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| Para naturales desmemoriados y forasteros ignorantes de las locales costumbres requenenses, se hacen públicos los siguientes consejos y precauciones para posibilitar el máximo disfrute y mínimos padecimientos en nuestra tan señalada, suntuosa, excelsa, loable, maravillosa y, en fin, inefable Noche de la Zurra. PRIMERO Que la cena, preferiblemente, sea ligera; pues al estar el estómago poco repleto de manjares sólidos dispondrá de más espacio para los líquidos; y también porque, así, se disminuirán las cantidades de alimentos semidigeridos que, a causa de las náuseas vínicas, son vomitados profusamente a nuestras plazas, calzadas y aceras; y que tan mal aspecto estético- higiénico dan a la ciudad de Requena por tales fechas, entristeciendo los sentidos de los deambulantes y obligándoles a zigzaguear para conservar impolutas las suelas de su calzado. SEGUNDO Para la provisión de vino es aconsejable no portar vasijas de cristal o de otros materiales igualmente frágiles, pues debido a la falta de reflejos, de equilibrio y disminuida precisión de movimientos que suele padecer buena parte del personal participante en esa noche, tales objetos, susceptibles de romperse, encierran gran riesgo de causar desgraciados accidentes cruentos o, como mínimo, derramamientos indebidos (que para regar la calle ya está el agua, que no el vino cuyo mejor lugar del flujo es el tubo digestivo). TERCERO Es muy recomendable el uso de ropas viejas. Porque los cuernos de las vaquillas, que tradicionalmente son corridas al principio de la noche, no discriminan prenda que se les ponga por delante a la hora de desgarrarla, pues es sabido que son, éstas, fieras agresivas que, por naturaleza, atacan tanto al engalanado como al harapiento. Además de que no siempre el chorro de la bota llega a su destino natural, la boca, sino que no faltan ocasiones en las que el vino va a parar a blusas, camisetas y pantalones. Y porque, también, son frecuentes los remojones repentinos provenientes de jarras, palanganas, cubos, barreños y...¡quién sabe si algún bacín!, que desde balcones y ventanas vierten alevosamente algunos requenenses vecinos al pasar por sus calles la festera multitud. CUARTO No estorbará el toque de instrumentos musicales, tanto ortodoxos (bombos, tambores, trompetas, etc.) como heterodoxos o de fabricación casera (pitos, carracas, cencerros, etc.) que pueden contribuir, grandemente, a crear el festivo y desenfrenado ambiente deseado. También se exhorta a la entonación de cantares y cancioncillas, en consonancia con el espíritu de la noche, que, fruto de la imaginación, ingenio y gracia de mentes inquietas, aporten alguna pincelada de originalidad; pues la rutina y la repetición son las vísperas de la indiferencia, el aburrimiento y el tedio. QUINTO En la Noche de la Zurra abandónense domicilios y hospedajes; húyase de bares, pubs y discotecas; y que las vías públicas sean invadidas por hombres y mujeres, grandes y menudos, flacos y rollizos, mozos y carcamales, juiciosos y tarambanas, ricos y menesterosos, inteligentes y zoquetes, honrados y granujas, laicos y beatos, conservadores y revolucionarios..., que ésta es noche de fiesta, alegría, diversión, jolgorio, regocijo, disfrute, deleite, voluptuosidad, concupiscencia y frenesí. Despréciense gaseosas, colas y refrescos, cervezas, ginebras y whiskys. Solamente el vino ha de ser bien recibido, y estrújese la bota hasta que eche la última gota.
JAVIER MONTES PEREZ (Barrio Peñas)
(Publicado en El Trullo de Junio de 1987) |