En la comarca requenense -conjunción de la austera Castilla y la luminosa Valencia- eran escasos los que se libraban antaño del correspondiente apodo: el aliter alias de los romanos.

     Ricos y pobres, hidalgos y plebeyos eran obsequiados por la ironía popular con motes de diversa catadura. y, por si esto fuera poco, se recurría al apodo del cabeza de familia para localizar a sus gentes (así: "Usebio, el hijo del Barraco; Ulogio, el nieto de Apagavelas; Ugenio, el sobrino de Albercoque" ... Hasta los monarcas no se libraban del sobrenombre que sintetizaba su personalidad (Batallador, Santo, Sabio, Bravo, Monje, Casto, Cruel...).

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     De inmemorial, el concejo de Requena obsequiaba a los necesitados durante las fiestas navideñas. En una relación de finales del siglo XVIII aparecen apodos para todos los gustos (la tiá Zapatillas, el cojo Patalarga, la Chota, Cagarruta, el Chepa, la Tuerta de Mingo, la tiá Cartagena, la Zenizata, la Morronga, la Churrusca, las viudas de Ratones, de Esgarrapájaros, de Matarratas, la Rabadana, Segunda la Paloma y cien más. Pero el tiempo borró el recuerdo de muchos de ellos, mientras otros desaparecían por no tener descendientes o por cambio de vecindad (Blincacines, Puli, Chaborro, Chumpo, Cascadilla, Pijetas ...).

     Tampoco faltaron gentes socarronas y de buen humor que, al pisar el requenense suelo algún tipo más o menos pintoresco, gozaban en colgarle el consabido apodo.

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     Afortunadamente, durante los últimos decenios se ha ido apagando el uso de motes; pero es curioso el hacer notar que todavía se conservan algunos antiguos que vienen a constituir algo así como la herencia de una estirpe que merece nuestro mayor respeto.

     De todas formas, el uso y abuso de dichos sobrenombres en nuestro tiempo, no es recomendable. Para identificarnos, tenemos nuestros nombres y apellidos.

     Veamos ahora la recopilación que hemos hecho de más de trescientos apodos locales de ayer y de hoy, silenciando una treintena de ellos que, a nuestro juicio, no son publicables.

     Esperando que algún apasionado del tipismo requenense complete esta relación con sobrenombres tanto de la Ciudad como de sus aldeas; sin olvidar los apellidos ni las personas que destacaron con sus apodos en las ciencias, letras, artes, política, etc.

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     Apodos de derivación personal: Aguado, Angelón, AIís, Ani-quico, Arquillas, Faico, Franciscón, Gilo, Güiso, Josete, Masías, Matiagón, Melcho(ete, Miguelón, Peporrilla, Plaza, Pericote, Quilino, Tamarón ...

     Idem de topónimos: Calvestra, Cardete, Guerra, Valiente...

     Idem de cualidades diversas: Bolláo, Bonico, Carreras, Coloráo, Chato, Caracol, Chulo, Feo, Guapillo, Madruga, Maula, Menudo, Meto, Morreras, Patiño, Paya, Roncas, Rullo, Sosiega, Templáo, Temprano, Torcío ...

      Idem aumentativos: Bancalás, Cabezón, Capote, Chabarro, Faldón, Manazas, Marcazo, Papán, Pedorro, Pedrón, Picón, Pichote, Piñuelo ...

     Idem diminutivos: Agüelete, Alborguillas, Barriete, Blanqueta, Cachita, Calvillo, Capurri, Casillas, Correillo, Chafandín, Chanfolín, Chiquito, Larguillo, Librerillo, Manquillo, Marquillo, Morrete, Morenillo, Moñete, Patilla, Peluquilla, Perrenchín, Pizquilla, Portilla, Pucherete, Rabillo, Rumbete, Tintín, Zambombilla, Zampilla ...

     Idem defectivos: No se incluyen los diez que figuran en la relación original.

