DEFINICIÓN DE REQUENA

 

Honda quietud de tierra enamorada,

elegida de un sol que, por luciente,

explica a su manera y nunca miente

la razón de su lumbre apasionada.

 

Patrimonio de viña bien lograda.

Tesoro de un linaje transparente

en albur vinariego. (Aquí se siente

el alma de una gleba derramada).

 

Monótonas hileras de un paisaje,

ebrio de soledad, con un mensaje

latiendo el corazón que gozo estrena,

 

Y, definido amor en cada boca,

el hombre, por cariño, se equivoca,

y en vez de "claridad" dice "Requena".

 

II ACCIÓN DE GRACIAS DE LAS VIÑAS A REQUENA

¿Qué viña de este predio ha merecido

que la cuides, Requena, que tu mano

sea noble caricia, y sobre el llano

quede su cuerpo por tu albor herido?

 

Viñedo por la tierra concebido,

sabiéndose filial y soberano,

alza su limpio pecho en valenciano

reino por tantas nubes bien llovido.

 

Con justicia, la planta está orgullosa;

quizá, por demasía, petulante,

cuando contigo su esplendor desposa,

 

acicala de brillos su talante,

y, al sentirse más bella que la rosa,

te da gracias, y nunca lo bastante.

 

III TORMENTA EN LAS VIÑAS

¿Niñas mimadas? ¿Altaneras? Bueno

es que el hombre en Requena tenga fama

de galante, y que cuide en una dama

o viña suya un resplandor sereno.

 

De pronto, en patria de lo gris, el trueno

sella un presagio, el rayo se proclama,

y, verso a verso, en lluvia se declama

del odio el canto y de la lluvia el trueno.

 

Aquí temen gentiles señoritas,

por los poetas líricos benditas,

por aguas combatientes asoladas.

 

Tantos hondos motivos para el llanto.

Tanta ternura en funeral espanto...

Aquí tiemblan las viñas ultrajadas.

 

 

IV ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN MARÍA

 

Porque eres tú, Señora, alba profesa

en el convento de la luz bendita,

donde encienden los astros la infinita

clausura que te nombra su abadesa;

 

danos tu claridad, que nunca cesa;

ven a Requena (con fervor te invita);

y, por cumplir con el viñedo cita,

hasta la gleba de tu ayer regresa.

 

Aquí te aguarda un gozo que verdea:

plegaria vegetal en puro ruego,

donde un anhelo tuyo centellea,

 

porque es amor tu dádiva de fuego,

cuando en tu faz la savia se recrea

como la sangre en venas del labriego.

 

 

V PAISAJE DE LA BODEGA

 

Aquí donde la lumbre se sosiega,

y, en las entrañas del recinto, ardiente,

sueña el vino con ser adolescente

porque soñar es ley en la bodega;

 

aquí donde en secreto no se niega

la verdad de un prodigio de alta fuente;

todo es gracia futura que presiente

la liquida fragancia que se entrega;

 

aquí donde la paz es inquilina,

donde es reina y señora la frescura,

donde la luz es dama clandestina,

 

doña Solera da poderes plenos

al vino de Requena, que madura

como un amigo fiel. Ni más ni menos.

 

 

VI ALBOROZO POR EL ADVIENTO DEL VINO

 

Ya se cumplió. ¡Albricias, bebedores!

La garganta del gozo es compañera,

y ya el aire es la patria mensajera

surcada por los cánticos mejores.

 

Requena es urbe de canción y ardores,

ministerio vital, liquida espera,

y en río del dolor una ribera

llaman vino. ¡Sabedlo, ruiseñores!

 

Sabed que el himno es dulce y merecido,

y -júbilo del día- van raudales

a dar fe de un fulgor recién nacido.

 

Sabed que el ritmo ya vale la pena.

Tanto tienes de oro, tanto vales.

¡Vale el vino un trinar de enhorabuena.

 

 

VII VINO TINTO

 

Está queriendo el vino ser negrura,

tan sólo, y por feliz y nocheriego

a mil estrellas les robaba el fuego

para quemar, de pronto, la amargura.

 

Astral y fidelísima ventura

enseña credenciales de sosiego.

Al fin y al cabo está jugando al juego

de ser noche y no más: franca hermosura

 

Dentro del pecho su misión empieza

la sombra, de otra sombra visitante,

por Requena teñida de belleza;

 

engañando a la pena, siempre avante,

como si fuera niña la tristeza

por un río de sangre navegante.

 

 

VIII VINO ROSADO

 

Al jardín de la angustia le han donado

una líquida rosa de alegría.

Corola requenense de armonía

que aroma al corazón alborozado.

 

El hijo de esta arcilla, dominado

por tan hermosa y mágica porfía,

brinda con una copa, cada día

por pétalos de fuego conquistado.

 

Llama de vino al pecho se revela;

cristal maravilloso; luz de rito;

jardinero de flores de candela...

 

...Amanuense de soles, deja escrito

en el pliego del alma, en duermevela,

el ansia de beberse el infinito.

 

 

IX ETIQUETA EN LA BOTELLA

 

Las claras letras del papel amante

atestiguan, por fieles, la sellada

gloria del vino, lumbre clausurada,

generosa verdad del declarante.

 

Requena atrás. Y ya, mundo adelante,

se aventura una esencia aprisionada,

y es carta credencial de su embajada

el prieto collarín acompañante.

 

Cartel de dicha que al cristal ceñido,

lejanías sin término se bebe,

con tesoro lacrado y escondido,

 

que a proclamar este papel se atreve:

¡una moneda de comprar olvido!;

¡Requena o fuego de fundir la nieve!

 

 

X VINO DERRAMADO EN TIERRA

 

¡A punto el corazón o la elegía!

Latido -verbo- diga lo que quiera,

porque perdido el rumbo, desespera

la gracia que en la copa se perdía.

 

Abajo, el ritual de una agonía

halla en la gleba la mortal ribera.

¡A tierra, y no a carne, la solera!

¡Al polvo, y no a la boca, la alegría!

 

Portento o filigrana en puro vuelo,

viso del ámbar que en la luz fulgura,

para morir, sin gloria, en este suelo

 

donde nació (Requena) su hermosura,

con una arcilla que se vuelve cielo

para un sol que le da su quemadura.

 

 

XI CARTA AL VINO, EN LA FIESTA DE LA VENDIMIA

 

Son ya cuarenta y cinco años de fiesta.

Un "no" que se recita al desaliento.

Una armonía que se lleva el viento,

y que retorna en la ilusión enhiesta.

 

En esta patria requenense, en esta

pasión de los viñedos, el acento

es canto para ti, para el Adviento

de tu cuerpo; Pregunta sin respuesta.

 

Por ti, tan pinturero, es el gran día

en que el sol, por beberte, se arrebata,

y en el nombre de la luz y la alegría,

 

firmo con sencillez, hablando en plata,

no en oro como tú, la carta mía...

¡Y que Requena ponga la postdata!

 

 

LEMA: TERRITORIO

 

 

(Publicado en El Trullo de Junio de 1993)