Lo fue D. Valentín García Tena.

     Nació en Requena en 1870 y falleció en 1956.

     Persona de una singular modestia, sencillo, afable, muy laborioso y competente.

     Es de resaltar su labor pedagógica y de investigación química. Realizó una gran labor al frente del laboratorio de la Estación de Viticultura y Enología y como profesor de química de la Escuela de Artes e Industrias de Requena.

     Su actividad en estos dos centros fue muy intensa y ejemplar. Además como profesor de la Escuela de Capataces de Viticultura y Enología, fundada en el año 1920 y anexa a la entonces Estación Enológica (la Enológica había sido fundada en 1911).

 
 

     En la escuela de Artes realizó también una gran labor, pero lo que reviste un marcado interés, y que merece una profunda gratitud por parte de todos los requenenses, es la siguiente circunstancia:

     Allá por los años veinte, cuando España estaba gobernada por la Dictadura del General Primo de Rivera, se le retiró la subvención a esta Escuela; pero a pesar de tan grave contratiempo no dejó de funcionar. Con las aportaciones del municipio y del vecindario prosiguió tan bienhechora labor.

     Pero el nervio principal de tan hermosa obra, lo constituyó su claustro de profesores, que continuaron ejerciendo su magisterio sin percibir retribución alguna, sólo por su amor al prójimo y a Requena.

     Creo que nos sentimos obligados a perpetuar de alguna forma los nombres de estos abnegados profesores. Nuestra gratitud debe ser por igual a todos ellos, pero merecen destacarse a dos, por su asiduidad y puntualidad: D. Casimiro Pino Lavara y D. Valentín García Tena, que no faltaban nunca a las clases aunque "cayeran rayos de punta". Recuerdo que en una noche de crudo invierno, con intenso frío y un huracán que casi arrancaba las tejas, sólo asistimos a su clase ¡tres alumnos!. ¿No creen que esto podría haber sido motivo para desengañarse?

 
 

     Por su aula-laboratorio desfilaron varias generaciones que posteriormente fueron prestigiosos médicos, ingenieros, ... y hasta un ministro.

     A sus enseñanzas debemos mucho los que asistimos a sus clases. De las mismas salieron enólogos muy competentes cuya relación es amplísima; sólo mencionaré uno: D. José Salinas Iranzo, que descolló mucho al frente de importantes casas exportadoras de vinos, así como técnico enólogo en otras empresas vinícolas; además fue profesor de enología en la Cámara Oficial Agrícola de Valencia. Posteriormente, y a consecuencia de la guerra civil, tuvo que comer el amargo pan del exilio, pero allá en Méjico ha realizado una gran labor enológica; en una zona o región donde el cultivo de la vid era desconocido, fundó una Escuela de Viticultura y Enología de carácter oficial. Esta Escuela se denomina "Valentín García Tena" y la preside un busto de piedra de D. Valentín.

    D. Valentín era un auténtico hombre de ciencia; en Requena era toda una institución.

     Mencionar toda la obra, nos ocuparía una relación muy extensa en tiempo y espacio; no obstante, intentaremos resumirla lo más posible:

     - Procedimiento para el análisis o determinación de la acidez volátil aparente y real de los vinos.

     - Otro procedimiento para el análisis del bitartrato potásico en las heces y tártaros.

     - Idem para determinar el análisis del ácido tartárico en los tartratos del calcio.

     - Idem para determinar las adulteraciones con arrope de higos, en vinos dulces y mistelas, en forma cualitativa y cuantitativa.

     - Transformó, perfeccionándolo, el método Duclaux (1) para determinar el grado alcohólico en vinos y otras bebidas, basado en la capilaridad de los líquidos.

     - Perfeccionamiento del procedimiento para determinar la acidez total en mostos y vinos, por medio del calcímetro (aparato para determinar la caliza en las tierras, adaptándolo para esta operación).

     Poseía otra cualidad, que consistía en hacer fáciles las cosas; sus procedimientos eran en extremo sencillos y lógicos, pero no por ello carecían de rigor científico. Por ejemplo, la determinación de la acidez volátil en los vinos ha sido adaptada y se practica mucho en laboratorios oficiales y privados.

     Otro aspecto poco conocido y que merece ser divulgado es el siguiente:

     Los cosecheros que antes de existir las cooperativas, elaboraban su propia cosecha, daban por hecho el vino cuando el pesamosotos marcaba cero. Pero este aparato no tiene precisión alguna, es rudimentario; solamente se puede saber con exactitud si el vino está hecho, por medio del densímetro. Resumiendo diremos que los vinos se vendían cuando todavía quedaba azúcar sin transformar en el alcohol y el resultado era que el mayorista comprador almacenaba el vino, que en debidas condiciones todavía producía algunas décimas más de alcohol (a veces hasta medio grado o algo más). Un beneficio para el comprador y un perjuicio para el viticultor.

     En la actualidad, con la elaboración por las cooperativas y colectivamente, de forma más racional, ha desaparecido este inconveniente.

     Don Valentín movilizó a la Enológica y en el laboratorio de la misma se determinaba la densidad de forma gratuita para los viticultores. ¡Si se pudiera valorar en dinero el beneficio que les reportaba!.

     Realizó una labor tan silenciosa y callada, como eficaz.

     Meditemos un poco el contraste que ofrece la obra de D. Valentín, comparándola con la de algunos políticos que ostentaron cargos altisonantes en asuntos vinícolas y de cuya gestión no quedó nada. por contra, la obra de D. Valentín perdura y hasta podríamos decir que a perpetuidad.

