Yo nací en la primavera

y era tan débil y chico

que un pajarito cualquiera

pudo truncar mi carrera

rozándome con su pico

 

Fueron mis progenitores

el sol la lluvia y el viento

y entre fríos y calores

me convertí sin temores

en vigoroso sarmiento

 

Sin poseer otra cosa

era toda mi alegría

una uvita primorosa

que entre coqueta y mimosa

en mis ramas se mecía

 

Frágil como mariposa

en tardes frías de mayo

se cobijaba mimosa

y al arroparla en mis hojas

de ella me fui enamorando

 

La clorofila en mis venas

se alteraba a cada instante

la duda era mi condena

y me asaltaban las penas

igual que a un celoso amante

 

En los días tormentosos

cuando el granizo zumbaba

me ponía tan nervioso

que me volvía patoso

si a mi cuello se abrazaba

 

Pasamos tantos apuros

en medio de las tormentas

y era tan negro el futuro

que no dábamos un duro

por nuestra existencia incierta

 

Pero al fin, una mañana

las nubes se alejaron

y cuando reinó la calma

rendí homenaje a mi dama

por habérseme salvado

 

Y ya desde este momento

todo empezó a funcionar

al tibio soplo del viento

la uva de mis pensamientos

se comenzó a madurar

 

En los días bochornosos

cuando el Agosto pegaba

entre sarmientos frondosos

de los rayos calurosos

mi princesa se guardaba

 

Y conforme el tiempo pasa

cuan más hermosa la veo

algo en mi interior se abrasa

y ya no encuentra la calma

mi corazón de sarmiento

 

Pues se que cuando la corten

yo me moriré de pena

pero que a nadie le importe

porque así formará parte

del buen vino de Requena.

J. Pedrón

 

(Publicado en El Trullo de Mayo de 1992)