|
|
|||
| Posiblemente no sea éste el lugar más apropiado para hacer una valoración sobre las distintas manifestaciones artísticas requenenses, pero dada la popularidad y difusión que durante los últimos años ha alcanzado la revista EL TRULLO, hemos creído oportuno incluir unas líneas sobre la actual situación del patrimonio artístico requenense. Y es que el actual estado en el que se encuentra nuestro patrimonio artístico nos obliga a exigir una postura más firme para su recuperación y conservación. Esta demanda se fundamenta en el análisis de la situación vigente, preocupante a la vista de la "pérdida" de piezas artísticas significativas y, lo que es más alarmante, con escasas perspectivas de ser recuperadas. |
|||
|
Veamos algunos ejemplos. Sabemos por noticias documentales publicadas a lo largo de este siglo que la Iglesia de Santa María, por ejemplo, contaba con un zócalo de azulejos, posiblemente de origen valenciano, que circundaba todo el templo. Aún hemos llegado a conocer directamente fragmentos de ese zócalo, del que hoy no existe en su emplazamiento original ningún resto. ¿Dónde ha ido a parar esa muestra significativa de nuestra historia cultural? , de la misma forma, damos a conocer una fotografía de 1917 del Retablo de la Adoración de la misma iglesia. Tradicionalmente se ha dicho que los objetos artísticos contenidos en los templos requenenses, en su mayor número, fueron quemados durante la guerra civil española de 1936-1939 (argumento este, por otra parte que se ha esbozado para la mayoría de los templos españoles), sin embargo, algunos indicios nos permiten pensar que gran parte de esas piezas pudieran estar en la actualidad en posesión de particulares. Consecuentemente, deberíamos comenzar a tomar cartas en el asunto de la única forma posible que hay de hacerlo, si no queremos borrar para siempre nuestra herencia cultural, es decir, a través del estudio, inventario y catalogación del conjunto de bienes artísticos que originalmente singularizaron a la villa de Requena. |
![]() |
||
|
El conocimiento y consentimiento por parte de los requenenses de "actos vandálicos" que han mermado el patrimonio artístico de Requena y su comarca, y la desaparición de esos objetos que al ser irreemplazables ha hecho imposible su estudio, constituye un problema irresoluble, si bien debería hacernos pensar en que el legado que cederemos a las futuras generaciones necesariamente debería estar formado por todos los elementos que configuran la base sobre la que se asienta la cultura requenense, aquellos objetos que nos hablan del pasado en el presente y que forman parte de nuestro único futuro cultural. Y es que el desconocimiento de la ley, no exime de la responsabilidad de su cumplimiento. Este axioma, principio básico de la convivencia democrática y civilizada debe trasladarse al campo artístico, sobre el que, efectivamente, hasta hace poco tiempo relativamente existía un vacío legal en materia patrimonial. Sin embargo, en la última década, afortunadamente, se ha articulado una regulación (Ley del Patrimonio Histórico Español), pudiendo acogemos a una reglamentación estricta que permitirá, seguramente, unos resultados más beneficiosos que los obtenidos hasta el presente. Así pues, el patrimonio arquitectónico, artístico, monumental y documental tendrá que acogerse a esas disposiciones para alcanzar una mayor rentabilidad cultural en un sentido amplio. No solo debemos confiar nuestro futuro cultural incierto a iniciativas privadas como la que, por ejemplo, en los últimos años está llevando a cabo de forma tan elogiosa y tan escasamente reconocida el Centro de Estudios Requenenses, sino que la única forma hoy viable de restablecer el esplendor del patrimonio artístico requenense pasaría por la apelación a todos los ciudadanos requenenses, independientemente de su signo político o de su credo religioso, de su desinteresada colaboración en la reconstrucción y protección del patrimonio artístico, único testigo de un pasado más o menos "singular" más o menos peculiar que es, en definitiva, nuestra única carta de identidad. Una estrategia a largo plazo que parte del principio de respeto hacia los bienes artísticos y que sin duda dará con unos resultados fructíferos en un futuro. Es claro, pues, que el legado histórico-artístico requenense, es una responsabilidad de todos.
Rafael Gil Salinas
(Publicado en El Trullo de Junio de 1994) |
|||