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| Las premáticas exhortaciones del recientemente desaparecido alcalde de Madrid, don Enrique Tierno Galván, han venido a consolidarse como una popular y literaria forma de invitación al buen comportamiento, así como al intento de la configuración del mejor modo de convivencia común, que cada ciudadano que se precie debe desear impere en la localidad donde ha de sentar los reales.Aplicando el cuento a nuestro propio comportamiento, uno no puede dejar de considerar que son tantas y tan absurdas las agresiones que en nuestro cotidiano transcurso ciudadano venimos cometiendo los requenenses contra el propio y sufrido medio urbano que, sinceramente, de haber regido nuestra más reciente convivencia el llorado y admirado «viejo profesor», nos atreveríamos a garantizar una más que segura carencia por agotamiento en toda nuestra comunidad, de las materias precisas para dar cabida por impresión, a la enorme cantidad de advertencias o admoniciones que D. Enrique hubiese tenido que verter sobre nuestras propias conciencias. Hagamos examen de contricción y juguemos a imaginar por un momento, tras la correspondiente composición de lugar, al entrañable profesor a la cabeza de nuestro local Concejo, desde el cual, mucho nos tememos hubiese tenido motivos más que fundamentados para avergonzarnos con algún consejo municipal parecido al que a continuación, y con toda modestia, hemos tenido el atrevimiento de interpretar: |
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EL ALCALDE-PRESIDENTE DEL M. l. AYUNTAMIENTO DE REQUENA REQUENENSES Quiero haceros notorio que una de las preocupaciones más atosigantes para esta Alcaldía, es sin duda la falta de educación cívica. Hay algunos requenenses que, ignorantes de que nuestras calles y paseos son real prolongación del propio hogar, hollan sin piedad el bien común, dej ando al descubierto una clara ignorancia de que convivir significa tener respeto a la ciudad y a quienes viven en ella. Es de general conocimiento que, no el pueblo llano, por lo común sufrido, sino ciertos currutacos, boquirrubios, lindos y pisaverdes, unidos a destrozonas, jayanes, bravos de germanía, propicios a la pelea y al destrozo, a ciertas horas tardías, generalmente a la salida de esos habitáculos provistos de ingenios de reproducir rechinantes sonidos, más comúnmente reconocibles por la popular denominación de «discotecas», donde nuestra juventud suele acudir en legítima búsqueda de esparcimiento, retozo y distracción, vienen aquellos a descargar sus impías iras, sin razón bastante que, a juicio de esta Alcaldía lo justifique, contra enseres de uso público que el Concejo cuida, muy especialmente, acostumbran a realizar el vertido de su desaforada cólera sobre las innocuas y pacientes papeleras, a las cuales gustan de provocar abolladuras, así como a castigarlas colocándolas boca abajo, con el consiguiente desparrame de los desperdicios y residuos depositados en los susodichos contenedores por otros ciudadanos más respetuosos con la común convivencia. Asimismo se hace constar la gran afición que existe entre los moradores de nuestra Muy Noble y Leal Ciudad, al consumo y provecho del fruto provinente de esa bella planta que llega a conocerse con el nombre de girasol, y que nuestras gentes identifican mejor con la sencilla denominación de «pipas». Por ello es de todos conocido y dolorosamente notorio, que las partes no aprovechables de estos sabrosos productos, al llegar a ser consumidos por el personal, generalmente más joven, junto a los bancos de nuestra apreciada avenida, son descuidadamente desparramadas por los estáticos e indefensos baldosines del solado, convirtiendo el bello paseo en algo más común a pocilga de animales que a lugar de general retozo y público goce, con el consiguiente desprecio a la vista del cuidadoso y el malsonante rumor que provoca el paso del pacífico paseante. Igualmente se ha venido observando que con la llegada de los apacibles meses del estío, hacen su aparición por nuestras calles y paseos gran cantidad de jóvenes sin escrúpulos, los cuales gustan de ostentar prepotencia ante sí y los demás, produciendo tales ruidos con esa especie de máquinas para correr llamadas motocicletas, que vienen a producir sobresalto, con el consiguiente impedimento del sueño y descanso que el trabajo de nuestros vecinos requiere, y, lo que viene a resultar todavía más grave, es tal la temeridad y osadía con que estos mancebos cabalgan en sus ruidosas monturas, que llegan a poner, no pocas veces en grave peligro la integridad física de los caminantes, especialmente los de edades más indefensas como son los niños y ancianos, al convertir nuestras apacibles y urbanas calles en desenfrenadas pistas de competición. Por consiguiente, y a fin de dar cumplida efectividad a los preceptos de este Bando, por ser de notorio y común conocimiento que los vecinos de esta Muy Noble, Leal y Fidelísima Ciudad suelen hacer oídos de mercader a las advertencias y admoniciones del Alcalde, se advierte a quienes lo infrinjan serán severamente amonestados por los guardas públicos, y si persistiesen en la infracción habrán de abonar la cantidad mínima que prevén las Ordenanzas vigentes, por su imperdonable falta de educación cívica y grave afrenta al respeto que sus convecinos requieren. En Requena, a cualquier día del presente año de gracia. JULIAN SANCHEZ
(Publicado en El Trullo de Julio de 1986) |