De las muchas curiosidades, como ya comenté en el anterior Trullo, que pueden observarse en la publicidad de la prensa antigua requenense, siguiendo con el tema, he decidido traer esta vez algunos anuncios de comercios que todavía existen o que al menos hemos conocido los que ya tenemos treinta y tantos.

     El hecho de que algún comercio familiar subsista más de cincuenta y, en algunos casos, más de setenta y cinco años, nos es prácticamente inconcebible en esta época nuestra en que las grandes superficies comerciales (supere hipermercados) han ido retirando rápidamente a las pequeñas tiendas de ultramarinos, confección y tantas otras.

     Nuestra ciudad, a pesar de ser pequeña en superficie y habitantes, llegó a tener, en los primeros treinta años de nuestro siglo, un sinnúmero de tiendas de todo tipo, agrupadas en la zona comercial comprendida entre las calles de Olivas (hoy Poeta Herrero) y del Peso de la Harina (hoy simplemente del Peso), extendiéndose un tanto hacia la Plaza de Felipe V (hoy de España), la del Portal de Madrid (hoy Portal) y la de las Monjas (ya entonces Norberto Piñango). Este centro neurálgico de la vida económica requenense tenía prácticamente todos sus bajos con puerta abierta al público en las dos primeras calles citadas. De ellas tal vez la única que se conserve casi en su fachada original sea la droguería de Victoriano Sáez. Y de las que poco han cambiado queda también la tienda de telas de César Jordá, ya centenaria, de la que César nos cuenta que en sus orígenes no tenía cristales porque se consideraba poco comercial su uso. Digno es apreciar en este comercio sus mostradores, los originales, y la antiquísima caja registradora, en perfecto estado de funcionamiento. Así mismo, aunque la fachada se ha remozado hace pocos años, es admirable el perfecto estado de conservación del interior de la farmacia de Iranzo. A todos ellos animamos a que así la mantengan como magníficos recuerdos de una época que no volverá.

     Conviene aclarar, antes de entrar de lleno en materia, que lo que yo llamo prensa antigua requenense es la que abarca desde finales del siglo XIX (aproximadamente 1890) hasta 1936, año de publicación del último periódico requenense anterior a la guerra civil, dado que hubo que esperar a 1947 a que, sin una periodicidad fija, surgieran con fuerza las dos hojitas que entonces eran la revista que hoy tiene el lector en sus manos, El Trullo.

 
 

     Hasta no hace mucho se conservan casi del todo las fachadas de la antigua farmacia de Pi y la del Café de Colache (Banesto), y sabemos por fotografías que, en la misma ubicación en que hoy está la Ferretería de "El Peso", ya había un comercio del mismo ramo en los años veinte.

     De los anuncios que llamaban la contraportada de nuestros periódicos, el más antiguo que he podido localizar pertenece a la tienda de ultramarinos de Andrés Mora, a quien imagino antecesor del Andrés Mora que hoy regenta un pequeño supermercado en la calle de "Las Monjas". Los precios que se observan nos parecen hoy ridículos, pero en 1894 seguramente las amas de casa se lo pensarían antes de comprar estas latas de conserva.

 
 

     Hoy nuestras farmacias están bastante alejadas entre sí, pero hubo un tiempo en que a la ya citada de Iranzo hacia la competencia a pocos metros la de D. José Pi, cuya fachada se conserva bastante bien todavía y hasta no hace muchos años regentada por el licenciado Campos Requeni, pero cuyo primer propietario, ya olvidado, era por los mismos años el farmacéutico Sáenz de Regadera. Como podemos ver, en las Farmacias se vendían otros productos que poco tenían que ver con la salud.

 
 

     Fuerte y noble ha sido siempre la competencia en Requena entre las tiendas de Ultramarinos. Las había en cantidad y en calidad. Otra de las de raigambre y tradición, en la que un servidor "daba guerra" como cualquier crío acompañando a mi madre, era la de Paco Bolós, situada al principio de la calle del Peso (y hoy convertida en óptica). Pues bien, ya en 1900 otro Bolós anunciaba a gran tamaño las exquisiteces de sus productos alimenticios.

 
 

     Y volviendo a la química orgánica. Si competentes eran las farmacias, no menos, abarcando muchas veces parecidos productos, lo eran nuestras Droguerías. No hace mucho que cerró sus puertas nuestro estimado amigo José María López, más conocido por "Corona", en su última ubicación de la esquina del Portal con Norberto Piñango. Pero esta afamada droguería comenzó a principios de siglo en su primera dirección.

 
 

     ¿Que decir del comercio de ultramarinos de los hermanos Masiá?, al que tantas madres nos han mandado a hacer un recado de pequeños. Pues que subsistió también muchos años, siendo lo que hoy llamaríamos en toda regla un supermercado, por la variedad de lo que en él se ofrecía, además de contar con una de las más nutridas plantillas del que entonces era el muy respetable, aunque pobremente pagado, gremio de los "dependientes de comercio". Ya tuvimos ocasión de saber de ellos en sus anuncios versificados, allá por 1895. En 1920 todavía seguían fabricando su famoso jabón, que vendían en su establecimiento, por siempre instalado en la calle de "Olivas".

 
 

     Terminamos esta primera incursión en los comercios de casi todos conocidos con un establecimiento en el que se vendía algo menos material, aunque sí más necesario: la salud. Médicos famosos hemos tenido, pero tal vez ninguno como los Antonio García, padre e hijo. El primero se anunciaba en el mismo periódico antes citado, con sus remedios contra unas enfermedades demasiado difundidas a principios de siglo: las venéreas. Pero más interesante es saber que ya en 1920 su consulta estaba equipada con lo más moderno en técnicas de diagnóstico: los rayos X.

 
 

     No ha sido mi intención hacer publicidad en este artículo, sino más bien recordar la Requena comercial de otros tiempos, buscando haceros pasar un rato ameno. Si lo he conseguido continuaremos el tema en el próximo Trullo, con algún otro comercio que todavía aguanta la embestida de los "grandes",

Marcial García Ballesteros

(Publicado en El Trullo de Junio de 1995)