Nuestro eminente catedrático y a la sazón, Presidente de la Real Academia de la lengua Española, Pedro Laín Entralgo, con una encomiable y, como siempre, poco discutible visión de la realidad, en un personal juicio de valor histórico sobre el resultado de la configuración (culturalmente hablando), del actual continente europeo, viene a precisarnos que Europa es el resultado de la sucesiva integración de cuatro principales ingredientes culturales, los cuales, con toda su carga de tópicos y realidades, llegaron a constituir la auténtica base de nuestro actual comportamiento cívico. Estos ingredientes no vienen a ser otros que los que dimanan de la influencia ejercida, en su tiempo, por Grecia, Roma, el cristianismo y la germanidad.

     Grecia aportó a nuestra actual cultura una trilogía de bienes y sentidos los cuales, vienen a conformar por sí mismos las estructuras primarias de lo que posteriormente habríamos de catalogar con la denominación universal de «civilización»; ellos fueron: el sentido de la naturaleza propia y común, la inteligencia racional que nos asemeja a toda condición humana y, el hecho de demostrar que la libertad política o, el hábito que nos hemos dado a vivir con arreglo a las leyes que una nación se ha dado a sí misma, es preferible al hecho de cualquier forma de tiranía.

     Debido a su instrucción intelectual y religiosa recibida de Grecia, Roma aportó a nuestro continente de ingredientes fundamentales para su futura configuración cultural, los cuales fueron: el derecho y el sentido de civilidad, o nuevo concepto de ciudadanía.

     El cristianismo vino a aportar a la vida humana profundas y radicales revoluciones espirituales de muy diverso orden: el metafísico, el antropológico, el ético y el historiológico.

     Por último, la germanidad completó nuestro complicado y determinante cóctel cultural, aportando al mismo un ingrediente no menos importante que los anteriormente descritos; el llamado «espíritu fáustico», el cual no viene a ser otra cosa que la constante insatisfacción con lo que se ve y se tiene, y su consiguiente afán de cambio y novedad.

     Todas estas aportaciones, según nuestro ilustre académico, han venido a configurar la genuina personalidad de todo un comportamiento, el cual, habría de desembocar, posteriormente, en nuestro actual sistema cultural, tras un detallado análisis del vigente proceder cívico europeo efectuado ya de forma «post scriptum».

     Tratando de invertir el sentido de lo anteriormente expuesto, si queremos realizar un estudio de carácter prefuturista de los ingredientes que Requena precisa para acometer las pertinentes acciones que puedan llevarnos a la consecución de un porvenir, acorde a los vigentes postulados de esta actual, y ya consolidada, cultura continental. A efectos de que el mismo pueda ser alcanzado en condiciones de absoluta irreversibilidad, superando las nefastas previsiones de un subdesarrollo mas que amenazante, habremos de considerar necesariamente, el acometimiento de tres puntos vitales por cuya acción habrá de discurrir el desenvolvimiento de toda idea de progreso que haya de dar lugar a la consecución de un nivel de potenciación y emancipación administrativa de carácter comarcal en grado suficiente para colocar a la nuestra en las mismas condiciones de posibilidades desarrollistas que cualquiera otra comarca de nuestra Comunidad Autonómica, las cuales han resultado mucho más favorecidas en el transcurrir del tiempo, como consecuencia de la beneficiosa acción de una política mucho más proclive al desarrollo periférico que al continental, todo ello visto desde el punto de vista de dicha contextura autonómica.

     Estos tres puntos vitales que hemos mentado y que han de monopolizar nuestra futura atención, a los que, nuestro laureado académico denominaría como «ingredientes necesarios», no son otros sino los comúnmente conocidos como: campo laboral; autosuficiencia sanitaria y enseñanza a nivel completo.

