Entre Valencia y Castilla,

hay una hermosa ciudad,

que fue gloriosa Villa

en época medieval.

 

Rodeada de montañas

buenas fuentes, ricas viñas,

Requena se alza lozana,

trabajadora y sencilla.

 

Sus costumbres castellanas,

Requena nunca ha perdido

que antes de ser valenciana

noble de Castilla ha sido.

 

Cuando visito Requena

y me pierdo por sus calles,

hasta mí un susurro llega

que me va dando detalles.

 

La Villa, con sus callejas

habla de tiempos pasados,

de hidalgos enamorados,

cortejando tras sus rejas.

 

En sus fachadas, escudos,

y San Julián en la cuesta

donde a los moros detuvo

según la leyenda cuenta.

 

No me produce sorpresa

si al pasar oigo decir

Casa de Santa Teresa

viejo palacio del Cid.

 

¡Todo es historia en la Villa!

y si quisiera seguir

cuartilla sobre cuartilla

no dejaba de escribir.

 

Más, siguiendo mi paseo,

por una recta, al final,

sin ningún otro rodeo

llego hasta San Sebastián.

 

¡Las Peñas! hermosa rama

que ha crecido en un extremo,

con sus casas apiñadas

blanqueadas con esmero.

 

¡Arrabal! broche de oro

de las Peñas y la Villa

el barrio que tanto añoro

donde jugué de chiquilla.

 

Con el progreso ha cambiado

piscina, urbanización

parque infantil renovado

por los niños ¡qué ilusión!

 

Hoy Requena, embelleciéndote,

para orgullo de sus hijos,

la contemplo enternecida

y en sus valores, me fijo.

 

Es reposada y formal,

acogedora y bonita,

entre tímida y jovial

y tratándola, exquisita.

 

¡Así es Requena, señores!

con una gran devoción

a su Patrona mayor

la Virgen de los Dolores.

 

Pilar Cebrián

 

 

(Publicado en El Trullo de Junio de 1991)