Querida Requena:

     Por ser un niño, quizá no sepa cantarte como te mereces, pero mi cariño hacia ti y hacia tu Fiesta me anima a escribir estas líneas.

     Nací hace 13 años en el mes de noviembre, el mes en que las cepas, tras haber recogido sus frutos, se empiezan a preparar con la poda para la cosecha del año siguiente.

     Muchos que no conozcan Requena, pensarán que cómo pueden estar dedicadas las fiestas más importantes de una población a un trabajo, pero los agricultores bien saben que la vendimia es fiesta, ya que el trabajo de todo un año se ve recompensado con esas uvas prietas que van llegando a las cooperativas para convertirse en los preciados caldos de nuestras tierras.

     Yo, he ido muchas veces con la cuadrilla a vendimiar y allí, lo mismo que en nuestros días festivos, reina la alegría y la amistad. Pero esa alegría de recoger las uvas muchos años no llega a cumplirse por la sequía, por una tormenta con piedra que destroza en pocos minutos lo que ha necesitado un año de trabajo del agricultor.

     Yo no he pertenecido a la Fiesta en sus comisiones infantiles, pero participé muy de cerca en ella el año que mi hermana fue dama de Arrabal. Ese año aprendí que la Fiesta de la Vendimia es una carrera durante todo el año, en la que la meta son los días que la culminan. Aprendí que además de esos cuatro días finales, es convivencia, amistad (no sólo de un año, sino para siempre), trabajo, sacrificio que muchas veces no vemos pero que hacen que nuestra fiesta sea la mejor.

     El que este año ocupa el cargo de más responsabilidad en la Fiesta, ser Presidente Central, es uno de los "culpables" de mi amor hacia ella, ya que fue presidente de aquel barrio en el que yo aunque de lejos, empecé a conocerla.

     Aunque no he pertenecido a las comisiones, sí que he participado en muchos de sus actos: en el baile de disfraces, en los disfraces infantiles, en la cabalgata, he sido miembro de un racimo, participando en los concursos que organizaba y, como monaguillo que soy, he ido muchos años acompañando a nuestra Madre, a la Virgen de los Dolores, hasta su altar de la Avenida, para que los requenenses le ofrezcan esas flores y frutos en los que va el corazón de todos ellos.

     Aunque a nosotros los niños nos gustan más los pasacalles, los disfraces, la cabalgata... son muy importantes los actos que cada barrio celebra porque se rinde homenaje a lo esencial de nuestras fiestas:

     En la Noche del Labrador a todos los que con su esfuerzo consiguen las mejores uvas de nuestras tierras.

     La Noche de la Fiesta, en la que se recuerda a los que año tras año formaron las comisiones de ella.

     El homenaje a nuestro producto más importante: el vino, en la noche que organiza el Barrio Villa.

     Y el recuerdo a todos esos requenenses ausentes que, aunque lejos de nuestra tierra, piensan en ella todo el año.

     Pero quizá, la noche más importante sea la última, en la que las cenizas de los monumentos y las  lágrimas de las damas y comisionados que han sido felices durante esos días ponen fin a una edición, pero dan paso a una nueva, con nuevos responsables de ella, pero con la .misma ilusión que los que en esos momentos dejan sus puestos.

     Querida Requena:

     Me gustaría poder ser algún año de los que, al quemarse el monumento, lloran por un año de felicidad que termina, pero con la alegría de haberte podido representar.

Lema: FIESTA VENDIMIAL

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1993)