Situada al NO. de la ciudad de Requena, junto al río Magro, antes conocido por el nombre de Oleana, esta aldea es de las más antiguas del término, junto con San Antonio, Campo Arcís, Casas del Río, Derramador y Juanvich. Como todas ellas, San Juan tiene su origen en una labor. La de "San Juan de la Vega" se construyó a mediados del siglo XVII.

     Según escribió Enrique Herrero y Moral, hijo de esta pedanía, en su "Historia de la tres veces Muy Leal, dos veces Muy Noble y Fidelísima Ciudad de Requena" (1890), . .."La jurisdicción de esta partida está encerrada en la zona que comprende la siguiente demarcación: Principia en el sitio llamado Lavadero de Madrid, y sigue por el molino de Juan Charchas, exclusive, y siguiendo el río arriba, llega hasta encima de la llamada casa de los Frailes; desde ésta sube a la Atalayuela, y volteando hacia la casa de Cerrito, llega á la del Verdinal, y cortando hacia el barrio de Arroyo, baja por la Rambla de Roma y cierra en dicho Lavadero, donde principia esta descripción. Dentro de ella se encuentran muchas casas de propietarios y las aldeas de Barrio de Arroyo, Calderón y la de San Juan, que es la capital; y por lo tanto, y atendiendo a la extensión de terreno que lo abarca todo y del número de los vecinos que lo pueblan, no nos debe extrañar que en ésta haya una ermita, cuya fundación es debida a la religiosidad y munificencia del Sr. D. Juan Ramírez Sigüenza Lluqui, vecino que era de esta entonces villa, en su testamento que otorgó en 5 de abril de 1667."

     Como en el resto del término, el área que comprende este paraje se halla cubierta casi en su totalidad por la vid. Gracias a este cultivo, San Juan, como las demás poblaciones de la meseta de Requena, vio aumentar su población ininterrumpidamente en los últimos 150 años.

     En 1821, Lucio García Sote, sanjuanense, era jornalero, llevaba leñas a Requena y tenía diez peonadas de viña (una peonada equivalía a 115 cepas, aproximadamente, la tierra que podía cavar un hombre en un día).

     Como Lucio, nuestros bisabuelos apenas podían subsistir con los jornales que prestaban a los terratenientes de la época y con la recogida de leñas bajas para los vecinos del casco urbano de Requena.

     Los recursos de la tierra, antes de la plantación masiva de viñedos, eran escasos. Baste decir que en los mejores terrenos de secano se alternaban la cebada y las leguminosas, como el garbanzo y las almortas, así como el trigo en año y vez. Pero la mayor parte de los suelos cultivables, de inferior calidad, sólo daban dos cosechas de centeno y una de avena cada diez años; en los menos fértiles, una de avena cada cinco años. Los eriales y rastrojos servían de pasto al ganado lanar que pertenecía a los dueños de las labores.

     Hacia 1854 se inició la plantación de vid a gran escala, gracias a los altos precios que alcanzó el vino. Algunos terratenientes cerealistas se decidieron por el cultivo de la vid. Para evitar gastos, daban a los jornaleros y renteros viñas a medias; éstos plantaban de viña una parcela de cereal del patrono, a cambio éste les cedía en propiedad otra parcela de la misma superficie para implantar la vid. Gracias a esta concertación, los vecinos de las aldeas pudieron acceder a la propiedad de la tierra y terminaron por comprar la mayor parte de las labores.

     Así, puede decirse que la economía de las aldeas se ha visto fortalecida en los últimos cien años, gracias al sacrificio y trabajo de nuestros abuelos y al cultivo de la vid.

     Por este motivo: ¡Qué acertada idea! ¡Qué hermosa realidad nuestra Fiesta de la Vendimia...!

     Desde San Juan, nuestro saludo afectuoso y nuestros mejores deseos de alegría y prosperidad para todos nuestros paisanos y para cuantos forasteros han decidido con acierto, participar en nuestras fiestas.

Eusebio García González

 

(Publicado en El Trullo de Julio de 1986)