Finalizó Octubre. Finaliza la vendimia. Los campos de vides van cambiando el color y se van enriqueciendo con la multicolor paleta de ocres, rojos, marrones, verdes indefinidos ... Los vientos van arrancando las hojas secas y desnudan las cepas, que se vistieron temprano, con vestido de brillantes verdes de reflejos metálicos y que han llevado desde la primavera hasta el final del verano, tornándolo en los colores antes descritos.

     Previamente les han arrancado su dulce fruto, para convertirlas en joven néctar, blanco, rosado, tinto ...

     Campos de viñedos, cercanos a la completa desnudez invernal, al contrario que las gentes que lo pueblan, que van vestidos en invierno y desnudos en verano. Campos de viñedos, cíclicos en su vestir, en su cambiar, en su producir. La contemplación del mismo, confirma la grandeza indescriptible del Creador. ¡Que maravilla! ¿Quién podría crear algo tan fantástico? Esto es lo que difícilmente podemos describir y lo trasladamos aquí a modo de reflexión.

     Hay que admirar la vid, ese don que trabajando con esmero por manos encallecidas, fructifica para ser materia prima de un producto ¡El vino! Bandera y alma de nuestra tierra.

     Tierra ocres, blancas, rojizas, marrones¡ grisáceas ... otra sinfonía de color que ayuda a dar especiales toques al fruto que nace de ellas. Hablando de sinfonía de colores, vamos a los producidos por los ricos caldos. Blanco que no son blancos, con brillos de gemas diamantinas. Rosado suaves, irisados en tonos increíbles en la gama de los rojos. Tintos granates con reflejos sangrantes ...

     Y si llega cubrirse el suelo con un manto de nieve, se crea una página en blanco, a partir de la cual, se vuelve a escribir una nueva cosecha y torna a producirse la maravilla multicolor en tierras, vides y vinos para que nuestro espíritu goce en el Arco Iris de Requena.

Antonio  Motos

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1991)