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| En las largas e inolvidables veladas invernales, sentados bajo la chimenea, gozando del suave calorcillo de algún tronco que se consumía lentamente (aún no estaban de moda las estufas), en este ambiente la gente se sentía más locuaz: y se contaban muchos casos y cosas en su mayoría muy interesantes o pintorescas. Era allá por los años veinte y lo contaban personas que, en aquellas fechas ya tenían una edad avanzada. Referían de cuando Serrano Clavero publicó "Docena de Fraile" y le regaló a su amigo D. Manuel Jordá, un ejemplar con la siguiente dedicatoria: (autógrafa) A Manuel Jordá:
Para comprender lo que en aquellos tiempos valía una peseta, bastará con decir, que el jornal de un adulto oscilaba entre las 3 y 4 pesetas; por lo tanto constituía una indudable prueba de aprecio. Este hombre D. Manuel Jordá era de un inagotable buen humor. Publicó algunos periódicos, satirizando asuntos locales. No obtenía ningún beneficio, sólo lo hacía por divertirse. De aquellos periódicos recordamos algunos títulos, muy significativos, como:"El P.D.T."; "El O.G.T."; "El Zuruto" (debajo del encabezamiento se leía "Periódico altamente bruto"). Otro de ellos lo tituló "La Güeña" y a continuación decía así: "En las Peñas y en La Villa, cada güeña una perrilla, sin embargo en El Arrabal, cinco güeñas un real". En otro periódico de estos también decía: "Redacción y Administración, el Olmo de San Antón - Propietario ninguno todos somos aparceros". Debemos aclarar a los jóvenes, que el "Olmo de San Antón", era un árbol centenario, muy corpulento, situado a la orilla del poblado de San Antonio en las inmediaciones de la carretera. Fue destruido por una tormenta, allá por los años veinte (mencionado por D. Rafael Janini, en su libro "Arboles centenarios de la provincia de Valencia"). También incluía algunos anuncios (por los que naturalmente no percibía nada), del orden siguiente: "Van doscientos no se cuantos a beber casa de santos". "Siempre en casa de la Alberta hay un lleno hasta en la puerta". Eran dos populares tabernas en la calle de Miguel Marco. "Ricardo Rodrigo, gran paquetería cerrada de noche y abierta de día". "Por el día y por la nit, vende pescao Tamarit" (aquí buscando la rima tuvo que recurrir a una palabra de la lengua valenciana). "Hace buñuelos Felicia que se comen con delicia" Una buñolera, algo sorda que hacía y vendía su mercancía en la hoy llamada Plaza de España. Algunos de sus chistes y "pensamientos", resultaban escandalosos para aquella época, como estos: ¡Ay Santo mío! ¡Ay Santo bueno! A ti te dirijo mis preces para que se ponga aquello como otras veces. (Es el fragmento de una oración que rezaba un anciano al santo de su devoción). "¿Qué le pasa a Juana que cuando va al pajar sólo se ensuncia por detrás?". Y éste muy mordaz: "Todos los sabios dicen que descendemos del mono, pero el que vea a los municipales dirá que descendemos de otros animales". Nos hubiera gustado ver la reacción de aquellos miembros de la Policía Local. También intercalaba algunos "consejos" como éste: "Lo mejor contra la inapetencia es tener ganas de comer" Otro fragmento:
Otra persona que no se quedaba atrás en cuanto a buen humor fue D. Ricardo Rodrigo, que tenía un establecimiento de paquetería en la calle del Peso: dejando aparte su buen humor, era una excelente persona y hombre de bien. Veamos algunas muestras de su afición a los chistes y bromas: En cierto carnaval, salió a la calle disfrazado con un letrero a su espalda que decía "Yo soy Ricardo Rodrigo, el que vende beta e hilo". Un día del mes de Enero, en que hacía un frío intensísimo, hasta el punto de que a intervalos caía agua y nieve: nuestro hombre se puso a la puerta de su tienda con un gran cesto lleno de abanicos, propaganda de su establecimiento y sobrantes del verano anterior. Los ofrecía a los escasos transeúntes que circulaban por la calle y se los ofrecía diciendo: ¡Señores no se amontonen que habrá para todos, guarden orden! y también añadía: ¡Ocasión, Ocasión! gran surtido de abanicos recibidos del