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Si ya la idea de viajar a Requena me resultaba un tanto desconcertante, el asomarme a la ventana y ver el día totalmente gris con un generoso aire frío propio del mes de enero, no favoreció en mucho mi predisposición a hacer turismo en ese pueblo del interior. En aquellos momentos la opinión que yo tenía de Requena era en cierto modo tópica, y sobre todo muy pobre: una ciudad de agricultores y vinos, de habla castellana, donde se celebran unas conocidas "Fiestas de la Vendimia"; la tarde anterior hablando de ello con Pedro, el del quiosco de prensa, me comentó que en esa zona se elaboran unos embutidos muy ricos. Dado que ya había pagado el importe del viaje, y que mi condición de jubilado no ofrecía muchas expectativas para ese día, decidí ponerme mi mejor y más cálido abrigo y acudir a la cita en la Plaza de España. En el corto camino que hay desde Valencia a Requena un señor de mediana edad, que se identificó como responsable del proyecto "Conozca nuestras Comarcas", nos hizo una breve, pero enriquecedora, introducción sobre las características tanto físicas como históricas de la zona que nos disponíamos a visitar: - 'La ciudad de Requena desde sus orígenes tuvo tres funciones: Una primera función que va a determinar su nacimiento y que está relacionada con el importante tránsito comercial y humano entre la Meseta y Valencia. Por otro lado tuvo, más tarde, un papel fundamental como FRONTERA defensiva o militar desde la disgregación del Califato de Córdoba hasta bien entrado el siglo.XIX. Y por último, se erige además como centro de la Comarca, ya que desde el siglo XV posee legalmente MERCADO y FERIA, con un importante volumen de transacciones comerciales. - Estas funciones han definido, en conjunto, las características de la ciudad; y sobre todo las de la Villa, que es al parecer el núcleo original de la primitiva REKKINA (término árabe que significa "la fuerte, la segura). |
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Del período musulmán queda, en el casco antiguo o Villa, casi intacta la primitiva estructura urbanística. De modo que el recorrido por este singular barrio está impregnado del poderío que ostentó hace más de diez siglos, cuando sin duda era una floreciente ciudad árabe. De esta etapa musulmana, clave para conocer el barrio que visitaremos, ha quedado en su callejero perfectamente delimitado lo que fue la ALCAZABA, LA MEDINA, Y el ARRABAL. Tres núcleos, muy bien diferenciados, por los que pasearemos a la vez que un guía cualificado nos explica los diferentes edificios históricos y monumentales que encontraremos a nuestro paso. Y; por último, como colofón a esta interesante visita, tendremos ocasión de adentrarnos en una parte del subsuelo; la que comprende la plaza de la Villa o de Albornoz. Las características topográficas de este barrio, edificado sobre una roca muy maleable (TOBA), supuso que desde tiempos remotos, hoy por hoy difíciles de datar, los vecinos excavaran una compleja red de subterráneos que abarcan toda la toba, y que, en su mayor parte, debieron ser SILOS o ALMACENES. A estas ideas generales que nos acercan, en su conjunto, a comprender la importancia histórica de la zona que visitaremos, se irán añadiendo otras explicaciones, sobre la marcha, que nos darán una clara visión del poderío que la ciudad adquirió en los siglos sucesivos al dominio árabe, sobre todo entre el siglo XIV y el XVI cuando debieron construirse las tres iglesias góticas: El Salvador, Santa María y San Nicolás (reconstruída, esta última, con fachada neoclásica en el siglo XVIII; y en la actualidad en estado ruinoso)." Yo estaba sentado al fondo del autobús, mirando por la ventana, mientras escuchaba con un cierto escepticismo las explicaciones de aquel hombre. El cielo estaba cada vez más gris, y los cristales del autobús llenos de vaho. En ese momento por el micrófono se escucharon las terribles palabras: " ... la excursión por el casco antiguo del pueblo tendrá una duración de aproximadamente hora y media". ¡¡Hora y media!! ... ¡Y con este frío!En fin, muy a pesar