Para mí, sin lugar a dudas, el personaje principal de aquella historia fue aquel majestuoso pavo de atornasoladas plumas, de un negro, tan precioso que viraba a aterciopelados azules en cualquier movimiento que éste efectuaba.

     Andaba por la estancia con paso corto, cuello recogido y algo encorvado hacia atrás, creando presión sobre un buche bien cebado. Inflando el pecho, y ahuecadas las alas, daba vueltas contorneándose y sabiéndose importante, como si en vez de ser pavo fuese ser humano, olvidando el pobre infeliz que el privilegio de ser Dios en la escala humana sólo corresponde a los ignorantes humanos que se creen dioses cuando sólo son engreídos pavos.

     En este momento, y ahora que todo ha acabado, me da qué pensar. Recuerdo nítidamente los sonidos de aquella gallinácea, ¿quizás lo que hacía era burlarse de todos los allí presentes? Realmente creo que así era, pues el volumen de su sonido iba incrementándose sistemáticamente como contestación a los distintos monólogos que se producían sin cesar. De pronto llegué a una conclusión: aquel pavo (sin menospreciar a otros pavos) era un señor pavo.

     Aparte del mencionado, también se encontraban en la reunión personas de ambos sexos. El salón era amplio, estaba decorado con grandes mares de seda granate que desembocaban en un suelo brillante, profuso en ricas maderas trabajadas artesanalmente.

     Alguien, en la parte derecha de la estancia, subió el tono de voz, dando de esta forma la sensación de autoridad y reclamando la atención de los concurrentes.

     - ...y por tanto pienso que debemos y tenemos que actuar sin tardanza...

     Esta frase sonora fue repetida varias veces. La pronunciaba un hombre entrado en años, de piernas cortas y delgadas, pero seguras como columniIlas, que sustentaban un vientre excesivamente abultado.

     Continuó diciendo:

     -Ves como yo pienso y digo, esta Navidad tenemos la obligación de hacer una "limpieza general" de nuestras calles, debe ser la "santa postulación" por la seguridad de la familia, ya que en fecha tan señalada hay que proporcionarle la facilidad de tránsito, despojada la acera y la calzada de todo elemento que perturbe la paz y tranquilidad de esta fecha de amor; así, por ejemplo, serán retirados sin ninguna contemplación por los servicios correspondientes, todos aquellos elementos que hieran la sensibilidad de la «buena gente». De esta forma desaparecerán hasta después de Año Nuevo maleantes, gamberros, pedigüeños, ancianos y enfermos.

     Son unos días, a mi juicio muy pocos días, para ser feliz en un año, los cuales no deben de ser expuestos, corriendo el riesgo de malograrse por la mirada desprovista de alegría de algún infeliz. ¡Nunca mejor dicho!

     La asamblea había estado pendiente de lo que allí se decía, permaneciendo silenciosa; solamente el osado pavo, al término de esta frase, atrevióse con su sonido, quizás, a hacerle burla.

     Es Navidad, el frío se hace sentir. En medio de tanta desesperanza exterior, en la inmensidad de la llanura de las grandes soledades, se elevaba seguro construido con piedra de indiferencia el santuario del egoísmo y las incomprensiones.

     - ...vamos, vamos, no exagere usted, cualquiera diría que nos encontramos acosados por esos seres que el único delito que han cometido o que están cometiendo es no saber superar su pobreza...

     Las palabras habían fluido suaves, pero dichas en otro tono, como en octava, aprovechando un símil musical, diría que fueron como un contrapunto que se destacaba claro por encima del murmullo de una parte del coro que asentía.

     - ...Hermanos, ¿qué nos pasa? Son fechas señaladas, días marcados en los cuales nuestro empeño no debería ser otro que contagiar de cariño y regalos a esos seres de los cuales nos olvidamos durante todo el año.

     -¡Señores!, un pobre aterido de frío, sucio, cabizbajo, en la esquina apartada de un apartado barrio es..., imagínenselo, ¡mucho más pobre!, y precisamente por ser Navidad, yo lo necesito, lo necesito para sentirme digno, aunque sólo sea una vez al año. Lo necesito para sentirme más humano.

     En esta ocasión el pavo llegó más lejos, después de un estruendoso cloqueo, desparramó olorosas deposiciones a lo largo y ancho de aquel lujoso salón donde el oropel trataba de ocultar la miseria más grande.

     Y es que todas las cosas se han convertido en cotidianas, y por lo que de ello tienen, han perdido el encanto de ser auténticas manifestaciones. «Solamente el dolor es verdadero» (ya lo dijo el filósofo), y el gemido que se exhala cuando éste se produce en aquellos que lo experimentan, se convierte simplemente en el refleja distorsionado, como si en una luna mal pulida, algo sin la mayor trascendencia se proyectase borroso.

     Se abrieron unos grandes ventanales, dejando éstos entrar los sonidos de zambombas y panderetas, junto con las voces de unos niños que cantando recorrían las calles, festejaban contentos el nacimiento del Niño Dios.

     Los de dentro se agolparon a las ventanas, asiéndose a los barrotes que delimitaban el mundo en el que vivían. Estaban encerrados en su misma vida.

     -¡Es Navidad! -gritó de repente y con gran alborozo alguien, como si en ese instante acabara de descubrir algo magnífico.

     -¡Es Navidad! Esta frase tan corta se fue generalizando y extendiendo rápidamente entre la gente sencilla.

     -Son días de estar con la familia -apuntaron unos.

     -Toma, y de fiesta sin ir al trabajo -dijeron otros.

     -Y de comer turrón..., y..., y...

     Un tremendo silencio de conspiración hace arrinconarse al pavo. Rápida una mujer lo coge y dice levantándolo en alto:

     -¿Quién quiere comer pavo?

 

     «¡Ay!, hombre, que no asumes la mugre

que encima llevas y temes el contagio

de alguien que no teme acercarse a ti,

¡con el peligro que ello conlleva!»

    

     «¡Ay!, hombre, que poco puedes ser amado

si sólo una vez al año tu amor compartes.»

    

     «¡Ay!, pavo de abanico desplegado,

coqueto tontilán que vas a ser desplumado,

sin lugar a dudas en aquella historia

fuiste un actor malogrado.»

M. LOPEZ ANDRES

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1985)