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| Muchos se preguntarán el por qué de un homenaje a los forestales en la Noche del Labrador. Incluso habrá quien dejándose llevar de un exceso de purismo, piense que no es correcto que se homenajee a los forestales cuando quedan todavía tantas personas e instituciones vinculadas al mundo de la vitivinicultura a las que la Fiesta de la Vendimia debería mostrar su afecto y consideración. Quienes así piensan, ingnoran la gran importancia que la labor encomendada a los agentes forestales tiene para la supervivencia de una agricultura rica y armónica con la Naturaleza y para el futuro despegue definitivo del desarrollo turístico en nuestra comarca. Afortunadamente, casi nadie hace ya chistes fáciles con el "slogan" publicitario que popularizó la frase: "Cuando un monte se quema, algo suyo se quema". Aunque tarde, la gran mayoría de los ciudadanos ha comprendido que este argumento es cierto en la medida en que la constante y en muchos casos irreversible pérdida del patrimonio forestal está hipotecando nuestro futuro y el de nuestros hijos. Pero hay más. Las agresiones al medio ambiente en general y a los bosques en particular generar inevitablemente una degradación en los ecosistemas que tienen consecuencias inmediatas sobre nuestra calidad de vida y las condiciones ambientales en que se desenvuelve nuestra agricultura. Cualquier conocedor del mundo del vino sabe que las grandes "joyas" vinícolas de las bodegas españolas obedecen no a la casualidad, sino a un delicado equilibrio en el que entran en juego las características del suelo, su humedad, la presencia de microclimas más o menos definidos y una cuidadosa práctica agrícola y enológica. Hoy está demostrado que cuando un bosque se quema los procesos de erosión se aceleran arrastrando hacia el mar el escaso suelo fértil de las montañas. Se sabe también que la ausencia de cobertura vegetal provocada por los incendios favorece la rápida escorrentía de las aguas e impide que los suelos absorban las precipitaciones que deberían recargar los acuíferos de los manantiales. Por último, está demostrado que las masas forestales actúan como reguladores del clima, suavizándolo e impidiendo las bruscas variaciones cuyos efectos sobre la agricultura son de sobra conocidos. Por otro lado, la excesiva obsesión por ver los polígonos industriales como único garante del desarrollo de esta comarca ha impedido valorar adecuadamente las posibilidades económicas de un turismo rural basado en la riqueza y variedad de los paisajes que rodean a Requena. Desarrollar este turismo es un reto pendiente que pasa inevitablemente por mantener e incluso mejorar nuestro patrimonio forestal. Existe, pues, una relación directa entre las labores de conservación de nuestros bosques que ejercen los agentes forestales y la supervivencia de las condiciones ambientales en que se desenvuelven nuestra agricultura y las que posibilitan un futuro desarrollo comarcal basado en el llamado turismo "ecológico". La entrega y la dedicación de los forestales a las misiones que les tiene asignada la sociedad rebasa ampliamente las obligaciones que les impone su contrato laboral y tienen su máxima expresión cuando las llamas devoran el bosque y aparece un espíritu de sacrificio y heroísmo poco común en nuestros días. De ahí un homenaje que estaba previsto desde hace tiempo, pero al que los trágicos sucesos ocurridos en las últimas semanas en la Comunidad Valenciana,-con la muerte de un vecino de Chera que participaba en la extinción de un incendio-, han puesto de máxima actualidad. No se trata, pues, de un homenaje gratuito y por ello estamos seguros de que el pueblo de Requena sabrá estar al lado de quienes desde su puesto de trabajo velan por conservar un patrimonio que nos pertenece a todos.
José Sierra.
(Publicado en El Trullo de Agosto de 1990) |