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Como bien nos dice Juan Piqueras Haba en su reciente publicación "Geografía de Requena-Utiel" y en otras anteriores, nuestra comarca no fue eminentemente productora de uva ni plenamente vinatera hasta la 2ª mitad del siglo XIX. En esta época, el vino, que había sido producto de autoconsumo desde la Edad Media en nuestra tierra, alcanza la posibilidad de ser comerciable y exportable, coincidiendo con la apertura de la carretera de "Las Cabrillas"(1847) y con la llegada del ferrocarril desde Valencia, a Utiel(1855-1887). Dadas estas innovaciones en las vías de comunicación, nuestros vinos pueden transportarse con más facilidad hasta el puerto de Valencia y si a ello le añadimos la gran demanda de vinos españoles que se produce en Europa a causa de la ruina de los viñedos franceses, ocasionada por una epidemia de oidio, llegamos a la conclusión de que tales circunstancias fueron los motores principales que originaron la rápida extensión de las viñas en nuestros campos. La posibilidad de comerciar con vinos de nuestras viñas propició el que burgueses adinerados invirtieran capitales en la compra de tierras, la plantación de cepas y la construcción de grandes bodegas, consolidándose así una notable cantidad de latifundios orientados a la producción, elaboración y comercialización de caldos. Labradores acomodados y pequeños propietarios seguirán los pasos de los terratenientes y nuestros vinos, consumidos hasta entonces en nuestra zona y parte de la Serranía de Cuenca, se orientan por las rutas de la exportación y se convierten en la base fundamental de la economía comarcana en menos de un siglo. A pesar de todo, podemos decir que el haber alcanzado una viña la categoría de monocultivo absoluto de nuestra extensa campiña es un fenómeno relativamente moderno, propio del siglo XX y si apuramos más de su segunda mitad, pues hasta los años 60 nuestros majuelos se entremezclaron en los secanos con los "piazos" de sembradura, orientados al cultivo de cereales, trigo y cebada e incluso centeno y avena en las tierras marginales menos fértiles. El vino y la uva, tanto en épocas en que su producción estuvo limitada al abastecimiento comarcal, como en el periodo orientado a la industria y el comercio, han estado presentes en nuestras casas, en nuestros rituales festivos, en nuestros cantos y literatura populares; en definitiva en toda nuestra cultura tradicional agraria. Ello se plasma en el abundante vocabulario que, referente al vino y a la viña conservamos en nuestro castellano fronterizo (majuelo, hila, florear, esporgar, esrayolar, vinar, jaraiz, trullo, avispero, brisa, etc. etc.) Hasta la generalización de la cerveza y otras bebidas no alcohólicas (entre los años 50-60) el vino estuvo presente en todas las comidas de nuestras famillas labradoras y artesanas , sacándose a la mesa en el barral, llevándose de merienda en calabazas o botellas encordadas y en grandes botas para las cuadrillas de segadores, trilladores o vendimiadores. En fiestas de quintos, en las Navidades, en las Pascuas y romerías o en las celebraciones de tipo familiar nunca faltó el vino como cosa importante, bien en su forma pura o mezclado con otros aditamentos para conseguir la festiva y apreciada "zurra". Dentro de la literatura popular de transmisión oral se hace mención al vino como algo muy cercano, cotidiano y estimado. Alusiones al vino y la uva encontramos en dichos y refranes, coplas y seguidillas, adivinanzas, cuentos o romances. Pero las composiciones por excelencia dedicadas al vino son los brindis y los llamados "rules". Entre los refranes es bien conocido aquel en el que al vino se le da la categoría de medicina:
También como recomendable figura el vino en otro refrán que dice:
Entre nuestra colección de coplas figura una procedente de Camporrobles en la que se mencionan diferentes variedades de uva estimadas en la zona:
Las coplas picarescas y de doble sentido son muy celebradas popularmente, por la gracia del decir sin llegar a la grosería. Veamos un ejemplo recopilado en Los Ruices en el que se nombra el cotidiano licor:
Coplas de pedir aguilando incluyen al vino en el conjunto de alimentos que se solicitan. He aquí un ejemplo procedente de Hortunas
Volviendo a la uva la encontramos citada en una seguidilla muy generalizada y que en Utiel la acomodan de esta manera:
En zonas en que la maduración de la uva es más temprana este refrán en seguidilla adopta esta forma:
