Sr. D. Fulano de Tal

Ciudad

     Muy Sr. nuestro:

      Su comportamiento para con la Fiesta de la Vendimia no nos ha sorprendido lo más mínimo. Lo esperábamos porque no está usted sólo en esta pequeña lista que conservamos en nuestro poder de señores, que si no ricos precisamente, mantienen sin lugar a dudas una envidiable posición económica dentro de nuestra Ciudad y sin embargo, al igual que usted, se han negado rotundamente, bajo increíbles pretextos, a colaborar con su pequeña aportación al mayor esplendor de estos festejos que se aproximan. Está usted en su perfecto derecho. Esto supone un acto completamente voluntario y no pretendemos de ninguna manera coaccionar a nadie que no esté de acuerdo con nuestros propósitos. Al fin y al cabo nosotros, sólo intentamos aunar la voluntad de todos los buenos requenenses para la realización de unos festejos que han de constituir en su día la coronación del esfuerzo de todo un pueblo. Es decir, que si su criterio más o menos acertado no le permite unirse al resto de sus convecinos en esta labor que generalmente nos hemos impuesto, preferimos esa sinceridad suya de aislarse de estas cosas a las cuales usted le concede tan poca importancia.

 
 

     Pero aparte de todas estas consideraciones sin trascendencia queremos que no olvide lo que vamos a decirle: Estamos de acuerdo en que para usted no tenga valor alguno el nombre de su pueblo, ni que Requena pueda revalorizarse a los ojos de los demás por éste u otro motivo. Para sus adentros después de todo, la Fiesta de la Vendimia no será mas que otra fiesta en el calendario de hoy en adelante. Su visión personal de la cosas no le permite preveer el alcance moral y económico que estos festejos pueden proyectar en el exterior. Francamente, a usted no le importan más que su casa, sus viñas y sus propiedades. Todo lo demás, para el concepto que tiene formado de la vida, es extranjero. Niega unos céntimos para solemnizar la riqueza de la que usted mismo y veinte mil personas más se mantienen y viven de ella y sin embargo no tendría ningún inconveniente en jugarse una noche a una carta veinte duros. Claro que esto a nosotros realmente no nos importa porque es dueño de hacer lo que le venga en gana, pero si nos importa que a la Comisión de su Barrio diga secamente que no está para fiestas y sin embargo sea usted, precisamente, uno de los primeros que asisten a nuestros espectáculos al aire libre y que por añadidura han sido pagados con el dinero de los demás vecinos. Esto no es correcto querido amigo. Y no ponga la excusa de los nublados ni del pedrisco, porque nos consta que usted no ha tenido esta desgracia y quiere escudarse con la mala fortuna de los demás. Pero aun suponiendo que así fuera, ni diez, ni veinte, ni treinta pesetas (1) al final de las fiestas habrán de solucionarle su problema.

     Seamos sinceros y hablemos claro. Usted ya no puede engañar a nadie con esos trucos de viejo zorro. Le conocemos muy bien para que pueda sorprender nuestra buena fe ni la de los demás. Por eso, en las Fiestas que se avecinan y que pese a quien pese, han de celebrarse con la mayor brillantez y esplendor, celebraríamos mucho que no se hiciera presente, por que no sería justo ni honrado que con sus manos limpias fuera a expansionarse con unas fiestas en las que todos los buenos ciudadanos, menos usted, habían puesto su mayor o menor aportación. Esto no sería lógico y en sus manos está evitarlo. Ante todo, si no generosos, seamos, por lo menos, caballeros.

     Y conste, que no pretendemos aconsejar.

     Decimos nada más.

EL REZONGÓN

Publicado en EL TRULLO (10 - VII -1949)

(1) Dinero de entonces.

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1990)