Japón. Figúrese el lector aquellas personas que tiritaban de frío y tapados hasta las orejas, como reaccionarían ante tan original obsequio. Otra estampa retrospectiva: Allá por el año 1890, circuló la especie de que la iglesia de San Nicolás amenazaba ruina. Las gentes fueron notando, que poco a poco, algunos cultos se trasladaban a la iglesia del Carmen, hasta el extremo de que aquel año la tradicional y popular Misa del Gallo; que se celebraba en todas las parroquias con gran solemnidad, también fue trasladada al Carmen. Esto produjo hondo malestar y los más agudos comentarios del vecindario del barrio de La Villa; siendo las más exaltadas, las mujeres. Las gentes culpaban de todo al cura párroco y al sacristán de la misma iglesia: San Nicolás, que por estar el templo alejado del centro de la población les era más cómodo, ir al Carmen. No sabemos cómo, pero lo cierto es que estos ecos llegaron hasta Cuenca a cuya Diócesis pertenecía el Arciprestazgo de Requena. El Obispo mandó a un arquitecto, que previos los reconocimientos oportunos, dictaminó de forma categórica y terminante de que San Nicolás se encontraba muy lejos de amenazar ruina y por lo tanto podían proseguir los cultos normalmente. Esto produjo júbilo general en el barrio de La Villa y especialmente entre las mujeres, hasta el extremo de que algunas moñudas, pletóricas de entusiasmo exclaman: ¡¡Viva el"arquiteto"!! (así, suprimiendo la c). Contrastaba esta devoción tan entusiasta a San Nicolás, con la circunstancia de que a este templo, a la misa diaria no asistía nadie la mayoría de veces era para los bancos y las sillas solamente. Esto tiene su explicación en invierno, pues era una auténtica nevera: pero en verano... sucedía lo mismo. De este templo tenemos muchos y entrañables recuerdos las personas mayores. Uno de ellos era la festividad de San Antonio Abad, que tenía una numerosa cofradía. En la tarde de su víspera se encendía en su plazuela una monumental hoguera, que permanecía durante toda la noche. En el interior del templo se cantaba a toda orquesta la salve de Eslava (verdadera joya musical). Al otro día (el comercio cerraba por la tarde sus puertas), se celebraba la pintoresca "pará", consistente en la subasta de diversos y variados objetos, además de abundante salazón de cerdo. Por la mañana de este día, se vendía el ya olvidado y muy típico turrón de cañamones (a base principalmente de cañamones y miel) que por cierto se agotaba muy pronto. Entre tantos recuerdos mencionaré uno que oímos referir a alguna viejecita: "Orgulloso debe estar San Nicolás en su templo; arriba tiene una imagen y a sus pies el Sacramento". De Santa María también referiré algo: En uno de los laterales del altar mayor, había una hermosa imagen de San Expédito, que según decían era abogado de cosas difíciles. Tenía de fama de casar a mujeres que por algún defecto físico o cualquier otro les era difícil encontrar novio o marido. Es de suponer que habría que pedírselo con mucha devoción, naturalmente. Tenía numerosas devotas, aunque por razones obvias solía disimularse algo esta devoción. En muchas ocasiones aparecían velas al pie del altar ofrecidas siempre en el mayor anonimato. En otras ocasiones la vela era portada por alguna mujer ya muy vieja, que naturalmente no podía levantar sospechas que fuera ella la oferente. Esta devoción fue muy intensa en tiempos pasados, pero se fue apagando poco a poco, al ser suprimida esta parroquia. Mencionando otra vez a D. Manuel Jordá señalaremos como muy lamentable que a este señor no le diera por escribir cosas más serias, pues demostró una gran inspiración e ingenio. Para terminar mencionaremos otro rasgo de su buen humor: Tenía una parcela de viñedo en la que había una casita; pintó en su frontal un flamante letrero que decía "Villa Ceporro". Con referencia a los periódicos que publicó quizá quede algún ejemplar mezclado entre papeles viejos o junto a objetos en desuso, en algún olvidado y polvoriento rincón. LUIS GARCIA GRAU
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(Publicado en El Trullo de Agosto de 1988) |