Partiendo de Requena en dirección a Almansa, a unos cuantos kilómetros existe un desvío a la derecha denominado la Cruz de Cofrentes por el cual transcurre una pequeña carretera de 11 kilómetros, que recorriéndola lentamente y con atención se deleita el viajero mirando con asombro el gran paisaje que va divisando en dirección al río Cabriel, es allí donde se encuentra enclavada la bonita aldea de Casas del Río, entre el término de Requena y Albacete.

     Casas del Río está dividida por el río, que con dirección a Cofrentes riega las dos orillas de la aldea, haciendo de sus huertas un vergel, que según cuentan los viejos del lugar en algún tiempo tuvo una cierta importancia en relación con su categoría, disponiendo de serrería y molino que pertenecía a la familia Cuéllar, al cual traían el grano de las cercanías para su molienda, incluso se tuvo que construir un puente para el servicio de los vecinos y transporte de caballerías. Al principio del puente se instaló una pequeña caseta en la cual había un hombre dedicado al cobro de peaje a todos los forasteros, pues los únicos que estaban exentos de este pago eran los habitantes de la aldea. También tuvo cierta importancia por ser una zona muy densa en pinadas, y tanto es así que en múltiples ocasiones, cuando cortaban los pinos y los limpiaban eran arrojados al río para que unos hombres con manos hábiles, valentía y buenos reflejos transportaran los troncos a su destino.

     Conforme se va recorriendo la pequeña aldea, puesto que esto es Casas del Río, se llega a las afueras de la misma y en ella se observa con admiración lo bien cuidadas que están las huertas, y reflexionas cómo pueden encontrarse en estos parajes unas tierras con tanta vida y verdor tan intenso, que más que una huerta parece un jardín. Esto es debido a la existencia de una gran y maravillosa noria, la cual fue construida en su día por los aldeanos del lugar, sabiendo buscar como ejemplo la gran inteligencia heredada de los moros, pues con este procedimiento tan sencillo, es la encargada de cumplir con el regadío de todas sus huertas. Gracias al tesón de estas gentes trabajadoras y sencillas que se encargan día a día y año tras año de repararla, como si de una pieza de museo se tratara, pues no en vano de ella depende la vida de la aldea.

 
 

     Nuestra aldea es también conocida por dos productos, los cuales son muy importantes, ya que son muy apreciados y queridos, uno de ellos es el melocotón, el cual, en las cosechas son muchos los visitantes que vienen con el fin de poder adquirir esta preciada fruta, ya que su calidad, sabor y vistosidad son inigualables.

     El otro producto, cómo no, son sin duda alguna los viñedos, los cuales gracias al cuidado que les dispensan sus propietarios y al buen clima llegan a alcanzar un alto grado; es así como nacen esos caldos que dan fama a los buenos vinos requenenses y valencianos.

     Este valle posee sitios muy pintorescos para el esparcimiento de las personas que allí viven, pues el río Cabriel, de sobras conocido, es quizás uno de los pocos ríos que todavía conserva esa agua cristalina y sin contaminar, no siendo muy profundo en la mayoría de su recorrido, aunque sí ancho, por el que pasa constantemente agua con abundancia. En verano, todos los fines de semana, tiene una gran afluencia de vecinos y visitantes de la aldea, así como de Requena y otras cercanías, para pasar un día tranquilo para relajarse de la monotonía cotidiana.

     En tiempos de industrialización de las grandes capitales quedó bastante vacía, pues la mayoría de la gente joven emigró a lugares donde el trabajo era más asequible, quedando en la aldea las personas mayores y algún que otro joven que dudó en hacer lo que los demás. A pesar de todo no quedó totalmente abandonada, pues casi todos los fines de semana, como si de una cita se tratara, vuelven con ilusión a su tierra, la que les vio nacer.

     Los jóvenes por su afán y guiados de sus mayores decidieron un día de éstos, tan normales, proceder a la creación de unas fiestas, las cuales sirvieron de distracción y énfasis. Merced a la sencillez y gran voluntad de todos ellos se llegó a crear unas fiestas maravillosas que hoy día los vecinos de la aldea, veraneantes y la gente que la visita pueden disfrutar de unos días encantadores como son las FIESTAS DE LA VIRGEN DE AGOSTO.

     Dado a una comisión de fiestas que trabaja durante gran parte del año con ahínco para engrandecer el buen nombre de nuestra aldea CASAS DEL RIO.

COMISION DE FIESTAS

 

 
 

 
   

 

(Publicado en El Trullo de Julio de 1986)