplendor!, tu limpio horizonte brilla: ya, que un poco eres el sol de Levante y de Castilla.
Por tus sólidos macizos y tus vegas aledañas, por el vigor de tus hijos de ese corazón de España.
Cual pujante semillero, el que al progreso dio forma, e hizo que el mundo entero hoy, admire a nuestra zona.
La que en sus cuatro estaciones permanece en pie y activa, pendiente de sus quehaceres, brindando vida, a la vida.
Y orgullosa del progreso surco, que profundo marcas, voluntad, empeño y seso, elevan nuestra comarca.
Por tus tan extensos campos de nuestro bordado suelo, el que nos muestra el encanto, que hizo posible mi pueblo.
Sin excepción de lugar ves cultivo hecho armonía, lucha del hombre rural que honra a la tierra mía.
Al nombrarte, tierra mía, vivo el añorado ayer... de ti, la madre que un día supiste verme nacer.
¡Cómo hablar de mi ciudad, perfume que me apasiona! ¡Cuanto regocijo y paz al oír decir Requena!...
¡Porque no pude enfriar, en medio siglo de ausente, aquel... calor maternal, que me diste hasta los veinte!
Cuando recuerdo tus calles, en las que se vive más gozo de ese afecto amable que toda tú sabes dar.
Y tus plazas y paseos, con su nota de embeleso, las que ofrecen su recreo como el mejor de los besos.
Tu avenida atrapadora, de reencuentro y reposo. ¡Qué cortas se hacen las horas bajo tu enramado hermoso...!
¡Que al cobijarme en tu carpa, donde en ti todo es poema, advierto la viva estampa de mi tan feliz Requena!
J. Perelló Ferrer
Buenos Aires, mayo de 1985.
(Publicado en El Trullo de Agosto de 1985) |
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