La ciudad de Requena es un libro vivo de la historia del arte y de la cultura: La Villa, Peñas y Arrabal son los núcleos que forman esta histórica ciudad de la Comunidad Valenciana; cada uno con sus características costumbres, formas de vida, trabajo, tradiciones, religión, etc., que los distinguen. Aunque debilitadas por el goloso «progreso», siguen formando una unidad en su variedad; su soporte más importante es un conjunto de elementos calificados de históricos y artísticos que le dan forma material.

     Las razones por las que Requena soporta arte y cultura las leemos en sus edificios, recordándonos el paso de los siglos y el carácter que les imprimió su destino; la historia escrita nos revela otros aspectos más inciertos. Al captar las sensaciones que nos comunican sus auras, sentimos la verdadera razón de ser, su finalidad social, es donde la obra de arte se hace viva, se eterniza.

     La historia de la cultura va pareja con el arte, Requena no podía ser distinta, si tuviéramos que decidirnos por un elemento representativo de cada barrio nos sería muy difícil la elección, pues en todos confluyen elementos de diferentes culturas que tienen interés; tendríamos que recurrir a nuestro gusto personal, con todas las consecuencias que lleva esta decisión subjetiva. Ante este estado de la cuestión, como representante de una mayoría imaginaria y llevado por el sentido de la vista, elijo de la Villa el pórtico de Santa María, de las Peñas la iglesia de San Sebastián y del Arrabal el gran paseo coronado con el Monumento Nacional a la Vendimia, actualmente el símbolo más conocido de la ciudad, elegido hace pocas fechas como imagen principal de un sorteo de la Lotería Nacional; mas la verdadera importancia de dicha obra radica en su contenido simbólico y artístico. Evitando lo anecdótico, indudablemente la vendimia y su fiesta es un bien económico y cultural de nuestra tierra.

     Esta vez le toca a su trascendencia artística, complejo aspecto a considerar en esta tierra, donde el espíritu se ha mantenido siempre abierto a la cultura, pero reacio a los cambios rápidos, pudiéndolo constatar en el campo de las artes plásticas, donde se entiende con dificultad el verdadero sentido de la representación plástica. Si bien han proliferado en los últimos diez años en nuestra ciudad exposiciones de pintura con un marcado matiz trasnochado, salvo excepciones no han ayudado al desarrollo de una cultura y conciencia estética; la cultura artística de la ciudad está estancada, coincidiendo con el arte de los años ochenta, espejo de contradicciones, donde se da el arte sin escuelas, primando el culto al individualismo y al mal gusto, donde la visión moderna del mundo se ha puesto en tela de juicio, todo ello movido por un aparato de mercado que le imprimen a la obra artística un carácter de mercancía regida por la ley de la oferta y la demanda. En este caos, aparentemente controlado, las vanguardias históricas defienden su aportación a la modernidad y atacan la formulación de nuevos «istmos», proponiendo un arte sincero, que tenga en cuenta la historia, y que no invierta los pasos de la creación artística, el arte se siente, se hace y se vende y es en la madurez donde empieza a tener valor.

     El concepto de modernidad es positivo y es un término que nos sirve aún para poder explicar los valores de la obra de arte, oponiéndonos a una formulación única y proponiendo una revisión de la historia.

     Una toma de conciencia de los cambios producidos en la historia del arte es más importante que la apreciación de cualquier estilo; el arte es un reflejo del mundo, tal cual en ese momento y puede proporcionar una dirección para el futuro. Poner en claro los cambios producidos en las manifestaciones artísticas en nuestra ciudad y sentir curiosidad por todo lo nuevo es lo que nos ha llevado a entrevistar en su estudio de la calle Blanquerías al escultor don José Esteve Edo, autor del Monumento Nacional a la Vendimia.

     -¿Cómo definiría su escultura?

     -Mi concepción de la escultura se ajusta a una línea clásica escueta, pero moderna, atendiendo a una simplificación; mi escultura no es copia del natural, el natural existe en forma de concepto, el modelo no lo copio, lo interpreto.

