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| Puede que a muchos les resulte conocido el relato del viaje realizado por España por D. Antonio Ponz en la segunda mitad del siglo XVIII. Pero para otros, será algo nuevo e impresionante, la descripción que hace de nuestra tierra de Requena, a su paso por ella. Fue D. Antonio Ponz un ilustrado del siglo XVIII. Un ilustrado valenciano, además; nació en Bechí ( Castellón) en Junio de 1725. Estudió, en el Seminario Diocesano de Segorbe -que educó a tantos hombres eruditos y de talla principal,- Filosofía, Teología y Dibujo. Viajó por Venecia y Roma. Más tarde y tras realizar por encargo de D. Pedro Rodríguez Campomanes un viaje por Andalucía en el que descubrió no sólo las pinturas expuestas en los Colegios de la Compañía de Jesús sino también, los paisajes, economía y costumbres de lo que a su paso conocía, inició un extenso viaje por toda España (a partir de 1771), describiendo los caminos, geografía, cultura, economía y en suma todo cuanto pasaba ante su vista. El segundo centenario del fallecimiento de Carlos III ha traído a toda la vida española, un recuerdo de esa apasionante etapa carolina. Todos los hechos de aquel buen rey y de su época están siendo reeditados. Entre ellos destaca la edición de Aguilar, "Los Viajes de España" de D. Antonio Ponz. Pues bien, en su tomo III y en su carta VIII, descubrimos el recorrido que hizo desde la Villa de Alarcón a Requena y de esta ciudad a Valencia. Creo que es importante que los requenenses conozcamos la descripción que hizo D. Antonio de nuestra tierra y de nuestra ciudad. Releer a tan insigne viajero su andadura por nuestra comarca, hace casi dos siglos, nos retrotrae a una Requena de casi 6.000 almas todavía castellana, con un viñedo poco desarrollado, con una gran riqueza en telares de seda cuantificada, con un sinfín de huertas que hacen la admiración del escritor. Admiración que se reproduce en nosotros y que cautiva nuestra atención al leer sus impresiones de la Requena de hace 200 años. Dice Julián Marías que la cultura del S. XVIII hizo suya "la interpretación visual del conocimiento" y que "una pasión de ver, domina esta época". En el caso de D. Antonio Ponz, la afirmación es categóricamente cierta. Vio España. Pero además nos dejó testimonio escrito de su visión geográfica, cultural y económica de la España de finales del XVIII. Y dentro de ella, nos legó una breve pero descriptiva visión de Requena. Leámosla. JAIME LAMO DE ESPINOSA
VIAJE DE ESPAÑA. TOMO III 22. Minglanilla es abundante en caza; de los frutos de la tierra no lo es tanto, pues ya empieza desde aquí la sierra, que divide el reino de Valencia de la Mancha. Desde Iniesta a Minglanilla se descubre el estado de Jorquera, compuesto de varios y buenos pueblos; ala izquierda se ve el lugar de la Graja. 23. Desde Minglanilla continué mi camino hacia Requena e hice mediodía en Villargordo, que es lugar muy corto, perteneciente al marquesado de Moya, el cual se extiende sobre la izquierda de esta ruta. Dos leguas antes de llegar a él se pasa el río Cabriel, bastante caudaloso, y para pasarlo se baja una penosa cuesta y luego se sube otra, que lo es más. Junto al río está la venta llamada de Contreras, y a una jornada más abajo de su corriente, que es hacia Mediodía, se juntan las aguas del Cabriel con las del Júcar en un lugar llamado Coflentes, que, sin duda, se origina este nombre del latín confluentes o confluentia, como el de Coblenza, ciudad de Alemania, en el electorado de Tréveris, en donde se unen los ríos Mosela y Rin. 24. Las cinco leguas que hay de Villargordo a Requena son, por la mayor parte, un territorio de pinares y carrascales, mezclados entre algunos sembrados; pero antes de llegar se atraviesa una vega bastante ancha y bien cultivada, en que hay buen número de caseríos. Se riega con un