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REQUENA...
De las mañanas altas, ebrias de azul eterno, a los atardeceres mendicantes de sol, bruñen en piedra noble cicatrices de Historia que aún sangran viejas linfas del orgullo español.
El Castillo, recorta sobre un cielo heladizo el dibujo almenado de un pasado marcial mientras, al pie, lo arrullan un tramado de cuestas que hoy suben dulcemente de su viejo Arrabal.
Restallantes bombardas mellaron las aristas de la alta Fortaleza que nunca se abatió y Requena, formando galeotes de la viña, cerrando sus heridas sobre el tiempo saltó.
Y nutrió sus legiones de recios labradores para una guerra nueva de amores y de paz y derramó en la vides su sangre recia y roja pagada, con largueza, con su primer agraz.
Y Requena, que supo de guerras y de asedios, clausuró las murallas del aguerrido afán y abrió luego sus puertas y ajardinó ventanas y encendió la batalla para el vino y el pan.
Y bordó sobre el suelo la trama del viñedo que alinea los hilos de un mítico telar donde se teje un vino de aromas marineros como el de tantas ánforas que aún duermen bajo el mar.
Y por eso, Requena, vendimiadora y prócer, entre el surco y la viña y entre rezo y cantar, mece trigos y vinos en su cuna amorosa y sirve con sus sueños la mesa y el altar.
SUS VIDES...
¿Se puede ser leal a dos banderas? ¿Se puede, entre las viñas y las eras, ser vino o cereal, o serio todo?..
Pues Requena es el modo de ser panera viva y ser bodega donde la vid entrega el parto vertical de un mosto niño que, encendido de amores, gestado con trabajo y con cariño bajo un sol limpio y parco de calores, trascendente de esfuerzo y de sudores, se hace océano ingente y desbordado de vides y trigales, que han forjado una legión de rudos labradores. Y en un paisaje ansioso de horizontes, arañando los montes desde el talón guerrero de Las Peñas, a resguardo de páramos y breñas, y el castro venerable de La Villa oficiando de quilla y rompiendo cadenas, se dispara la inmensa maravilla de un mar de arcilla, sin ejido apenas, rayado en solfa por las verdes venas de un reinado que, en hilas militares, remeda mansos mares sobre los que navega a la ventura una ilusión homérica y segura.
y en esta "soledad acompañada" se extiende, silenciosa, la viñada que tan sólo se torna fragorosa cuando se hace Vendimia procelosa.
Y plantas, crujideras y bobales, garnachas y royales, con sus mantos de pámpanas joyantes se ciñen, a ponientes y a levantes, las galas imperiales de todas las familias vegetales.
Es como una pradera en la que el día liba pautas para una geometría de vides militantes y ordenadas y de nanas cantadas entre besos y mimos que, mientras hierve el mosto en los racimos, nuestra Vendimia pace un ensueño de madres al regazo y hace que cada niño que aquí nace traiga una cepa virgen bajo el brazo...
SUS VINOS...
Y cuando la Vendimia es anunciada para ser ya cosecha bienlograda, se torna en rojos y encrespados mares, en un flujo de vida desmandada, el mosto que fermenta en los lagares.
Y la Vendimia alcanza ya el destino del críptico misterio de ser vino.
Este misterio nunca revelado que viene del pasado y se cuenta por nubes y por soles y tiene bien ganado un privilegio primo en el tramado de los mejores vinos españoles.
Un vino infante que al nacer ya sabe ser prudente y ser suave porque así es su mensaje de primicias que provoca placeres y delicias.
Los vinos de Requena, que han bebido el rocío primario y escondido en el racimo tardo y apretado de un otoño apenas iniciado, quieren que el mundo sepa que en cada libación se ha consumado la liturgia del vino recreado y se ha bebido el verso de la cepa.
Nuestros vinos ya nacen bautizados con las rudas noblezas de sus Palacios y sus Fortalezas y de sus Monumentos venerados, que tienen ya linajes bien ganados de enterizo sabor y noble cuño y trasudan herencias y fervores, no de señores del azor al puño. si no de otros señores que son los labradores del terruño.
Requena se hace vino y se hace fiesta y está su mesa puesta para una Nochebuena de alegría porque es cercano el día del reto europeo de los vinos que están abriendo ya nuevos caminos.
Y ofrecen a Europa el vino para brindis de su copa: este vino frutal, suave y templado, rico en carmines y avaro de sabores que pone compromisos y colores en el grave momento de un pacto del honor o un juramento
Y si tiene Requena el vino ritual de su alacena, porque tiene en amores ya montada para una nueva cenala mesa familiar de Nochebuena, puede decir que todo ya lo tiene, que de casta le viene el hacer, con idílica alegría este vino señor de cada día.
Este vino frutal de la Vendimia que retiene el misterio de la alquimia amorosa y prudente del saber, muchas veces inclemente, de los que con paciencia han hecho de las uvas una ciencia
Y si esto tan solemne y tan logrado Requena vendimial ya lo sabía y, escondido en secreto y en sagrado, callaba que tenía estos vinos de Dios...¿qué más quería?..
JOSE Mª SANCHEZ RODA
(Publicado en El Trullo de Junio de 1989) |
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