Una ingeniosa adivinanza recopilada en Hortunas nos dice lo siguiente:
La vieja es la cepa. El hijo enredador es el sarmiento. La dama es el racimo de uva y el fraile predicador es el vino, que nos hace hablar lo indebido cuando lo bebemos con exceso. Muchos más ejemplos como los reseñados podríamos extraer de todo el conjunto de materiales literario-populares fruto de nuestras recopilaciones en distintas poblaciones de nuestra comarca, pero por lo limitado de este artículo nos centraremos, por el momento en los brindis y en los rulés, que ya hemos citado, y que siempre están relacionados con el acto de beber vino en reunión. En nuestra sociedad tradicional y, dentro del tiempo destinado al ocio, tuvieron un lugar importante las reuniones, especie de fiestas domésticas, de vecindario, de grupos de edad o de algún tipo de asociaciones como cofradías, hermandades etc. En tales reuniones festivas tenían cabida la narración de cuentos, chistes o sucedidos graciosos, el canto y la música y en ocasiones el baile. Todo ello se animaba con algún tipo de alimento, frutos secos o dulce con el indispensable acompaña miento del vino o de la zurra en casos excepcionales. Hemos apuntado anteriormente que los recipientes utilizados para beber eran el barral y la bota.Muy propio de las reuniones festivas tradicionales en las que se bebía vino por turno, e incluso de las comidas y descansos de las cuadrillas de trabajadores en el campo, eran los brindis, siendo los rulés los de mayor carácter lúdico. Popularmente se conoce por brindis a una composición en verso que cualquier bebedor recita previamente al acto de beber, cosa que realiza dirigiéndose a la concurrencia, puesto de pie y en voz alta. El beber vino en reunión se ciñe al sencillo ceremonial de hacer pasar por turno el barral o la bota por cada uno de los asistentes. El contenido de los brindis puede ser muy variado, aunque siempre gire en torno al vino y en ocasiones ponderando sus excelencias. La extensión del texto también es variable, así como su valor literario o su gracia humorística. Haciendo un repaso por los que tenemos recopilados encontramos brindis sencillos con intención de trabalenguas como éste que se nos recitó en Camporrobles:
En forma de copla y con alusiones al recipiente de cuero con el que se bebe el vino poseemos tres ejemplos semejantes, pero distintos entre sí, que proceden de diferentes lugares de la comarca:
Con la misma forma estrófica, pero con un contenido distinto en el que entra el componente sexual recogimos el siguiente en Los Isidros:
De textos más extensos y con distintos contenidos son los que transcribimos a continuación:
A todo brindis se le añade la coletilla de
Finalmente y como intermedio entre un brindis y una adivinanza, con valor alegórico, transcribimos dentro de los brindis el siguiente recopilado en Camporrobles:
Según nos añadieron los transmisores de este brindis su contenido posee un doble sentido, de manera que al ladrón de la viña representa un hombre que entró en casa de su hermano (la viña). La pámpana son los cubres de la cama en la que yace la mujer del hermano (la uva). Esta mujer ha dado a luz y está en la cama con su hijo. La finalidad de levantar el "ladrón" la "pámpana" es para poder ver al recién nacido, sobrino suyo, que duerme junto a su madre. Se descarta así la posibilidad de adulterio. El rulé es una composici6n cantable de carácter festivo y lúdico, como ya hemos dicho, que se utiliza para medir la capacidad que de ingerir la apreciada bebida tienen los bebedores que participan en una fiesta, reunión, convite o comida de trabajadores. El texto de un rulé siempre consta de dos partes. En la primera se invita o se prohíbe al bebedor que lo haga y en la segunda, que corresponde al momento en el que el concursante bebe, se emplean como medida las palabras "¡Ay! rulé, rulé, rulé, rulé, etc." o "Que beba, que beba, beberá". Las repeticiones de estas series de palabras o frases se van contando por la concurrencia y quien más cantidad de rulés aguanta bebiendo es quien sale ganador de la prueba. Los rulés fueron muy utilizados por los quintos en sus fiestas especiales y por las cuadrillas de segadores. Como muestra de los recopilados, transcribimos los textos de algunos de nuestros rulés, de los cuales también poseemos en nuestro archivo sus melodías cantables.
Rulé del artillero-Fuenterrobles
El rulé - Los Corrales de UtielPardo Pardo
(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1990) |