Poeta del pincel; pintor de albores.

Bohemio de arrabales compungidos,

que arrebataste al Iris sus sentidos

para anegar Requena de colores.

 

Ponderador sutil de nuestra Villa,

lograste repartirla en mil hogares;

belleza igual no existe en los altares

para concebirla así tu alma sencilla.

 

Tú no te has muerto, Antonio, tú no te has muerto;

el artista jamás se queda inerte,

vuelve sobre sus obras; son sus huellas.

 

Así el buen Dios reclama en ti al experto

que en el Célico Prado al fin acierte

a dibujar Requena en las estrellas.

 

 

JULIÁN SÁNCHEZ

 

 
 

 

(Publicado en El Trullo de Diciembre de 1994)