     Realmente estimamos que no hemos venido a plantearnos nunca en serio desde estas tierras, la enorme desventaja que para nuestra comarca representa el hecho de resultar ser, geográfica mente hablando, una de las más alejadas de la actual capital levantina, lugar de ubicación de los principales núcleos de servicios de nuestra comunidad. De la misma y desventurada forma, tampoco nuestras autoridades provinciales o autonómicas, según fuesen representativas de cualquier régimen o sistema ideológico dominante en la época, han demostrado nunca gran interés en otorgar oportuna y justa solución a esta degradante carencia, todo lo cual viene a resumirse en que, el tiempo va pasando y las desigualdades existentes en el seno de nuestra comunidad entre las ciudades denominadas limítrofes y las situadas en el interior se significan cada día más, en claro beneficio de las ribereñas.

     Y no es que no hayan existido, ni actualmente existan, posibilidades de aplicar un mecanismo corrector a estas injustas y más que evidentes desigualdades. Lo que realmente viene a suceder es que, sencilla y llanamente, se han olvidado de aplicarlo o, dicho de una forma mas concreta, han preferido dedicar los recursos existentes a incrementar o potenciar los servicios ya habituales en las zonas de influencia más próximas al poder periférico.

     Si verdaderamente deseamos que nuestros hijos puedan ser poseedores de un futuro próspero en nuestro propia tierra, no debemos desde hoy mismo, tener temor alguno a derribar utopías. Por lo tanto, hemos de exigir de la Administración el mismo tratamiento que la misma nos requiere a la hora de satisfacer nuestras obligaciones de ciudadanos para con ella. A nosotros no se nos efectúa un descuento en nuestros impuestos como consecuencia de resultar los servicios administrativos más necesarios en nuestra sociedad moderna, tales como; las áreas industriales más desarrolladas, los hospitales y las universidades, prácticamente inasequibles, o, como mucho, accesibles en condiciones de enorme dificultad, en clara contraposición a otros ciudadanos situados geográficamente mucho más próximos a su uso y disfrute. Muy por el contrario; la «ley del embudo», viene a hacerse más patente en nuestra ya anacrónica situación: muy ancha en el extremo de la aportación y enormemente angosto en el de recepción.

     Próximos, muy próximos están ya los comicios para la elección del futuro órgano gestor de nuestro Ayuntamiento. Los hombres y mujeres que hayan de configurar nuestra futura Corporación, habrán de volcar todo su esfuerzo a fin de conseguir el vital desarrollo que Requena y, por extensión, su comarca, precisan respecto a esos tres puntos fundamentales que anteriormente mencionamos, cuyos objetivos, de lograrse, habrían de aportar a nuestras generaciones actuales y futuras, un medio de vida tocado con el suficiente y legítimo carácter de modernidad, acorde al carácter europeo que se viene intentando imprimir a la actual sociedad española.

     Acabamos de mencionar a las personas que han de constituir nuestra futura y renovada Corporación Municipal, como el verdadero motor de la máquina ejecutiva del plan de acción que haya de realizar nuestro futuro, pero a fuer de ser justos y sinceros, realmente estimamos que no es solamente a ellos a quien corresponde la total responsabilidad en la realización de tan transcendental empresa. Esta viene a ser, a nuestro juicio, una tarea a cuya ejecución hemos de aportar un más que exhaustivo esfuerzo todos los requenenses, sean miembros o no del ejecutivo local, lo esencial será asumir para el futuro una consciencia plena de lo que nos vamos a jugar y responder en consecuencia.

     Requena, nuestro pueblo, es el resultado del trabajo y la lucha de muchas generaciones ancestrales, las cuales, antepuestas en el tiempo a la nuestra, fueron dejando lo mejor de su vida en la realización de una atractiva y común tarea que nosotros tenemos la obligación de continuar.

     Requena es, igualmente, el conjunto de realidades hecho ciudad, donde habrán de vivir, trabajar y aquilatarse nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos. Nuestra responsabilidad, por lo tanto, es realmente tremenda. Ojalá que ni unos ni otros deban un día someter a juicio a una generación intermedia por lo que pudo y no supo realizar.

JULlAN SANCHEZ SANCHEZ

 

(Publicado en El Trullo de Junio de 1987)