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Así comenzaba la letra de cierta cancioncilla del tiempo de nuestros abuelos, y que decía así:
Cantarcillo cuyos dos primeros versos pasaron a la historia; pero la mole del antiguo Hospital y del templo, hoy como ayer, constituye una encumbrada atalaya que domina la Ciudad y que "es el punto de más divertida vista y de más saludable clima", como dijo el arcipreste Cantero en su resumen histórico. Allí, precisamente, en su explanada, los cristianos levantaron hacia el siglo XI el ermitorio de Ntra. Sra. de Gracia, que no tardó en ser arrasado por las huestes moras de Yusuf y reconstruida tras la Reconquista. Nuestros antepasados profesaron profunda devoción a la Virgen de Gracia, obsequiándola con diversas solemnidades. * * * Siglos después, sobre dicha ermita y terrenos colindantes, el Concejo de la entonces villa proyectó la fundación de un monasterio de franciscanos, comisionando dicha gestión al regidor don Agustín Muñoz, administrador de dicha ermita. Y el 14 de julio de 1569 llegaban a Requena el guardián del convento franciscano de Chelva Fr. Diego Hermida con otros frailes, realizándose el deslinde de los terrenos pertenecientes a la ermita y suscribiendo la correspondiente concordia con el Concejo y el Cabildo Eclesiástico. Uno de los puntos decretados disponía que los religiosos "ayudarían a bien morir" a los vecinos. Desde entonces se decía de los moribundos que "estaban haciendo los frailes". Algunos vecinos cooperaron con donativos a la erección de esta obra. El Ayuntamiento acordó conceder la renta perpetua de la dehesa de Realame ... En estas gestiones no podemos silenciar la actuación del santero de la Virgen de Gracia Peri Juan, padre de los venerables Fr. Jerónimo Esteban y de Apolonia Sánchez, requenenses de altas virtudes. * * * Las obras del convento de San Francisco comenzaron pronto, pero las interrupciones se sucedieron a lo largo de sesenta años. Mientras tanto, la comunidad habitó la llamada "casa de los colmeneros", situada en la calle de la almazara ("entre el Portalexo e el Diezmo viexo ") . Por fin, el requenense Fr. Francisco Hernández, provincial de la Orden, dio a aquella obra el definitivo impulso, siendo bendecida e inaugurada en la festividad de la Concepción de 1629 por el arcipreste don Alonso Hernández de Carcajona, comisionado por el obispo de Cuenca. Los últimos trabajos se debieron a Francisco Márquez; el claustro, a Lucas de la Peña y el altar mayor lo sufragó el Lic. Alonso de Olivas. Una curiosa noticia. En este monasterio, según antiguas leyendas que figuran entre las aventuras de Gil BIas de Santillana y del Doncel de Jérica, es fama que se refugiaron algunos facinerosos arrepentidos. * * * Durante las contiendas nacionales que afectaron a nuestra comarca, el convento de San Francisco fue convertido en fuerte avanzado. Durante la guerra de Sucesión sufrió grandes desperfectos; pero el requenense Fr. Nicolás de Cros, provincial de la Orden, en 1714 envió para resolver este asunto a Fr. Joseph de Sariñena, un fraile excepcional que, con sus piadosos cánticos y la vihuela entre manos, reunió limosnas para reparar las obras y terminar el Vía Crucis, que comenzaba en lo que luego se llamó calle de las Cruces y finalizaba en la explanada del convento. En este trayecto se construyeron una docena de capillitas (aquí, "casutas") en forma de tronco de pirámide, "labradas con primor y con la pintura del Paso", mas un remate de piedra con una cruz de forja. La última "casuta", frente al convento, la sufragó el Ayuntamiento. En esta Vía Crucis "se rezaban las cruces" entre cánticos. Pero las "casutas" fueron derribadas por razones militares durante la primera guerra Carlista. Fue entonces cuando don Estanislao Montés y doña Rosenda Lapuebla instituyeron la procesión de "los Pasos" (1835). * * * Tras diversas incidencias, el monasterio de San Francisco fue clausurado en 1855. El edificio, muy deteriorado, fue vendido por el Estado a don José María Penén. Posteriormente lo adquirió el Ayuntamiento, instalando el Hospital de Pobres de la calle del Carmen que, tras el legado de don BIas Cuartero y doña María Moral, rigieron las religiosas de la Consolación. El templo fue reconstruido en 1909... Lo demás pertenece a nuestro tiempo. Y terminamos con la siguiente pregunta que me hizo un soñador: ¿Sería posible cubrir de arbolado y jardines aquel encumbrado paraje, acondicionar los accesos y convertir el vetusto edificio en un hotel, especializado en comidas típicas de nuestra tierra? R. B. L.
(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1991) |