Recuerdo yo con cariño,

la noche que yo soñé;

que viajaba por España;

y en Requena me quedé.

Llegué siendo forastera;

pero pronto encontré;

el cariño de unas gentes,

que siempre recordaré.

 

     Pronto visité la Villa,

qué Barrio tan especial,

sus calles y sus iglesias

Monumento Nacional.

También recorrí sus viñas

con su hermoso reverdor.

Las cepas en la cosecha,

por el vino del Señor.

 

     Las gentes de este pueblo

los llaman agricultores,

cultivan grandes viñedos

con cariño y sudores.

 

     Era en el mes de Agosto;

y pensé continuar,

en el pueblo de Requena

y sus Fiestas contemplar.

La Fiesta de la Vendimia,

la más antigua de España,

orgullo de Requenenses

por su antigüedad plasmada.

Plasmada en el Monumento

Nacional de la Vendimia,

en el que pisan el mosto

de las uvas recogidas.

 

     Comienza la gran semana:

por la mañana el pregón;

por la noche la gran gala,

llamada Presentación.

Presentación de unas damas;

y reinas vendimiadoras.

Proclamación de una Reina

que el pueblo entero aclama.

 

     Esta noche las estrellas

brillan con más esplendor,

de ver tanta belleza junta

bajo un mismo telón.

 

     Tres barrios tiene Requena,

"representando la Fiesta,

más ausentes y cooperativas

que siempre estarán presentes.

 

     Reinas y damas pasean.

el pueblo con ilusión,

refajos, llevan bordados

con belleza y con primor.

Corpiño bien ajustado,

camisa blanca de seda,

lentejuelas y azabache

adornan la manteleta.

 

     La Comisión Infantil

también puede contemplar;

desfilando por las calles;

venían de vendimiar.

Entre el niño y la niña,

en sus manos sujetaron,

el sarmiento con la uva

de la cepa lo cortaron.

 

     Tres hermosos monumentos

de madera y cartón,

le dan color a la Fiesta.

Las fuentes de vino son.

 

     El vino por todas partes

en Requena encontré.

Sus calles engalanadas

y sus mesones también.

En el mesón de una calle

el porrón me empiné,

degustando un rico vino

que jamás olvidaré.

 

     El Museo de Requena,

una tarde visité;

contemplando antigüedades

y riquezas a la vez.

 

     Las aldeas de Requena

están todas muy unidas;

mas todas juntas acuden

a la Fiesta de la Vendimia.

 

     Una tarde soleada

con mi mantón de Manila,

fui a la plaza de toros

a contemplar la corrida.

 

     La noche del Labrador

en Las Peñas celebré;

dedicada a un labrador,

que todos conocen bien.

 

     En la plaza de la Villa,

en la Gran Noche del vino,

probé ajo y morteruelo

regado con un buen vino.

 

     La Virgen de los Dolores

con su cara de tristeza

contempla a los requenenses

que con gran fe, la veneran.

En el altar principal,

del centro de la Avenida,

le ofrendan flores y frutos;

a sus pies los depositan.

 

     La cabalgata, el domingo

se celebra en la A venida,

entre música y charangas

y un montón de fantasías.

 

     Con fuegos artificiales

la fiesta llega a su fin,

el cielo se ilumina

de colores, de festín.

Los monumentos se queman

con esplendor entre llamas;

en la cenizas se quedan

las ilusiones pasadas.

 

     Al voltear las campanas

de la torre del Salvador,

me desperté del gran sueño,

con asombro e ilusión.

Orgullosa esa mañana,

a la calle yo salí

contemplando mi Requena

que soñando fui feliz.

 

     Paseando por sus calles,

al Carmen me dirigí;

y le di gracias a la Virgen

por haber nacido aquí.

 

     Mi sueño no es fantasía,

es pura realidad;

llenemos todos las copas...

de vino para brindar.

Para brindar por Requena,

por sus fiestas y sus gentes;

y por éste, mi gran sueño

que siempre tendré presente.

 

 

Maribel

 

 

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1989)