Cuando se nos pide una vez más colaborar con esta entrañable revista, se agolpan infinidad de temas que podrían tener cabida en sus páginas, pero seleccionamos uno, creemos interesante, para esta edición.

     ¿No tendremos que reinventar la Fiesta? Para los que hemos sido muchas veces comisionados y colaboradores, se nos plantea la tesitura (siempre dubitativa) de si ha llegado el momento de cambiar algunos planteamientos, que si en su día fueron perfectamente válidos, quizá hayan perdido fuerza o, lo que es igual, oportunidad.

     Pensemos en el momento histórico en que surgió la Fiesta y comparemos el salto de «siglos» que nos separa de ello. La vida, costumbres, ocio, dinero..., ni se parecen. La Fiesta sigue anclada en un tanto por ciento muy alto en tiempo pasado. No voy a descubrir que algo ha cambiado, que se ha parcheado en varias ocasiones, sirviendo momentáneamente, pero creo que el cambio que requiere es mucho más profundo, más importante.

     La Fiesta, tiene que tener un aire nuevo, moderno, de fiesta actual (popular, de participación, cultural...), conservando lo esencial, abandonando lo que es lastre y dotándola de la fuerza vital que la potencie y proyecte.

     Uno de los puntos básicos, a mi entender, es la elección de hombres y mujeres. Hay sistemas mucho más efectivos que el actual y se ha demostrado en otros sitios.

     Otro es el planteamiento de la economía, si queremos fiesta, hay que colaborar más. Esto se repite desde siempre, pero no se pone en práctica. Entiendo que deben ir unidos Pueblo-Comercio-Ayuntamiento y, capítulo especial, las industrias que viven del vino. Industrias que, directa o indirectamente, son potenciadas desde la Fiesta. Y dos entidades que creo tienen mucho que decir en el programa, la Estación de Viticultura y Enología, conjuntamente con la Escuela de Capataces y Bodegueros (concursos de vinos, de uvas, charlas, coloquios, cursillos, catas...), que nos enseñen a amar el vino y a saber disfrutar con él.

     Atracciones y festejos acordes a presupuestos. Sobre todo potenciar lo nuestro para ofrecerlo a los demás. Música, folklore, gastronomía... (otros lugares han editado discos con música de autores propios, muy vendibles, y han repetido).

     Las mujeres de la fiesta se tendrían que vestir a lo largo del año en muchas más ocasiones (como ocurre en las Fallas). De ello se desprende que tendrían que participar en recogidas de donativos, rifas, loterías..., y en cuantos momentos de índole socio-cultural sucedan en nuestra dudado Quizá reducir el número y dotarlas de participación más intensa.

     Potenciar la fiesta en general a través de esa fuerza inmensa que son los Racimos, que, de alguna manera, le están enseñando a las comisiones cómo se trabaja unidos por una causa. Potencial paralelo hasta hoy e integrado en el futuro, según mi criterio.

     No me extiendo más. Queda mucho por decir y planificar. Los que estamos quemados por los sarmientos de muchas ediciones de la Fiesta aportamos ideas para que una pujante juventud las ponga en práctica.

     Y si procede, la desaparición de una vez por todas de una comisión que se llama permanente, que permanentemente está ahí; ¿por qué y para qué?

A.M.D.

 

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1987)