BOBAL:

 

Fruto de esencia granate

manantial de recio vino

que, en la mesa y el camino,

es delicia del gaznate.

 

BOTA:

 

Redondo y henchido cuero

lleno de vida y calor,

que, por angosto agujero,

es de vino un surtidor.

 

CLARETE:

 

Es vino limpio y rosado,

y alegre como un cantar,

y un gozo fructificado

para todo buen yantar.

 

COPA:

 

Cristal que el líquido mece

con gracia y con resplandor

y a los sedientos ofrece

su vino rey y señor.

 

CUBA:

 

Un vientre descomunal

que, por ombligo redondo

lanza el vínico caudal

que vive y hierve en su fondo.

 

GARBERA:

 

Razón de signos externos,

fue siempre la sarmentera

¡que a una abundante garbera

jamás faltaron los yernos!

 

LEGÓN:

 

Fue en la vida un instrumento

que, sin duda y sin engaño,

sirvió de agobio y tormento

al viticultor de antaño.

 

MAJUELO:

 

Un campo de multitudes

donde la viña se asienta

para que tiembles y sudes,

a veces, más de la cuenta.

 

PEDRISCO:

 

Malandrín y follonero,

el pedrisco tiene acciones

que causan el desespero

a punta de maldiciones.

 

PORRÓN:

 

Una ampolla que al reflejo

de su vía ancha o estrecha,

hace más grato y añejo

el vino de la cosecha.

 

SULFATO:

 

Surtidor de gotas finas

en azules derramadas

sobre el fondo y las esquinas

de las cepas bien pobladas.

 

TINAJA:

 

Una señora ventruda

que, en la humedad de su cueva,

guardó en su entrada panzuda

lo mejor de la bodega.

 

TINTO:

 

Se dice del recio vino

que en arrullo monetario

fue sostén del campesino

desde tiempo legendario.

 

TRULLO:

 

Lugar donde los bobales,

pisados con gracia y tino,

sangraron mosto a raudales

para convertirse en vino.

 

VENDIMIA:

 

Faena gratificante

pródiga en ternura y mimos

ante el don exuberante

de los repletos racimos.

 

 

Requena, Mayo de 1992

 

Feliciano A. Yeves Descalzo

 

 

(Publicado en El Trullo de Mayo de 1992)