riachuelo, cuyo nombre creo que es Oliana. Vulgarmente lo llaman río Caudete, por nacer cerca de un pueblo de este nombre, tres leguas más arriba de Requena, y va a parar al Júcar. Es Requena una villa grande, y entrando la población que hay fuera de sus muros, acaso no irá lejos de mil quinientos vecinos, que me dijeron había. Yo hice poquísima mansión en ella; sin embargo, vi en dos de sus tres parroquias, es, a saber: en la de San Salvador y la de Santa María, fachadas góticas de muchas labores, pero no de las más diligentes. Lo de dentro todo son renovaciones y altares, de que hay poco que decir. Hay conventos de religiosos Carmelitas Calzados, de San Francisco y de monjas Agustinas. Es grande su cosecha de vino y de otros frutos. Se calcula que hay en esta villa más de seiscientos telares de seda, tejiéndose telas y cintas de varias suertes, con lo cual se hace no pequeño comercio, conduciendo los géneros a Sevilla, Cádiz, Madrid y otras partes. En este camino, desde Villargordo, se dejan sobre la mano izquierda los lugares de Mira, Camporroble, Fuenterroble, Caudete, y muy cerca de él, la villa de Utiel. 25. Salí de Requena por la mañana, y me alegré de ver la gran porción de huertas que hay alrededor de la villa, para cuyo riego logra agua también de las fuentes de Rozaleme y Reinas, que nacen muy cerca de ella. El tránsito desde aquí a Buñol se ha tenido siempre por peligroso de ladrones, y en particular las angosturas, vueltas y revueltas de la bajada y subida en el monte que llaman de las Cabrillas; pero yo me acordaba entonces de lo que dijo cierto poeta: Cantabit vacuus coram latrone viator; Y de lo que, imitando este pasaje, dijo otro de nuestros antiguos poetas:
En fin: yo no tuve miedo ni motivo para tenerle. A las tres leguas después de haber salido de Requena, se encuentra entre aquellos cerros la venta de Siete Aguas. Una legua antes de llegar a ella está la división de Valencia y Castilla la Nueva. Otra legua después de la misma, casi todo es subida pedregosa y camino indigno; se pasa antes siete veces un arroyo, que acaso por eso se llamará la villa cercana de la venta de Siete Aguas. 26. Desde lo alto de las Cabreras, o Cabrillas, se presenta un objeto, el más delicioso que se puede pensar, y es toda la huerta de Valencia, descubriéndose también los montes de Denia y San Felipe, la cordillera de Murviedro y más allá, que será la distancia de cerca de veinte leguas. Como la ciudad de Valencia está tan acompañada de lugares en sus inmediaciones y de muchas casas de campo entre ellos, que llaman alquerías, no pudiéndose distinguir bien desde esta distancia sus divisiones, todo ello parece una ciudad, que si así fuera, no la habría habido igual en el mundo. El verdor de aquella dilatada llanura, sembrada de una multitud de pueblos, hacen bella contraposición con el mar, y todo contribuye a formar una vista cual nunca imaginaron los poetas. 27. Al pie de las Cabreras está la venta de Buñol, inmediata a una villa de este nombre. Aquí hicimos mediodía. El ventero, que era uno de las mejores piezas que yo he tratado, nos sacó bravamente el dinero; pero nos tuvo divertidos contándonos su vida en el rato que gozamos de su conversación. A mano derecha de esta venta se ven los lugares de Yatoba, Macastre y otros. 28. Desde la venta de Buñol se va a la venta del Moral o de Poyo. A mano izquierda se ven los lugares de Chiva y Cheste, y a la derecha, Toris y otros. Desde Buñol ya se siente otro temple mucho más benigno que el de las tierras pasadas. Hay asimismo otras plantas, como son algarrobos, olivos muy crecidos, moreras, pitas, etc. (1) - Don Jerónimo de Villegas, prior de Covarrubias, al fin de La D. Comedia de Dante, traducida y publicada por su hermano don Pedro Fernán de Villegas, arcediano de Burgos. ANTONIO PONZ
(Publicado en El Trullo de Junio de 1989) |