Querido Presidente

     Muchas veces he pensado si a los requenenses que tuvimos que ausentarnos nos puede ocurrir con nuestro pueblo lo que a algunas viudas con sus maridos: que los aman más porque ya no los tienen y el pasado y los recuerdos se convierten en centros permanentes de contemplación. Personalmente me resisto a creer que eso pueda ser así. Entre otras razones porque los requenenses que vivimos en Madrid tenemos a Requena a nuestro alcance y ni la distancia ni la ausencia son situaciones irreparables. Son estados circunstanciales que tienen fácil remedio con un viaje de fin de semana, con unas vacaciones más o menos largas o con la asistencia anual a la Fiesta de la Vendimia.

     Esta reflexión, Presidente, la traigo a cuento porque hace unos días un entusiasta colaborador suyo, Luis López, me telefoneó para sugerirme que transmitiera a nuestros paisanos, a través de esa revista, algo de las añoranzas y de las vivencias que sentimos los requenenses de Madrid.

     La idea me agradó. Me permitía ponerme en contacto con nuestro pueblo y me daba la oportunidad de recordar mis años mozos en los que corría la X Fiesta de la Vendimia, colaboré en la redacción de EL TRULLO, pues este requenense también ha sentido el gozo de vivir la Fiesta desde dentro como comisionado del Barrio de Arrabal.

     Pero ahora, Presidente, me surge la preocupación por adivinar qué es lo que pudiera gustar conocer a nuestros paisanos de la vida de estos requenenses/madrileños. Y es que, creo, no hay que exagerar nuestra separación. Requena, como se dice ahí, la tenemos a "tiro de piedra" y, por otra parte, estamos en contacto permanente con familiares y amigos que nos ponen al tanto de las cosas que ocurren en nuestro pueblo. Desde las obras en el campanario de la iglesia del Carmen a los triunfos del Spórting, pasando por las últimas incorporaciones al C.D.S. de algunos independientes, según dicen. En resumen,  procuramos estar informados, aunque todavía no logremos sintonizar con Radio Requena.

     Estimo que lo más interesante que nos ha ocurrido a los requenenses en Madrid, en estos últimos años, es haber tomado cierta conciencia colectiva de nuestra condición de hijos de Requena y el interés que ha surgido por estar más en contacto los paisanos que aquí residimos. Porque no hay que ocultar que a nuestro pueblo se le ha calificado en ocasiones de "distinto" y a sus gentes de "distantes". Algo parecido a lo que se decía de un Presidente del Gobierno. Pienso también, y espero que estemos de acuerdo, que en ese cambio de estilo, que se ha traducido en una mayor relación, ha tenido bastante que ver la Fiesta de la Vendimia que tanto ha hecho, en sus casi cuarenta años de vida, en favor de la unión de los requenenses. Aunque esto debiera ser objeto de un estudio sociológico más profundo.

     Cuando escribo esta carta estamos en plena tarea de preparar, con motivo de la festividad de San Nicolás, un nuevo encuentro de los requenenses en Madrid. Celebración que por coincidir con el Año Internacional de la Juventud se ha denominado, en esta ocasión, "San Nicolás-85 y la Juventud". Y se ha acordado así porque pretendemos que a este acto se incorporen los jóvenes que, en nuestro caso, no son otros que nuestros hijos. A ellos vamos a dedicar esta fiesta, porque creemos que es una forma de mantener la vinculación con nuestro pueblo. Aquí hay confianza en que la idea tenga buena acogida y prospere.

     Si me lo permite, Presidente, más adelante procuraré informarle de cómo transcurren estas celebraciones. Por hoy, creo que el cambio de impresiones ha sido más que suficiente y no quiero cansarle. Mi intención, por supuesto, no es esa, pero es que cuando uno habla de su pueblo...

     Hasta la próxima ocasión le envía un afectuoso saludo su amigo y paisano.

     JOSE L. CANO MARTINEZ

     P. D. Tal vez esta carta se publique en EL TRULLO que aparezca en vísperas de la Navidad. Déjeme, Presidente, enviar a nuestros paisanos mis mejores deseos de felicidad.

 

 
 

 
   

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1985)