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| Hacer una semblanza de José Luis Cano Martínez a estas alturas de su vida, no parece adecuado y totalmente extemporáneo; pero en cambio, si se me permite y a vuela pluma, daré mi versión particular teniendo en cuenta aquellos rasgos personales que más le definen. Aunque sus amores y cortejos se fueron hacia el barrio de Las Peñas, mi amigo Pepe Cano siempre perteneció al barrio del Arrabal. Nació el día anterior a las candelas de marzo del año mil novecientos treinta y tantos en el Café de D. Fructuoso, que se encontraba situado en el actual edificio que ocupa hoy el Banco de Valencia en la Plaza de España; en esta plaza, en el Portalejo y en la Glorieta, alternó juegos infantiles, correrías hasta la fuente de Bernate y Puente de Valencia; hay quien asegura que fue un virtuoso en la práctica del "frendi "y no se le daba mal saltando a "la dola "; nadie aguantó como él cuando le tocó perder jugando a "arroz y melicera".A muy temprana edad ya daba muestras de sus buenas condiciones para el agio, demostrándolo en los intercambios de cromos y "santos", que le permitía obtener algunos beneficios y que gastaba con mesura en el kiosko frente al Bar Negresco o en la adquisición de las tan deseadas chucherías que vendía el "tío" Bruno en los Callejones. A los diez años, -empezando a madurar en la vida-, inició estudios de Bachillerato en nuestro antiguo y querido Instituto; allí, a los amigos de la escuela, de la Plaza de España y del Portalejo, unió otros nuevos con los que si en un principio compartía juegos, luego, con el transcurso de los años fueron inquietudes e ilusiones el objeto principal de las conversaciones. En el Instituto, en ese círculo de amistades, José Cano empezó a desarrollar esa aptitud para organizar, esa facilidad para convencer, basadas en su carácter conciliador y moderado. Ha quedado como un grato recuerdo de aquellos tiempos mozos las funciones que de vez en cuando organizaba, en las que, los ensayos previos con sus errores y con sus bromas, eran una delicia, a pesar del enfado y la puesta al orden que Pepe Cano intentaba establecer. Al llegar la plena juventud y con ello las responsabilidades de la vida, dejó nuestro pueblo y se fue por esos mundos a desempeñar el trabajo de Técnico de Correos que con tanto esfuerzo consiguió. Después de algunos traslados de localidad decidió quedarse definitivamente en Madrid donde viene desempeñando puesto de responsabilidad en la Caja Postal. Siempre fue un buen organizador, inmejorable conversador y afable contertulio y por ello consiguió reunir a Requenenses que vivíamos en Madrid para festejar año tras año, San Nicolás. Al socaire de esa iniciativa se han prodigado distintas e informales tertulias, en las que las historias de antes y los sucesos de la actualidad requenense son el centro de la conversación; nuestra mutua compañía compartiendo vivencias se ve, a veces gratificada con algún sabroso bollo de longanizas y magras del que se da buena cuenta. Este entrañable requenense, conocedor de nuestras costumbres, gentes y de nuestro talante, nos va a permitir que, con su fácil y amena charla, pasemos un rato agradable en ese acto tradicional de la presentación de la Reina Infantil de la Fiesta de la Vendimia; ya lo veréis.A.V.C.
(Publicado en El Trullo de Agosto de 1989) |