Los requenenses ausentes son más requenenses que nosotros, los de aquí.

     Y lo son en mayor medida porque, teniendo en común con nosotros el haber nacido en Requena y la adoración permanente de esta bendita tierra, además la están añorando constantemente, porque no pueden disfrutarla, y blanden su título de hijos de Requena, donde quiera que están con un orgullo y con una actitud que los honra y que nos honra.

     Uno de estos requenenses ausentes, que en la presente ocasión significamos como paradigmático, es Antonio Viana Garcés, popularmente conocido como Antonio Pilo, porque Pilo fue su padre, aquel hombre de bien de aspecto bohemio, con una afición y un sentido musical excepcionales, una bondad de corazón fuera de los corriente y un requenismo de primera línea. Pues bien, nuestro amigo Antonio Pilo, que recibió por transmisión genética no solo muchas de las características de su padre si no que también de Elvira, su bendita madre, y entre ellas la laboriosidad, una vez que hubo aprendido lo que había que aprender, se sintió llamado por el mundo de la hostelería, y como esta especialidad ha tenido y sigue teniendo un gran presente donde las actividades turísticas son muy abundantes, con buen criterio se marchó a Mallorca donde recorrió toda la escala social, siempre en camino ascendente, hasta haber llegado a la cumbre de la dirección de un hotel y ser hoy una verdadera autoridad en la hostelería balear.

     Así las cosas, ocurre que con cierta frecuencia se organizan viajes tanto individuales como familiares o colectivos a Palma de Mallorca y entonces, cuando se busca un punto de referencia para el alojamiento o para el plan turístico, cualquier requenense, y también quienes no lo son -que Antonio Pilo se desvive por todo el mundo- lo tiene resuelto en el acto con solo acudir a este requenense ejemplar que actúa con hidalguía en todo momento (¡como nos recuerda al hidalgo Pilo que fue su padre!). A este respecto conviene airear, aunque quizá Antonio se sienta molesto al conocerlo, algo que supimos en su momento sin que él nos lo contara. Resulta que, en cierta ocasión, un Centro docente de Requena organizó un viaje de sus escolares a Mallorca y, naturalmente, fue Antonio Pilo el gran maestro de ceremonias de este viaje y el resolutor de todos sus problemas, vero además, por si la Divina Providencia lo hubiese puesto otra vez en trance hidalgo, ocurrió que una chica de la expedición se puso enferma de tanta consideración que hubo de ser inmediatamente hospitalizada e intervenida quirúrgicamente. Cuando pudo salir del hospital para convalecer, también se acudió a Pilo para buscarle alojamiento hasta estar en condiciones de regresar a casa. Y entonces Pilo, con gesto único que adivinamos como su hubiésemos estado presentes, resolvió el problema diciendo que un requenense hospitalizado y convaleciente en Palma de Mallorca, sólo tenía un lugar adecuado para alojarse: su propia casa. Y así fue como Antonio Viana Garcés, hostelero de profesión, prestó su mas abnegado servicio, en su propio domicilio privado, a una paisana que requería cuidados especiales. Una cosa es ser un buen profesional y otra, además, actuar con el corazón de un requenense como la copa de un pino.

     Cuando Requena tiene embajadores de esta calaña distribuidos por toda la geografía universal, es ciertamente conmovedor y aconsejable que al viajar y llegar a un destino provisional o definitivo, además de identificarse con el nombre y apellidos, se apresure uno a decir: soy de Requena.

     Seguro que por allí o muy cerca revolote un ángel requenense que, sólo con este título, te brinda lo mejor de su ser en tu ayuda.

     Antonio se casó en Los Isidros con Gracia Sáez Salinas y de su matrimonio han tenido tres hijos, Gracia, José Antonio y Jorge, éste último fue Presidente Infantil de la Comisión de Ausentes en la XXXVI Fiesta de la Vendimia.

     Si la fiesta de la Vendimia tiene intención de significar el homenaje al requenense ausente, este año, en la persona de Antonio Viana Garcés, es justa y adecuada la medida, como corresponde a quien, en todos los momentos de su vida, se orienta tomando como punto de referencia las coordenadas de su tierra natal: Requena.

     He aquí remedando a Santa Teresa de Jesús, lo que podría ser emblemático de Antonio Viana y de tantos otros requenenses ausentes:

Vivo sin vivir en mi,

y es tanto lo que te quiero,

Requena, que desespero,

viviendo lejos de ti.

 

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1991)