La culminación en diciembre de las obras de la autovía entre Valencia y Requena abre nuevas expectativas para el desarrollo social y económico de nuestra ciudad. Es obvio que muchas cosas van a cambiar, y que muchos de esos cambios se escapan a la gestión que pueda hacerse desde las instituciones requenenses. Sin embargo, algunas de las consecuencias que tendrá la autovía son previsibles, sobre todo en el ámbito urbanístico, y convendría reflexionar sobre ellas para intervenir posteriormente acentuando los efectos beneficiosos y reduciendo los impactos negativos, que de todo habrá a partir del día que entre Requena y Valencia apenas medien 40 minutos de viaje en condiciones de seguridad y comodidad aceptables.

     En grandes áreas metropolitanas como Londres o Tokio, los ciudadanos consideran un privilegio vivir a 80 kilómetros de su lugar de trabajo. Claro que ninguno de estos ciudadanos se ve obligado a jugarse la vida todos los días en sus desplazamientos. Cómodos autovías y rápidos trenes que se introducen en el corazón mismo de las ciudades permiten acceder al puesto de trabajo mientras se hojea la prensa del día o se aprovecha paro dar la última cabezada. No basta, pues, la autovía. Es preciso mantener y mejorar la línea férrea con Valencia sin conformarse con la excusa de la "nula rentabilidad" del servicio. Si no se usa una línea no es rentable.

     Cierto, pero la "verdad oficial" esconde siempre las razones por las que no usamos el tren: demasiado tiempo de viaje para un corto kilometraje y una línea incómoda y obsoleta que convierte cada desplazamiento en una aventura.

     La autovía hará que muchos requenenses que hoy tienen su puesto de trabajo en la capital de la provincia se planteen seriamente la posibilidad de fijar de nuevo su residencia en Requena. La calidad de vida en nuestra ciudad (clima, relación vecinal, equipamientos de ocio, seguridad ciudadana, etc.), unida a la concentración de servicios básicos (hospital, colegios, delegaciones de organismos públicos, etc.), son razones que avalan la opción de Requena frente a Valencia.

     Vivir en Requena y trabajar o estudiar en Valencia será, a partir de diciembre, una decisión personal que nadie se atreverá ya a considerar descabellada.

     Una vinculación más estrecha entre Requena y sus jóvenes que hasta ahora se veían obligados a trabajar o estudiar en Valencia, permitiría a la ciudad seguir contando con un capital humano capaz de dinamizar la vida de todas nuestras instituciones y entidades.

     Sobre la repercusión económica de la autovía, cualquier proyección de futuro no deja de ser un mera especulación dados los tiempos de crisis que corren. El 1 de enero de 1994, las posibilidades de desarrollo industrial de Requena serán, como mínimo, un 50 % superiores a las de hoy, aunque la verdadera dimensión de la potencialidad industrial de Requena no será palpable hasta que se complete el trazado en doble vía hasta Madrid.

     Un efecto inmediato de la autovía será la proliferación de segundas residencias o "casitas". Existen razones para pensar que este fenómeno puede dispararse si no se ataja con rapidez. Todos los municipios situados en un área de 30 kilómetros alrededor de Valencia han cerrado el grifo de las urbanizaciones "espontáneas" e ilegales que han afeado su paisaje y provocado problemas, en muchos casos irresolubles, de contaminación de acuíferos, abastecimiento de aguas, recogida de basuras, etc. los 30 kilómetros de hace unas décadas son mucho más distancia que los 60 de Requena a Valencia por la autovía, y la avalancha de segundas residencias ilegales debe evitarse aplicando la disciplina urbanística.

     No se trata de evitar que Requena sea un lugar de segunda residencia para los habitantes de Valencia. Al contrario. Por esa vía hay un desarrollo económico posible e inmediato que no debe desaprovecharse, pero sin dejarse engañar por el falso oropel que ahora ahoga y exige inversiones millonarias en alcantarillado y otros servicios en ciudades como Torrente, Náquera, Olocau y un largo etcétera.

     Segundas residencias, sí, pero en urbanizaciones próximas a Requena, asentadas en suelo urbano, con todos los servicios públicos disponibles y donde todos paguen en impuestos aquello que reciben del municipio.

     Existe, además otra opción: facilitar la recuperación de viviendas abandonadas en nuestras aldeas.

     En definitiva, y salvando todas las distancias, el impacto de la autovía sobre Requena podría compararse, por su importancia, al que provocó la apertura de la carretera de las Cabrillas, que nos alejó definitivamente de la órbita de Cuenca y nos introdujo de lleno en un régimen de dependencia política y económica de Valencia.

     Por cierto que la primera vez que supe de las Cabrillas fue leyendo la Historia de Requena de Rafael Bernabeu. Su muerte me sorprendió en Valencia y no pude compartir con su familia y el pueblo entero de Requena el dolor que su fallecimiento produjo. Mi relación con D. Rafael fue breve e hizo bueno el tópico: fui un solo día a clase con él y me tiró el cepillo. Aquel "impacto" no me dejó huella, pero si sus libros, donde aprendí, como tantos otros jóvenes, a sentirme orgulloso de mi tierra. Sin él, sin sus libros, probablemente Requena no sería para mí un compromiso de servicio hacia la ciudad y sus gentes.

 

José Sierra Herrero

 

(Publicado en El Trullo de Agosto de 1993)