Prosigo con mi deseo en contar cosas y hechos de la vida local en otros tiempos: unas cosas las he vivido, otras las he oído en los tiempos de mi ya lejana infancia a personas entonces ya muy ancianas.

     Si algunas de estas cosas las silenciara, tengo la seguridad de que se perderían para siempre.

     Entre los muchos recuerdos que conservo me acude a la memoria:

     En el año 1925, estuvo en Requena el insigne compositor D. José Serrano Simeón, que entre muchas obras suyas, fue autor de la música de cincuenta zarzuelas.

     Vino por ferrocarril (se viajaba entonces muy poco por carretera). El motivo de aquella visita fue la representación de su zarzuela "Las Hilanderas", estrenada poco tiempo antes en Valencia.

     Esta zarzuela gustó mucho: el maestro Serrano, fue numerosas veces aclamado durante el transcurso de la obra, subiendo al escenario repetidas veces.

     Esta visita fue un acontecimiento teatral local, muy digno de que se conserve memoria de él; esto me atrae a la memoria otro que he oído referir hace muchísimos años a personas de avanzada edad.

     Allá por el año 1898, estuvo en Requena una compañía de teatro; no sé que género cultivaban: algunas canciones de su repertorio se hicieron muy populares durante mucho tiempo en nuestro pueblo.

     Actuaban en el único teatro que había en Requena, el Teatro Jordá que posteriormente pasó a llamarse "Teatro Romea", ya desaparecido.

     Entre las muchas anécdotas que recuerdo referiré algunas:

     En la calle de Santa María cierto vecino, tenía en su domicilio una bodega subterránea (de las muchas que existen en el barrio de La Villa) y en la misma vendía su cosecha de vino, al detall, tenía fama según malas lenguas de ponerle agua al vino.

     Cierta persona de buen humor, mandó a su hija de corta edad a comprar vino y le entregó dos botellas diciéndole: "En esta botella que te ponga el vino y en esta otro el agua, pues la quiero aparte". Le despachó el vino, aunque de mal talante y le dijo así: "Dile a tu padre que se vaya a la...".

     El autor de esta broma, se llamaba Felipe Martínez de apodo ("El Aragonés"), persona de muy grato recuerdo. Actualmente vive su ancianidad en Palma de Mallorca, retirado de toda actividad, lógicamente; donde viven sus hijas.

     También entre los muchos recuerdos uno fue en extremo simpático y emotivo; allá por el año 1924, en nuestra feria de septiembre se incluyó en el programa que el Ayuntamiento se haría cargo del bautizo y apadrinamiento de aquella criatura cuyo nacimiento fuera a la misma hora que la inauguración oficial de la feria. Recuerdo que correspondió a un niño nacido en el barrio de El Batanejo de familia humilde. El día del bautizo aquel modesto hogar se vio invadido de autoridades y las personas más distinguidas de la sociedad requenense, además de bellas y distinguidas señoritas entre las cuales podemos citar algunas, como: Cobo, Cánovas, Pi, Viana, Ramos... Con todos mencionados se formó una comitiva. Fueron padrinos el entonces alcalde D. Norberto Piñango y señora, por este motivo al niño se le impuso el nombre de Norberto. Sonaron las campanas de la iglesia de San Nicolás, hubo música, un espléndido convite, además de un buen ajuar para la madre y el niño. Los padres estaban emocionados por ver su modesto hogar lleno de aquellas distinguidas y perfumadas señoritas, llenando la casa de los más finos y delicados aromas y con tantas felicitaciones y parabienes, no pudieron contener alguna lágrima. Tenga en cuenta el lector que debido a un nivel de vida más bajo que el actual, nunca se había visto un bautizo tan rumboso, lo que constituyó un verdadero acontecimiento local. Nunca más se volvió a celebrar este festejo.

     También quiero referir un hecho digno de ser sacado del olvido y desconocido totalmente por la mayoría.

     Había un sacerdote en Requena en un día de crudo invierno de los que se suelen dar en el duro invierno requenense: observó a un anciano que pedía limosna de puerta en puerta, llevaba los pantalones tan rotos que ya no le cabían más remiendos ni piezas, hasta el extremo de que se le veían las carnes, lo fue siguiendo hasta llegar a un viejo caserón, le invitó a entrar en el patio y este sacerdote, se quitó los pantalones y le dijo: "Póntelos tú, yo como llevo sotana no se nota si llevo o no pantalones, además vivo muy cerca".

     Este sacerdote se llamaba D. Gaspar Frías, coadjutor de Santa María. Sabemos de él que falleció en Madrid, pues con la debida autorización del obispado de Cuenca pasó a ejercer su ministerio en aquella diócesis.

 LUIS GARCÍA GRAU

 

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1991)