     Nuestro hombre sabía mucho de la ingratitud humana y estaba acostumbrado a recibir reveses. Quiero referir aquí uno de tantos, lo creo oportuno y hasta necesario darlo a conocer:

     Corría el año 1932; la República se había proclamado el año el año anterior. Este nuevo régimen había dado a luz el llamado "Estatuto del Vino".

     Entre su articulado había uno que disponía la prohibición en forma terminante, del empleo de zumos distintos a los de uva, para endulzar vinos y mistelas, con fuertes sanciones y decomiso de la mercancía a los infractores. Esta medida era muy necesaria para proteger a la viticultura.

     Por aquellas fechas funcionaba en el Grao de Valencia, una industria que fabricaba concentrado de higos, concretamente en la calle Consuelo; industria clandestina, ilegal y muy dañina para la viticultura.

     Debido a una denuncia, se personaron en esta fábrica funcionarios del Servicio Agronómico Provincial. Fueron sorprendidos como vulgarmente se dice "con las manos en la masa".

     Se les intervinieron importantes cantidades de existencias, precintado de locales, toma de muestras, etc. Las muestras fueron remitidas a la Estación Enológica de Requena, quedando el expediente pendiente de resolución del dictamen que diera Requena.

     Pero D. Valentín se encontró con la sorpresa de que en las disposiciones oficiales para el análisis de los vinos y productos derivados de la uva, no existía método para determinar si un vino o mistela estaba adulterado con concentrado de higos (el zumo más corriente en las adulteraciones).

     El bueno de D. Valentín se puso a trabajar con todo ahínco. Su dignidad profesional y el prestigio de la Enológica de Requena se encontraba en sus manos.

     Tras profundos estudios y meditaciones, se puso a efectuar numerosos análisis en mostos de higos, pero como naturalmente los higos frescos solo los hay en una corta temporada al año, forzosamente tenía que operar con higos secos; esto le permitió obtener cifras y coeficientes, así como establecer reglas de procedimiento, ya que estos trabajos no sólo tenían que servir para aquella ocasión.

     Cualquier persona versada en química, sabrá valorar el mérito que encierran estos trabajos; pero para conseguirlo no solo hace falta un gran espíritu de trabajo y tenacidad, sino un gran talento como él poseía.

     Logró ampliamente su propósito y creó un método que permitía decir con toda seguridad si un vino o mistela contenía o no arrope de higos y en qué cantidad.

     Se redactaron los correspondientes boletines de análisis (lo fueron de mi puño y letra), fueron remitidos a la Jefatura del Servicio Agronómico Provincial de Valencia. Ya se podía resolver el expediente y aplicar la sanción procedente.

     Recuerdo qué aquellos boletines eran muy claros, concisos, y terminantes: en efecto era una descarada adulteración con arrope de higos.

     Transcurrieron como unos tres meses, y un día nos vimos sorprendidos por una orden del Ministerio de Agricultura firmada por cierto subsecretario llamado D. Adolfo Vázquez Humasque (fallecido en Méjico, en el exilio) por la que se disponía que todos los expedientes pendientes de resolución por el empleo de concentrado de higos quedaban nulos, por no existir procedimiento analítico para determinarlo y encargando a la Estación Enológica de Villafranca del Penadés la realización de los estudios precisos e investigaciones para llevarlo a efecto y hasta decía la orden aquella, publicada en la "Gaceta de la República", que se dotaba de una subvención especial para la realización de estos trabajos y adquisición de los materiales precisos.

     Cuando esta orden apareció, D. Valentín ya lo había resuelto hacía tiempo, sin subvención alguna y sin otros medios que el modesto laboratorio en el antiguo edificio de la Enológica y teniendo por ayudante a D. Ildefonso Pérez-Duque, que con el que suscribe somos los dos únicos supervivientes.

     Y esto es un pequeño botón de muestra de la labor nefasta de aquellos políticos que "manipularon" a aquel subsecretario antes mencionado. Esto les permitió salvar el capital que tenían invertido sus amigos en aquel negocio, dándoles tiempo a vender las existencias y, según noticias posteriores, instalarse en otro lugar. Ganaron el tiempo suficiente que necesitaban.

     El expediente quedó sin resolver y por su culpa se dejó de cumplir la justicia.

     En estos trabajos de investigación, D. Valentín demostró una vez más su valía y competencia profesional y como recompensa a sus esfuerzos recibió un disgusto colosal. También constituía un desaire a la Estación Enológica de Requena.

     Nadie reaccionó como correspondía.

     El ingeniero Jefe del Servicio Agronómico Provincial de Valencia tenía la obligación de haber comunicado al Ministerio que ya existía procedimiento para determinar esta adulteración y por lo tanto que ya se podía sancionar.

     Todos callaron. Nunca supimos el motivo, pero el lector aunque no sea muy dado a la suspicacia ya se lo puede figurar.

     Aquellos políticos con la flamante denominación de "parlamentarios", causaron un grave daño a la viticultura sin que se alzara ninguna voz censurando el hecho. Los principales perjudicados, los viticultores, estaban desunidos. Quizá hoy no hubiese quedado, como quedó, en la mayor impunidad.

     Al traer hoy a estas páginas a D. Valentín García Tena, lo hago por creer que es un deber de justicia.

     Se le concedió la Cruz del Mérito Agrícola y además tiene un plaza rotulada con su nombre. Creo también que debe darse a conocer su labor a las nuevas generaciones, no solo de Requena sino también de la comarca o distrito, a quien, sin desempeñar cargos altisonantes en materia vitivinícola, hizo mucho y muy útil para la viticultura.

 

Luis García Grau.

(1) Duclaux, discípulo de Pasteur. Catedrático de Química en las Universidades de Clermont y Lyon y de Química y Meteorología en la Universidad de La Soborna.

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1990)