![]() |
Si algo no se ha perdonado nunca a la administración franquista, por parte de los políticos de las regiones periféricas del Estado, ha sido el exceso de centralismo por el que siempre vino a caracterizarse su política de gobierno. Estos siempre aducían en su contra un notable desconocimiento de la problemática peculiar de cada región, así como un más que frecuente retraso en la aplicación de las soluciones precisas, debido, fundamentalmente, a la gran acumulación y variedad de los asuntos a tratar. Por ello, el centralismo, o mejor dicho, la política centralista, ha sido considerada siempre desde la periferia, como un pesado lastre, incapaz de ofrecer soluciones válidas a una política ágil y moderna. Todas estas consideraciones, unidas a vetustas reminiscencias separatistas propias de algunas comunidades de todos conocidas, dieron origen, tras la desaparición del anterior Jefe del Estado y posterior llegada de la democracia, a la configuración del llamado Estado de las Autonomías, con cuya concepción se pretendió otorgar un mayor impulso a las soluciones que las regiones precisaban, en referencia especial a sus problemas económicos, los cuales parecían no poder salir del profundo estancamiento a que la grave crisis de los setenta les había sometido, así como el acontecimiento de una auténtica política socio-cultural, pensada desde el propio lugar de origen, que viniese a dar satisfacción a viejas aspiraciones, adormecidas ya, por el lento transcurrir de los años sin haberlas podido ejercitar. |
||
|
De esta forma quedaron Requena y su comarca incorporadas a su Comunidad Autónoma: la Valenciana; pero tras los pocos años de andadura autonómica que hasta hoy llevamos, observamos, con auténtica pena, que el temido centralismo vuelve a estar presente en la política que nos gobierna, pero esta vez, ejercitado desde la propia Comunidad, por un total desconocimiento de nuestra realidad social en desigual comparación con otras comarcas y pueblos más próximos a nuestra metrópoli. Vayamos por partes: El ciudadano de nuestra comarca y, precisamente por ser ésta una de las más alejadas de la capital, ha de soportar una presión sobre sus ingresos, infinitamente mayor que la que haya de sufrir otro ciudadano cuyo lugar de residencia esté próximo a Valencia. Ello resulta francamente comprensible, si se tiene en cuenta que los servicios más trascendentales se encuentran ubicados en nuestra capital. Analicemos a continuación tres sectores de los llamados fundamentales, en relación a los cuales se observa una desigualdad casi de afrenta entre un ciudadano de aquí y otro de la periferia, otorgando a ambos un nivel de rentas similar. Los sectores a tratar son: sanidad, enseñanza superior y trabajo. 1: SANIDAD.- En aspecto sanitario disponemos de un hospital, al cual, lejos de ser dotado y potenciado debidamente para ofrecernos una plena garantía en sus servicios, se ha preferido ir relegando poco a poco, aduciendo una supuesta baja rentabilidad, hasta quedar reducido a un ente de asistencia casi primaria, donde los profesionales transcurren por él como aves de paso, a la urgente búsqueda de otro lugar donde poder ejercer su digna profesión en condiciones mucho más favorables. Consecuencias: nuestros enfermos que deben ser tratados o intervenidos de cierta importancia, han de marchar frecuentemente a la capital, con el grave trastorno afectivo-económico que esta circunstancia plantea para él y su propia familia. ¿Para cuándo se piensa dotar a nuestro hospital de todo el material clínico y humano capaz de ofrecer las debidas garantías y seguridades a nuestros enfermos, que llegue a hacernos olvidar la «pesadilla» del Hospital Provincial? 2: ENSEÑANZA SUPERIOR.- Consideren ustedes lo enormemente caro que viene a resultar hoy a cualquier familia española de clase media y baja, y no digamos a un parado, el que alguno de sus hijos efectúe estudios superiores. Añadamos a esta circunstancia el agravante de tener que fijar su residencia en la capital, toda vez que el diario desplazamiento a más de 60 Km. de distancia se hace más que imposible, por ello es totalmente impensable que los hijos salidos de nuestras familias más modestas puedan acceder a la formación superior, por muy «lumbreras» que éstos sean. Y, por favor, no nos hablen de la utopía de las becas. ¿Podrá hacerse de una vez posible el viejo sueño de dotar a nuestras comarcas de un Colegio Mayor Universitario, dependiente de la Universidad de Valencia, a fin de que los hijos de nuestros trabajadores puedan acceder a estudios superiores, sin el grave y tantas veces decisivo problema de verse obligado al abandono sistemático de su propio lugar de residencia? 3: TRABAJO.- El sector industrial de nuestra comarca ha venido padeciendo durante los últimos años una auténtica, aunque silenciosa, reconversión. Nuestras escasas industrias han ido cayendo una tras otra, como si de una trágica cadena de fichas de dominó se tratase. Se ha atendido por nuestro Gobierno, y muy justamente por cierto, a otras comarcas periféricas con otra reconversión, pero ésta mucho más ruidosa. De nosotros parece no acordarse nadie. ¿Cuándo se va a acometer de una vez por todas la construcción de un polígono industrial, con los debidos equipamientos y consiguiente promoción que pueda aportar solución a nuestra grave problemática laboral, al igual que se ha efectuado con la comarca hermana de Sagunto? Pronto, muy pronto, comenzará el desfile por nuestras tierras de toda una representación de nuestros políticos más significativos, pertenecientes a nuestro variado arco parlamentario e incluso extraparlamentario, los cuales efectuarán su procesión, como comparsas dantescas, a la busca y captura del voto que haya de posibilitar su llegada a la poltrona del poder y la buena remuneración. No nos gustaría recordarles que el voto otorgado aquí, tiene el mismo valor que el "efectuado por el ciudadano periférico, y que la contribución al sostenimiento de la Comunidad y del propio Estado, supone lo mismo en Requena que en Levante, por lo que estimamos que ha de practicarse un trato corrector de acercamiento de servicios hasta nuestros lares, como el más estricto sentido del derecho y la justicia así lo reclaman. El sagrado principio de igualdad de oportunidades no tiene vuelta de hoja.
JULIAN SANCHEZ
(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1985) |
|||