En nuestro pueblo siempre hubo una publicación semanal: a través de los años surgieron muchas. Mencionar a todas sería tarea ardua y complicada. Es verdaderamente lamentable que en la actualidad no tengamos ninguna.

     Quiero referirme a una de ellas que se tituló "El Eco de la Región" (1) cuyo primer número salió a la luz el 18 de Febrero de 1894 (hace 95 años) de carácter marcadamente festivo; pero también abordaba, y ya en serio, algunos temas de interés general.

     En su cabecera se leía: "El Eco de la Región - Aparecerá cuando pueda o quiera - Redacción: El Cerro de las Canales".

     De este semanario leemos un pequeño verso de autor anónimo:

En Requena nací

en Requena me crié

y si alguna vez salí

en mi Requena pensé,

 

No puedo decir que fui

a la Rusia ni al Japón

pues sólo me permití

en viajar hasta El Pontón,

 

y adquirí conocimientos

tan profundos y cabales

que lo mismo tomo un duro

que si me dan veinte reales.

     Estos veinte reales, su equivalente a un duro o cinco pesetas, eran una cantidad importante en aquellos tiempos; para dar una idea del nivel de vida de entonces, bastará con decir que el jornal de un adulto estaba alrededor de las 3 pesetas. Cuando se hablaba de dinero solía hacerse por reales y duros.

     También leemos en el mencionado periódico, el anuncio de una pastelería establecida en la que entonces se llamaba Plaza del Arrabal, 9 (hoy Plaza de España).

     Se anunciaba en verso con una poesía sencilla y hasta ingenua, que por razones de espacio sólo puedo reproducir dos estrofas, como botón de muestra:

Si de tu novia

tuvieras celos

ven a mi casa

a por caramelos

     Y por este tenor eran las demás estrofas cada una dedicada a uno de los géneros que vendía; terminaba así:

De todo tengo

ven que te aguardo

yo soy García

de Leonardo.

     Esta pastelería también se anuncia como fábrica de chocolates y decía "con maquinaria movida a vapor". Esto de "movida a vapor" cuando aún no existía el alumbrado eléctrico, era una nota de progreso y de gran novedad y al mencionarlo es porque creían que prestigiaba a Requena.

     Las máquinas a vapor producen demasiado ruido y por tanto, sería muy molesto para los vecinos más próximos.

     Otra curiosa muestra del buen humor de este periódico:

Todos mis afanes eran

mirarme en tus ojos negros

pero ya no tengo vista

de tanto leer "El Eco".

     Prosiguiendo con mis recuerdos:

     Hace aproximadamente unos 50 años oía referir a personas que entonces ya eran setentones, que algunos cosecheros de vino quedaron sin cobrar todo o parte de su cosecha, que confiadamente entregaron.

     Como siempre habían cobrado puntualmente de aquellos traficantes, se confiaron. Esto era entre los años  1857 ó 1860.

     En los carnavales de aquel mismo año, salió una comparsa alusiva al asunto, es de suponer que les haría muy poca gracia a los afectados, al ver que a su desgracia le habían puesto música.

     Recuerdo algunos fragmentos de su letra:

Y con tazas de plata

todos los vinos prueban...

Luego se ajustan/ ajustan.

Pero no pagan/ no pagan

y a salud del cosechero

fuman puros de Baldraga.

y ninguno de ellos

consigue cobrar. .

¡Ay que pobrecitos

los que el vino dan! ...

     Sorprenderá a muchos lo que refiero a continuación:

     Al mismo tiempo de esta comparsa, se instaló una fuente de vino en la entonces Plaza del Arrabal para degustación pública y gratuita. Esto me complace darlo a conocer sobre todo a los jóvenes, para que vean que las fuentes de vino que se montan en las Fiestas de la Vendimia, tienen un precedente.

     Esta fuente funcionó durante los tres días que duraban estas fiestas.

     También leemos en el mencionado "Eco de la Región" de fecha 10 de Marzo de 1895:

     En la Exposición Internacional de San Francisco de California, ha sido premiada la Sociedad Agrícola Requenense, con Medalla de Plata por los vinos que presentó.

     Nuestros vinos han sido premiados en varios certámenes, según nos informa nuestro ilustre paisano D. Rafael Bernabeu: "Londres 1874 y 1892; Madrid 1877; Bruselas 1891 ". También nuestra Estación Enológica en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, por los vinos, mistelas y mostos concentrados que presentó, obtuvo el máximo galardón: Gran Premio con Medalla de Oro.

