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| Recordar es volver a vivir los acontecimientos de antaño de una forma más viva, más limpia, más entrañable, por íntima, desde la perspectiva justa que da el tiempo. En el recuerdo no hay paja, sólo el trigo perdura, por eso las cosas se ven con mayor nitidez y se juzgan con mejor justicia. El recuerdo siempre es positivo, pues unas veces estimula y otras purifica ennobleciendo nuestras acciones. El recuerdo nos lleva a la raíz de las cosas y a las motivaciones primeras que hicieron posible los acontecimientos o personas que ahora recordamos... Eran SIETE, posiblemente muchos más, pero siete es el número bíblico perfecto y en la Biblia encontramos la primera narración que nos habla de los racimos de uva degustados hasta la embriaguez por Noé... SIETE, que no los siete magníficos, ni los siete de la fama... SIETE, los SIETE HOMBRES JUSTOS. Sus nombres aparecen en el primer programa de la primera idea de la primera Fiesta de la Vendimia.Cuando todavía los pueblos vivían como encogidos, la gente se miraba de reojo y se hablaba en falsete hasta en su propia casa, estos hombres salieron a la calle; levantaron su mirada; sacudieron el miedo de sus hombros y empezaron a caminar al encuentro de otros. Las distancias se acortaron, surgió el diálogo, brotó la convivencia, levantóse ,un vientecillo extraño que desde el Arrabal subió callejón arriba por la Villa y las Peñas, envolviéndolo todo y Requena se vestía de FIESTA..., el teatro, la música fueron despertando deseos de comunicación, de expresión libre; y donde antes se maquinaba guerra o servía de calabozo, cuando Requena se defendía de unos y otros, por su codiciada Villa, se transformaba, con el esfuerzo colectivo, en plataforma donde diariamente se realizaba el portentoso milagro de las ondas. El viejo torreón convertido en pregonero de la Villa. Testigo fui, y no mudo, de ese acontecimiento, pues en plena adolescencia allí realicé mis primeras escaramuzas radiofónicas. Y de allí, que no del Banco, tengo mi primer recuerdo de uno de los promotores de la Fiesta: Manuel García Gómez. «Escucha chaval, escucha...» y se transformaba mientras oía el «Barbero de Sevilla». «Debéis relajaras, las voces naturales, ni un carraspeo, ni una tos.» Eran otros tiempos, otra forma de hacer radio, y este hombre perfeccionista, auténtico melómano de la música, y amante de la Naturaleza como pocos, despertaba en todos el auténtico interés por hacer las cosas bien.Años después, cuando durante tres años intensos y creativos, participé plenamente de los gozos y lágrimas de Requena, encuentro en el recuerdo la imagen inconfundible de Pascual Ortiz; pelo al cepillo, bata parda de tendero, inquietud-tranquila, tan bueno como el jamón y el queso manchego que vendía. Y junto a él, a Francisco Sánchez Roda, animando cualquier impulso o iniciativa, tanto de índole social, festiva o religiosa. En todo momento fue este hombre un buen amigo y defensor del Hogar de la Juventud Obrera; precisamente fue el amigo Sánchez Roda quien me presentó a otro de los siete... ¡Cómo olvidar a quien me hizo pasar siete noches en vela para poder ganarle una apuesta! Teníamos en marcha la «Campaña del Kilo», el 1 de mayo y el Festival de la Juventud dentro de las fiestas de Requena, pero nos faltaba llevar a la práctica una idea: La Pasión de Requena. Fue tajante ante mi insistencia: «Yo participaré en la obra y haré de Jesús si tú la escribes»: era Antonio Molina. Por cierto, que la obra la escribí en una semana, pero la dichosa gripe nos tiró por tierra el proyecto después de varios ensayos. Siempre que lo necesité lo encontré y su consejo culto me abrió horizontes. La verdad es que los traté muy poco, pero uno y otro, Alfonso Gil y Pablo Cano, los recuerdo en su Cantarranas y en su Glorieta. El uno sirvió de abono para que la Fiesta diera su fruto; el otro corno viga de buena madera para mantener su estructura. Pero la Fiesta debía de realizarse en las calles y nadie como Antonio Villanueva conoce las calles y callejones, rincones y recobecos de la antigua o nueva ciudad. Sus pinceladas fueron decisivas para la luminosidad de la Fiesta. Un racimo de siete hombres justos, que se multiplicaron en muchos más, haciendo posible, con sus iniciativas, su trabajo y su sentido festivo de la vida, superar barreras de diferencias, abrir caminos de encuentros, de diálogo, de convivencia. |
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Permítaseme al menos una línea para hacer justicia a quien, para mí, fue clave en acontecimientos entrañables, alguno de los cuales aún perduran: Martín Marco. Y junto a él otros muchos en los que encontré el calor de la amistad y el apoyo a cuantas iniciativas salían del Hogar... Por eso hoy, desde la perspectiva del tiempo, vuelvo a recordar y a suscitar recuerdos en cuantos lean estas líneas, trazadas por afecto, que no por afán literario. Recordar a unos y otros, a quienes de una forma u otra han contribuido a crear un clima de distensión y de convivencia festiva. Testimoniar la gratitud y hacer justicia antes de que se baje definitivamente el telón en la obra de su vida. Ha llegado el otoño para muchos. No permitamos que el racimo caiga en tierra sin antes recoger su rico fruto. Apresurémonos ante la última cosecha. Convoquemos a nuestros mayores, reunámonos festivamente junto a ellos; brindemos con el rico caldo de su experiencia, de su sabiduría... y veréis como un nuevo alborear inunda nuestra ciudad. MARCIAL MARTINEZ
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(Publicado en El Trullo de Julio de 1986) |
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