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Zurrad, zurrad al pandero que llegó la Navidad, lanzad estrofas al viento que el Niño ha nacido ya.
Acudid los pastorcillos del mundo a participar y contemplad a este Niño que nació esta Navidad.
Cantad en torno al pesebre cantad, cantad y cantad, mirad como tiembla el Niño esta noche en el Portal.
Pero no tiembla de frío tiembla por la Humanidad, por los niños que esta noche habéis venido a cantar.
Al contemplar vuestros rostros sintió ganas de llorar, viendo que ha perdido el hombre el camino de la Paz.
Sus ojos vieron misiles por los campos al llegar con villancicos de guerra que le vienen a adorar.
Y al dirigirlos al cielo como en la Tierra y el mar, negros crespones de muerte consiguieron contemplar.
La estrella que desde Oriente marcaba la Navidad cayó rota en Hirosima y ya no ha vuelto a brillar.
Por eso tiembla hoy el Niño que ha nacido en el Portal, por la pena de esos niños que le han venido a cantar.
Les encuentra desvalidos sin estrella y sin hogar, mas siempre hay una esperanza: tocar, tocar y cantar.
Que hasta las fieras más fieras se amansan al escuchar el dulce canto de un niño que ignora lo que es odiar.
Y a no perder la esperanza que algún sembrador vendrá que haga fértiles los campos y los frutos cambiarán.
Donde se cure al enfermo y éste pueda contemplar, dejando de ser esclavo un sol más puro brillar.
Y en el taller y en el campo todo el mundo a trabajar y que se pierda en los pueblos el culto de mendigar.
Entonces dejará el Niño por los niños de temblar, y al son de vuestros pandero s vendrá el amor y la paz.
Miguel Gorbe
(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1990) |
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