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| Un hecho curioso que caracteriza a Requena es su distribución urbana. En perfecto ordenamiento se aprecian tres cosas totalmente diferentes unas de otras, y con gran compenetración entre ellas. Así, tenemos el barrio del Arrabal, moderno y en continua progresión; el barrio de las Peñas, lleno de tipismos y costumbres de la zona; y una rareza difícil de ver en otras ciudades de hoy en día, la Villa, un auténtico recinto histórico que no ha sufrido la invasión de edificaciones modernas y que sobre la mayoría de sus paredes y muros descansan varios siglos de antigüedad (aunque haya alguna excepción rectificable. Aunque la población sea más antigua, su conjunto visible reúne desde fortificaciones de época árabe (alcazaba, murallas y torreones) y la distribución de sus callejuelas; pasando por sus construcciones medievales, que se reflejan en remodelaciones de algunas fortificaciones, en huellas del anterior templo de San Nicolás, y en casonas particulares; hasta los templos góticos de El Salvador y de Santa María, numerosas casas y ampliación de fortificaciones que se remontan desde antes de los R.R.C.C. hasta los Austrias. Y sin embargo el inicio de poblamiento de la «roca» sobre la que situaría la Villa tendría que atribuirse a trogloditas, gente que vivió antes de que las grandes culturas llegaran a España. Se podría llegar a esta conclusión después de considerar las causas por las que el subsuelo de la Villa está lleno de subterráneos y cuevas: seguramente esta gente excavó en la roca numerosas cuevas para su vivienda, habitándose después encima de estas algunas chozas y otras construcciones de culturas como la ibérica, romana o visigótica (que no dejaron muchos restos). Hasta que llegaron los árabes y posteriores, quienes encontrarían de gran utilidad estas cuevas (bodegas, enterramientos colectivos y también se cuenta cómo fueron utilizadas para escapar de algún cerco militar, e incluso puede que para otras cosas). A partir de los Borbones, la Villa no ha sufrido demasiadas modificaciones, ya que la población se fue extendiendo por los arrabales, formando así los barrios de las Peñas y del Arrabal.
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| Ahora bien, pese a que disponemos de este conjunto único, parece como si renunciásemos a él, como si fuera un tema tabú en muchos de nosotros. Aunque perdonable que nuestros antepasados, que no tenían posibilidades culturales, utilizaron una torre árabe para habitarla como vivienda, o una muralla para una recia pared de su casa, no sería perdonable que ni un sólo ladrillo más, ni piedra tallada, escudo o blasón, casa o palacete, templo, torre o muralla con un mínimo de interés histórico-artístico fuera perdido por falta de preocupación de nuestra parte. Ultimamente parece que esta preocupación va aumentando; a ver si es verdad y todos contribuimos en lo que podamos a recuperar nuestra historia. JAVIER JORDA S.
(Publicado en El Trullo de Junio de 1987) |