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| En la última revista de "El Trullo" que salió hace algunos meses, se pedía colaboración en la misma de personas que nunca hubieran expresado sus vivencias en relación a la "Fiesta de la Vendimia". Rápidamente cogí un folio, destapé la máquina de escribir y empecé mi relato titulando sencillamente: Vivencias de la Sala de Baile "El Majuelo". Corrían los últimos años de la década de los 60, y en nuestra querida Requena se inauguraba gracias a la colaboración del M. l. Ayuntamiento y a la aportación de la Fiesta de la Vendimia el Salón de Baile o Sala de Fiestas "El Majuelo". Uno de los primeros artistas que vino a actuar fue Emilio Baldoví, más conocido por todos los valencianos como Bruno Lomas. Acompañándole de telonero iba un cantante llamado Yaco Lara, el cual poseía una portentosa voz. Recuerdo que por aquel entonces los domingos se hacía muy agradable a la hora de ir al "Majuelo". Previamente se compraban un par de bolsas de pipas, después pagabas tu entrada en taquilla y el dinero sobrante se empleaba en saborear un buen cubalibre o un martini blanco. Con el vaso en la mano y dando vueltas por la pista, se escuchaban las canciones de moda interpretadas por grupos de la geografía valenciana. De entre los que recuerdo citaré a los "Yack", que hacían maravillas cuando interpretaban "El tiempo vuela" de Booker T. & The Mg's. Los Docgers que vinieron en bastantes ocasiones. Los Millonarios, Los Míos, Los Errantes, Los Bambinos, etc. A principios de la década de los 70, el Salón de Baile "El Majuelo" seguía reportando buenos beneficios económicos para las distintas comisiones, que iban integrando año tras año la Fiesta de la Vendimia, y aprovechando esta circunstancia, se decidió contratar cada 15 días atracciones de talla nacional y en algunas ocasiones de talla internacional. El encargado para estos menesteres era Miguel Miralles que formó su propia empresa y que la llamó "Espectáculos Mirma". Todavía conservo en mi recuerdo, actuaciones que presencié en directo como la de Basilio, Antonio Machín, Emilio José, Lorenzo Santamaría y el conjunto Lone Star que vinieron en aquella ocasión por casualidad, ya que ellos actuaban por la noche en Buñol y su representante consiguió que se desplazaran ese mismo domingo a Requena a la sesión de tarde. A la vez que voy desarrollando el relato, me viene a la memoria los diferentes cambios que se hicieron en la decoración, cuyos responsables eran las distintas comisiones que integraban año tras año la Fiesta de la Vendimia. Recuerdo que un año lo decoraron con paracaídas en los techos, otro año con tubos fluorescentes de luz morada, y el escenario cada año estaba en un rincón distinto de la sala. Tampoco se me olvida la ampliación que se hizo del local por medio de unos arcos a una sala contigua, y que de alguna manera servía como reservado a los más jóvenes. Hacia la mitad de los años 70, Requena se inundó de discotecas y "El Majuelo" se convirtió en una más, siendo esto el principio del fin, a lo que siguió una decadencia que puso término a la gallina de los huevos de oro para la Fiesta de la Vendimia. Me dirán que soy nostálgico y que disfruto al recordar todas aquellas vivencias, pero sin duda alguna a los que pasamos de los 40, creo que nos gusta rememorar todas aquellas I situaciones que se desarrollaron tiempo atrás en el desaparecido Salón de Baile "El Majuelo". Cuantas parejas se unieron posteriormente en matrimonio a través de ese nexo común llamado música que interpretaban los diferentes grupos que vinieron en aquellos años. Si algún joven de los de ahora lee estas vivencias, pensará que soy un auténtico "carroza", pero que sepa que no era necesario salir a la calle como ocurre hoy en algunos locales de Requena por el sonido tan estridente que se produce en su interior. Entonces se podía hablar, bailar y ligar, y que conste que con ello no quiero decir que los jóvenes fuéramos mejores, pero si diré que éramos diferentes. Luis Latorre
(Publicado en El Trullo de Junio de 1995) |