     Como el cine mudo estaba en todo su apogeo, recordamos que allá por los años veinte, se daban alguna sesión de cine público y gratuito en la Plaza de la Villa. El aparato de proyección se situaba en el balcón de la casa nº 7 y la pantalla se montaba con dos postes de madera al centro de esta plaza.

     Las películas eran casi todas de carácter cómico, con las peripecias de aquellos inolvidables actores: Charlot, Tomasín, el gordinflón Fatty, Pamplinas (Buster Keaton), Harry Pollard (este último con un exagerado bigote que parecía un cepillo y por si algo le faltaba a tan estrafalario personaje estaba bizco).

     Estas películas eran muy divertidas y hacían las delicias de la gente menuda.

     La concurrencia era muy numerosa, algunos se traían las sillas de casa y no faltaba quien se traía hasta el bocadillo.

     Algunas gentes censuraban al Ayuntamiento (¡Qué difícil es contentar a todos!) porque la mayoría de espectáculos que se daban durante las fiestas de feria eran "de paga". Como este; gratuito había que aprovecharlo.

     Otra costumbre ya desaparecida era la matanza del cerdo: verdadero acontecimiento familiar, en la que solían participar, unas veces familiares u otras vecinos o allegados, pero el trabajo recaía principalmente en las mujeres.

     Luego se hacía suculenta comida, a base, naturalmente del cerdo o el típico morteruelo requenense.

     Me viene a la memoria una anécdota:

     "Cierto condiscípulo mío en cuya casa se tenía que hacer la matanza al otro día, no quería perderse un ápice del festejo familiar; le dijo al maestro: "Don José mañana no vendré a clase", el maestro le preguntó el motivo y el niño respondió: "es que estaré malo". Sólo a una mente infantil se le puede ocurrir anticipar la enfermedad.

     En los meses invernales era muy corriente ver los balcones "adornados" con ristras de morcillas puestas a secar a modo de guirnaldas, formando un original y pintoresco paisaje. Esto ya no se veía en el centro de la Ciudad.

     Había familias que en lugar de un cerdo sacrifican dos; esto inspiró a aquel requenense de gran ingenio y buen humor D. Manuel Jordá, a escribir:

En esta tierra; vive Dios,

es tenido por más cuerdo

el que en vez de un solo cerdo

se permite matar dos.

     Este mismo, escribió parodiando el programa de festejos publicado por el Ayuntamiento, entre otras cosas lo siguiente:

     "Gran Batalla de Flores en el camino de San Blas".

     Esto era un descomunal despropósito. Este camino estaba siempre intransitable, unas veces por el barro y otras por el polvo, pero lo peor eran los grandes hoyos o baches, que a las pobres bestias que tiraban de los carros (entonces único medio de transporte para el campo), les era muy penoso.

     La tradicional visita a la ermita del santo en su día (el comercio cerraba por la tarde). Por la mañana una misa y la instalación de puestos de turrón, alajú y otras golosinas.

     También existió la costumbre en que el molinero (el molino actualmente está en ruinas) invitaba al sacerdote celebrante, sacristán y monaguillo a una suculenta comida. Al final del ágape, la molinera sacaba un "Iebrillejo" lleno de pastas caseras hechas por ella misma, en el que no faltaban los sabrosos "amantecaos" (así lo decía ella), para obsequiar a tan distinguido huésped como era el señor cura.

     Muchas cosas quería contar a los lectores de EL TRULLO de la Requena de hace aproximadamente un siglo, muy interesante y curiosas; que están escritas en unos papeles muy viejos, que estuvieron durante muchos años abandonados en una buhardilla, revueltos con trastos viejos e inservibles y al deterioro lógico que presentaban hay que sumar el haber sido roídos por ratas o ratones, destruyendo una gran parte hasta el extremo de no poderse leer en buena parte.

     Esto me lleva a la siguiente reflexión:

     Noé nos pudo haber librado de estos repulsivos y dañinos animalitos cuando por mandato divino introdujo en el arca una pareja de animales de cada especie.

     Pero Noé no introdujo en el arca a las ratas y ratones; se metieron ellos solos.

     En la vida siempre hay circunstancias, que se pueden comparar con este hecho.

     Reflexionando sobre esto, pensamos que hay gentes que proceden como estos roedores que se colaron en el arca, aquí conocemos algo que tiene cierta analogía; pero no lo digo, pues un elemental deber de prudencia me lo impide.

 LUIS GARCÍA GRAU

 

(Publicado en El Trullo de Junio de 1990)