mío llegamos a Requena, y el autobús nos abandonó, sin miramientos, en la Fuente de los Patos. Así, casi sin pensarlo, fuimos ascendiendo hacia la Torre del Homenaje, un edificio cuya descarada presencia, en medio de la cuesta, me hizo pensar, que su misión original era servir de centinela, velar la entrada principal de un pueblo que en su esplendor tuvo más de seis puertas de acceso ubicadas sobre la muralla que lo protegía. A la izquierda de la Torre, el Castillo o Alcazaba; hoy tan solo un solar, pero aún las torres que flanqueaban la puerta de entrada nos hacen imaginar las dimensiones que tuvo. Situados en la Plaza de la Fortaleza, mirando las torres no puedes dejar de pensar en el señor que habitó la casa adosada a la muralla y hoy derruida, quizás ignorando que la pared de su comedor era del siglo IX y que debió servir de morada a un poderoso caudillo árabe.Bueno, bueno, después de todo la "cosa" se animaba, y empezaba a sentir una curiosidad histórica que desconocía de mi mismo. Las callejuelas angostas y la paz que emanaban aquellas paredes blancas me producía una sensación de bienestar (tengo que admitir que ya había olvidado ese prejuicio, tan lógico a mi edad, que suponía el frío). Pasamos la Plaza de La Fortaleza y la Plaza del Castillo que antaño fueron el Patio de Armas, inmediatamente después entrábamos en la Medina. Pronto la presencia cristiana se hizo sentir de forma contundente, como debió ocurrir también en aquellos años de la Edad Media; caminábamos por la calle de Santa María dónde grandes caserones señoriales con bellísimos escudos sobre las puertas marcaban un singular contraste con el resto de las casas sencillas, pertenecientes a las humildes agricultores musulmanes que poblaban la Medina. En la esquina que precede a tan "noble" calle se puede leer una inscripción: "Aquí se establecieron los 30 Caballeros de la Nómina del Rey...", el guía nos explicó que estos señores llegaron a Requena después de la caída del reino musulmán de Valencia (año 1238). Algunas de estas casas, perfectamente reformadas, conservan integro su esplendor inicial, son sin duda un exquisito regalo para todo aquel que, como me ocurrió a mi, tenga, aún sin saberlo, una latente sensibilidad por otras épocas históricas. Podría estar hablando largo y tendido sobre mi visita a Requena. No exageraría si os dijera que de algún modo este viaje me despertó un creciente interés por la cultura islámica y también por los cambios arquitectónicos y humanos que a ella sucedieron. Contemplar el pórtico de la iglesia de Santa María, su exquisito tímpano, la riqueza de sus arquivoltas...; sentí que teníamos mucho en común, parecía que nos mirábamos el uno al otro como quien mira a un viejo amigo. No había perdido belleza, a pesar del tiempo, pero sí su lozanía, su esplendor, que por alguna extraña razón yo podía añorar, revivir a través de los siglos... Poco importaba, a mi estado de abstracción si, como contaba el guía, era una portada de estilo Gótico florido, si la construyeron en la época de los Reyes Católicos, o si fue un centro de víveres durante la Guerra Civil... lo importante, sobretodo a mi edad, era ese misterio intangible de pequeñas y frescas sensaciones que se estableció entre ella y yo.No creáis que soy un viejo cursi, solo alguien que no ha perdido, pese a la ancianidad, su capacidad de emocionarse y hasta de enamorarse de la belleza. De cualquier modo comprendo que se trata de una percepción muy personal, y como he comentado varias veces en mi carta, soy el primer sorprendido de hallarme aquí, como un adolescente, describiendo estas sensaciones. No voy a extenderme más. Espero volver de nuevo a la "Villa", y espero también poderla ver rehabilitada, brillante como debió de ser, pero eso sí, rezaré para que no pierda ni un solo muro, ni una sola puerta, ni un pequeño peldaño de lo que fue su historia. Espero, y eso es lo bonito, volverme a sentir orgulloso de su "misterio".
UN VIAJERO VALENCIANO Carta recibida en la Oficina de Turismo de Requena
(Publicado en El Trullo de Junio de 1994) |
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