Recientemente el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, mediante publicidad relativa al Plan Nacional de Formación e Inserción Profesional, llamaba la atención sobre aquellas profesiones o especialidades que, en función de un análisis del mercado actual y futuro, aparecen como prioritarias.

     Entre éstas figura de forma destacada la Enología, circunstancia que nos motiva a escribir en la revista de la Fiesta de la Vendimia, y por extensión de nuestra vitivinícola comarca, sobre los profesionales de la Enología: los enólogos.

     Hoy, que el vino ha dejado de ser un complemento de la alimentación y representa para el consumidor mucho más que una bebida simple, a veces un placer, otras veces un lujo y siempre algo original y natural, los enólogos, unos profesionales que siempre han trabajado en silencio, con pocos medios y menos compensaciones, salen a la luz y se ponen de moda.

     Los casi siempre sufridos y discretos bodegueros de la primera mitad de este siglo, por no remontarnos más atrás, se alegrarían de saber que su profesión está en boga y el vino, el buen vino que ellos con tanto ahínco intentaban conseguir, está en la mente del consumidor bien informado, que quiere beber menos pero beber lo mejor.

     Esta afortunada realidad ha hecho posible que la Enología se vea hoy no como un arte empírico pasado de generación en generación, sino más bien como el fruto de la aplicación de importantes conocimientos científicos que aumentan y se profundizan año tras año, para bien de productores y consumidores.

     Los enólogos son los profesionales encargados de aplicar y conjugar estas nuevas técnicas con la tradición, buscando el adaptarse a los nuevos tiempos que demandan, sobre todo, mejor calidad.

     Esta responsabilidad ante productores, comerciantes y consumidores, incluso a veces ante la Administración, tanto a nivel civil como penal, ha obligado a los enólogos a realizar actividades profesionales muy diversificadas, que a la vez que representan un triunfo también plantean dificultades.

     En la actualidad está fuera de toda discusión la necesidad de una Enología sólida y unos enólogos preparados y puestos al día. En el Congreso de la O.I.V (Oficina Internacional de la Vid y del Vino), celebrado en Lubliana en 1976, se definieron algunas de las funciones de los enólogos:

     - Responsabilidad técnica plena en la elaboración de los mostos de uva, de los vinos y sus derivados, así como de asegurar su buena conservación.

     - Analizar los productos mencionados, tanto física como química, microbiológica y organolépticamente. Interpretando los resultados y procediendo a las prácticas enológicas oportunas.

     - Apreciar las relaciones que existen entre la economía y la legislación vitivinícola y la técnica enológica.

     - Aplicar racionalmente las enseñanzas recibidas o las sacadas de las memorias científicas y técnicas y, eventualmente, proceder a investigaciones tecnológicas, colaborando en la concepción del material tecnológico y en el equipamiento de las bodegas.

     - Colaborar en el establecimiento y métodos de cultivo de los viñedos. Numerosos trabajos demuestran hoy la necesidad de conocer las influencias de la conducción del viñedo en la composición y calidad de los vinos.

     - Contribuir a promover el conocimiento del vino entre los consumidores. Sin duda el consumidor busca una persona fiable que le pueda informar sobre el vino. El enólogo, que interviene en todo lo largo de la cadena de elaboración del vino, puede responder a esta necesidad y hacer comprender al consumidor lo que representa el vino como esfuerzo, tenacidad y cultura.

     En definitiva, los enólogos, cada vez más preparados y cualificados, trabajan consciente y responsablemente para bien de su profesión y del sector, haciendo progresar la producción de vino de calidad y contribuyendo, día a día, al desarrollo de la economía vitivinícola de nuestro país, con una bebida agradable que es todo lo contrario de un producto estandarizado, ya que el vino, influido por vidueño, clima, suelo y elaboración, presenta cada cosecha originalidad, carácter y diversidad, cualidades que en estos tiempos son una suerte para el consumidor.

 

RAFAEL OCHANDO

Enólogo

 

 
 

 
   

(Publicado en El Trullo de Julio de 1986)