     Idem gentilicios: Andaluz, Aragonés, Chelvano, Cheranillo, Francés, Gallego, Manchega, Polaco, Ruso, Utielano ...

     Idem valencianos: Cagallanches, Corbella, Correcher, Ché, Chugue, Chullas, Negosi, Ratáo, Sabata, Sabut, Tramuso...

     Idem de relación eclesial: Curilla, El Santillo, las Virgencillas, Monjero, Fraile, Maroto, Maturriana, Pencha, Pesote ...

     Idem de profesiones: Albandera, Batanero, Buñoleras, Burriquero, Capáora, Colchonero, Corruco, Champillas, Churrero, Faldarás, Herrerete, Maquinero, Melvera, Ollero, Salinera, Tramusero, Trillero, Tripero, Vidriero...

     Idem de objetos diversos: Babucha, Botas, Calzas, Cerrojo, Corona, Corneta, Garrote, Maza, Palletas, Tijeras...

     Idem de animales: Burraca, Caracol, Cigarra, Conejo, Cuco, Cuervo, Culebra, Gallinica, Gallo, Gavilán, Grillo, Hurón, Ladilla, Lagarto, Macaco, Mono, Norciguillo, Mosca, Palomo, Perro, Pescao, Pichón, Pollo, Pulga, Rana, Raposo, Sardineta, Sapo, Zorro...

     Idem de vegetales: Ajicos, Bajocas, Bellota, Bobal, Carfollas, Corchas, Chozas, Pataca, Pimienta, Tabaco, Triguillos, Zumaque...

     Idem de minerales: Minas, Polváeras, Caleras, Platero, Goteras, Bolo...

     Idem arbitrarios: Calé, Capurri, Catata, Civerio, Corpa, Correales, Cucala, Chichano, Chillarizas, Choreva, Chorrea, Godeta, Escamisáo, Mollejas, Pindorro, Pujate, Tabares, Tarás, Zurraca, Zurrapas ...

     Idem compuestos: Corre que te piso, Dulce-meneos, Churri-Pata, Mal-andares, Malcumple, Media-libra, Media-oreja, Media-teta, Medio-culo, Medio-metro, Moco-lindo, Pangrande, Pata-lobo, Pin-dorro, Pincha-burras, Seis-dedos, Ya voy,  Zampalacenas ...

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     Mil perdones y, para finalizar esta pintoresca evocación del aliter alias requenense de ayer y de hoy, diremos que hace muchos años, cierto vecino cuyo nombre se ignora, fue protagonista de un extraño sueño.

     Soñó que un amigo íntimo le anunciaba una visita con su esposa para acompañarle en las próximas fiestas septembrinas. Soñó que no tenía que apurarse por nada, ya que lo iban a pasar en grande, pues las comidas iban a ser a base de apodos requenenses con denominaciones nutritivas.

     En efecto: para llevar a cabo dicho plan, contaba con Fogueles y Chimeneas. Sartenillas y Pucheros, Aceite y Huevos, Potajes y Gachamigas, Chullas y Torreznos, Nonganizas y Morcillas, Güeñas y algún Choricico... Nada de Rosigones, pues disponían de Pan-Grande. También, entre sueños, vio como preparaban una buena ensalada a base de Olivas, Pepinos y algún marisco de los Atuneros. En cuanto a los postres (decía), Naranjas y Limones, Manzanas, unas Perillas y algún Dátil. De dulces, soñaba que andaban muy flojos, pero confiaba en que el Zuclero le sacaría de apuros, ya que sólo disponía de Madalena, el Churro y Confite. Y como tan soñadas comilonas había que remojarlas, además de las fuentes del tió Perango y del Padre Burras, se acordó de los Bodegas, la Borracha y del tió Traguillo, especializado en tragos de Porrón y Vasos de vino.

     Así mismo, resolvió el problema del alojamiento. Y a los apuros de su mujer, respondió que en el terráo habían dos Catres.

R. B. L.

 

(Publicado en El Trullo de Mayo de 1992)