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| Si alguna estructura social pudo realizar alarde de captación del difícil fervor popular, durante el transcurso de todo su ciclo de actividad, esa vino a ser sin duda la Rondalla y Coros de Requena. Si alguna estructura social llegó a alcanzar la consideración general de modelo de convivencia, altruismo y visceral rechazo de clases, esa debió ser, sin duda, la Rondalla y Coros de Requena; aquella agrupación músico-vocal que tan magistralmente dirigiera nuestro querido maestro; el maestro de Requena, D. Rafael Bernabeu López. Desde muy niño, siempre me ha maravillado la facilidad que, intrínsecamente, viene a patentizarse en las gentes de mi pueblo, a la hora de proceder a la realización de las más inauditas empresas, obteniendo de ellas unos resultados que, por su efectividad, llegan a sorprender a la presunción más optimista. Faltarían páginas a esta revista a fin de poder dar justa cabida a la infinidad de ejemplos que, para su debida constatación, se lograrían citar aquí. De la misma forma, habremos de reconocer los requenenses, la genuina dificultad, componente básico constitutivo de nuestra especial forma de ser, de que se nos consiga convencer para que, de forma espontánea, movamos a la realización de acciones de carácter colectivo, toda vez que, el individualismo, viene a ser, sin duda alguna, el principal exponente que ha caracterizado la actuación de cada miembro de nuestra comunidad local, en los actos, por el materializados, que en mayor o menor grado, hayan merecido quedar registrados en las fecundas páginas de nuestra oficial y particular historia. Seguramente, también habría que derramar gran cantidad del negro líquido impresor, a fin de lograr la exhaustiva nominación de las personalidades requenenses que, de forma más o menos trascendente, se han venido caracterizando a lo largo y ancho de su peregrinar cotidiano por esta sufrida tierra nuestra, dando sentido a cuanto en este párrafo acabamos de manifestar. Inútil sería, por lo evidente, enumerar aquí las grandes realizaciones que Requena se ha venido otorgando así misma en el transcurso de su antiquísimo y rico historial, las cuales, han venido imprimiendo el especial estigma forjador de su actual personalidad de ciudad, así como su notable y peculiar influencia en el carácter sociocultural de su estructura humana. Una de estas "realizaciones" vino a ser sin duda aquella tan querida, como laureada agrupación músico-vocal que conocíamos como Rondalla y Coros de Requena, la cual, debido a la indudable calidad de sus interpretaciones, llegó a apropiarse, legítimamente, del fervor popular durante los decenios del 50 y 60. Sí, verdaderamente la Rondalla fue, por mérito propio, personaje principal en la Requena de entonces. Nuestra Rondalla y Coros de Requena, vino a ser, entre otras cosas, tal y como al principio quedó constatado, un perfecto modelo de convivencia social. Creada con la naturalidad que suele encontrarse en las entrañas de lo verdaderamente espontáneo, los hombres y mujeres componentes de su heterogénea contextura humana, venían a ostentar legítima representatividad a toda una amplia gama de personalidades pululantes y configurantes de la variopinta red de actividades circunscritas al espectro socioeconómico de la ciudad. Maestros, funcionarios, profesionales, oficinistas, agricultores, amas de casa, estudiantes, comerciantes, albañiles, peones, etc., venían a conformar las masas coral e instrumental; generosa pléyade que diera vida y personalidad a ese majestuoso conjunto que tanto aportara en calidad a la cultura de Requena, pregonando su buen nombre tanto dentro, como fuera del propio suelo. De sus disciplinadas y bien coordinadas entrañas corales, sería justo destacar aquí el recuerdo emocionado a unas individualidades de carácter más que meritorio, como realmente llegaron a ser; la asopranada y maravillosa voz de Pilar Navarro, así como la del tenor Pedro Alarcón, a la sazón primerísimas figuras de unos coros de inmejorable calidad. Recordemos, igualmente, otras de sus personalidades corales más notables: Afinadas voces de tiple de otras dos Pilares; Pilar Ruiz y Pilar Garcés. Voces abaritonadas y potentes como fueron las de Eduardo Castellanos y Pedro Gilabert -hoy gran figura de la lírica profesional-; así como las atenoradas voces de Paco Royo, Julián Sierra e Isidoro Sánchez. Como capitán del grupo de cantores bajos, como no; D. Francisco Sánchez Roda, personaje fundamental en la reconstrucción cultural requenense a lo largo de nuestra sufrida y desaforadamente amplia postguerra. Bajo la magistral batuta del director Bernabeu, artista genuino de sensibilidad más que asombrosa, la siempre afinadísima orquesta de cuerda y percusión, daba entrada y acompañamiento al bien logrado conjunto coral, hasta posibilitar la integración de ambas partes en un solo ente interpretativo, con cuya acción, nuestro mal llamado género chico alcanzaba un sentido melódico de tal magnitud que llegaba a cautivar la sensibilidad del oyente, fuese o no aficionado a esta clase de música. Pero aún no se sabe que desdichado día, la magistral batuta dejó de trazar su esgrimístico e ininteligible abecedario aéreo. Las cuerdas, instrumentales y humanas, enmudecieron. La Rondalla, como si emular al ibérico Guadiana desease, desapareció dentro de su propia sede, aunque, con el triste agravante, respecto a la legendaria y fluvial arteria, de ya no volver a reaparecer. Desde aquel penoso momento, nuestra ancestral calle del Colegio, espectadora privilegiada del génesis de unos éxitos arrancados al trabajo y a la sensibilidad, quedó reducida a la simple monotonía del cotidiano trasiego del viandante. El Teatro Principal, ya no viste las ostentosas galas del estreno; habiendo perdido la otrora bien ganada categoría de magno Auditorio, donde su pueblo venía a concentrarse como primario ente receptivo de una música de verdadera calidad. Hasta la Madre; nuestra querida Patrona, viene echando de menos su "Rondalla", auténtico espíritu de solemnidad, que con su amplio abanico de suaves voces, solía otorgar especial significación a sus tradicionales y fervorosos triduos y novenas. Para cualquier persona que ame la literatura, no puede existir mejor exponente de un genuino sentimiento que una expresión puramente poética. Y, para que esta expresión poética llegue a quedar perfectamente plasmada, seguramente no podría encontrarse mejor vehículo que el que puede ofrecernos la rítmica belleza del soneto:
Julián Sánchez Sánchez.
(Publicado en El Trullo de Agosto de 1988) |