     Cuando trabajé en París con el escultor Ossip Zakinet, aprendí lo que era la concepción de las grandes masas y volúmenes, hay que evitar el detallismo, es una visión de lo que debe ser la escultura. Admiro a Moore por su concepción de la escultura al aire libre; el escultor debe concebir la escultura con miras al exterior, el entorno le ayuda, soy partidario de las esculturas en los parques con carácter lúdico.

     El futuro de la escultura está en el exterior y en su intención educativa, sin olvidar su aspecto complementario con la arquitectura.

     -Señor Esteve, ha pasado mucho tiempo desde que proyectó el Monumento Nacional a la Vendimia. ¿Se mantienen los mismos criterios sobre la escultura monumental?

     -Se mantienen los mismos criterios, pero desde un aspecto más moderno, llevando la forma a aspectos de más síntesis y simplificación, buscando lo conceptual en bases y volúmenes.

     -¿El monumento está totalmente terminado?

     -Según el proyecto original, todo lo que corresponde al exterior está totalmente terminado, pero una de las partes de que carece es fundamentalmente la que debería ser vendimia y que según el proyecto estaba representado por tres relieves, con escenas alegóricas al trabajo de la vendimia, transporte, elaboración, etc., en ellos se representa la acción universal, la nacional y la local. Solamente con un pequeño esfuerzo, cada dos años se podrían concluir en breve tiempo los relieves que faltan y tendría el sentido total de Monumento a la Vendimia, mientras tanto los laterales están vacíos.

     -¿Qué posibilidades de ornamentación monumental y escultórica ve en el futuro de Requena?

     -Entrarían dentro del campo de la escultura y cultura de un pueblo, partiendo de los niños, para que se familiarizasen con los animales y las personas a través de la escultura. Unas esculturas de este tipo serían muy importantes para su ciudad, serían la gran alegría de los niños. Y que a hombres ilustres, que los hay, se les recordara con algunos bajo-relieves o placas que fuesen un ejemplo continuo para ejemplo de todos. Otro ejemplo que cuidaría, ya que Requena es encantadora artísticamente, sería no dejar levantar edificios altos que puedan hacer daño al entorno. Consideraría la parte antigua como una joya, restaurando poco a poco lo que queda con arreglo a la época, la parte cultural hay que vigilarla. Requena es muy bonita, es bellísima, hay que cuidarla más, hay un poco de abandono.

     -Sabemos que prepara una exposición de esculturas y dibujos para Semana Santa en nuestra ciudad. ¿Qué le ha movido a prepararla?

     -Cuando tú me hiciste la sugerencia, hace ya dos años, me pareció una idea fabulosa, y me gustó por el cariño que le tengo a Requena, deseo que conozcan no solamente la parte de escultura monumental, sino también la escultura de estudio, los pequeños formatos, así como la escultura religiosa, muy importante en mis comienzos y que he ido desarrollando y sigo a través de mi vida profesional.

     Inmersos en este tiempo del arte, integrados en este mundo de esculturas, un desnudo de muchacha secándose nos mira atenta, esperando su libertad; un torso de hombre impasible, que fue creado incompleto para siempre; una pareja de vendimiadores que ya cobraron vida, fotografías, bocetos, dibujos, etc.; un entorno que destila oficio, historia, arte y cultura es el estudio de un escultor que lucha día a día por encontrar su lenguaje, su manera de decir y que tal vez lo encontró en nuestro cielo de cobalto, en las tierras rojas, amarillas y calizas de nuestra Requena, donde la vendimia es fiesta.

     -Muchas gracias por su atención, querido profesor, y un recuerdo afectuoso de nuestras gentes de Requena.

     -Un saludo a todos y hasta la vista. Espero estar pronto entre ustedes a través de mi exposición y exponer mis ideas en una conferencia; me hace ilusión volver a Requena, pues la amo, quiero y tengo grandes amigos que aman el arte como merece esa histórica ciudad.

 

 

JOSE ARGILES GOMEZ

Licenciado en Bellas Artes

 

 

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1985)