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Recuerdo yo con cariño, la noche que yo soñé; que viajaba por España; y en Requena me quedé. Llegué siendo forastera; pero pronto encontré; el cariño de unas gentes, que siempre recordaré.
Pronto visité la Villa, qué Barrio tan especial, sus calles y sus iglesias Monumento Nacional. También recorrí sus viñas con su hermoso reverdor. Las cepas en la cosecha, por el vino del Señor.
Las gentes de este pueblo los llaman agricultores, cultivan grandes viñedos con cariño y sudores.
Era en el mes de Agosto; y pensé continuar, en el pueblo de Requena y sus Fiestas contemplar. La Fiesta de la Vendimia, la más antigua de España, orgullo de Requenenses por su antigüedad plasmada. Plasmada en el Monumento Nacional de la Vendimia, en el que pisan el mosto de las uvas recogidas.
Comienza la gran semana: por la mañana el pregón; por la noche la gran gala, llamada Presentación. Presentación de unas damas; y reinas vendimiadoras. Proclamación de una Reina que el pueblo entero aclama.
Esta noche las estrellas brillan con más esplendor, de ver tanta belleza junta bajo un mismo telón.
Tres barrios tiene Requena, "representando la Fiesta, más ausentes y cooperativas que siempre estarán presentes.
Reinas y damas pasean. el pueblo con ilusión, refajos, llevan bordados con belleza y con primor. Corpiño bien ajustado, camisa blanca de seda, lentejuelas y azabache adornan la manteleta.
La Comisión Infantil también puede contemplar; desfilando por las calles; venían de vendimiar. Entre el niño y la niña, en sus manos sujetaron, el sarmiento con la uva de la cepa lo cortaron.
Tres hermosos monumentos de madera y cartón, le dan color a la Fiesta. Las fuentes de vino son.
El vino por todas partes en Requena encontré. Sus calles engalanadas y sus mesones también. En el mesón de una calle el porrón me empiné, degustando un rico vino que jamás olvidaré.
El Museo de Requena, una tarde visité; contemplando antigüedades y riquezas a la vez.
Las aldeas de Requena están todas muy unidas; mas todas juntas acuden a la Fiesta de la Vendimia.
Una tarde soleada con mi mantón de Manila, fui a la plaza de toros a contemplar la corrida.
La noche del Labrador en Las Peñas celebré; dedicada a un labrador, que todos conocen bien.
En la plaza de la Villa, en la Gran Noche del vino, probé ajo y morteruelo regado con un buen vino.
La Virgen de los Dolores con su cara de tristeza contempla a los requenenses que con gran fe, la veneran. En el altar principal, del centro de la Avenida, le ofrendan flores y frutos; a sus pies los depositan.
La cabalgata, el domingo se celebra en la A venida, entre música y charangas y un montón de fantasías.
Con fuegos artificiales la fiesta llega a su fin, el cielo se ilumina de colores, de festín. Los monumentos se queman con esplendor entre llamas; en la cenizas se quedan las ilusiones pasadas.
Al voltear las campanas de la torre del Salvador, me desperté del gran sueño, con asombro e ilusión. Orgullosa esa mañana, a la calle yo salí contemplando mi Requena que soñando fui feliz.
Paseando por sus calles, al Carmen me dirigí; y le di gracias a la Virgen por haber nacido aquí.
Mi sueño no es fantasía, es pura realidad; llenemos todos las copas... de vino para brindar. Para brindar por Requena, por sus fiestas y sus gentes; y por éste, mi gran sueño que siempre tendré presente.
Maribel
(Publicado en El Trullo de Agosto de 1989) |
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